Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Delegadof escriba una noticia?

Manipulación alienigena

28/08/2018 15:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hay que confesar que son mucho más abundantes los casos en que estos intrusos espaciales en vez de apagar fuegos, los causan

En la demonología, —que no sólo en la mentalidad popular, sino en toda su profunda realidad, está emparentada con todos estos extraños fenómenos— el «causar fuego» es algo que constantemente se le atribuye al «demonio»; (y pongo «demonio» entre comillas porque no admito al demonio tal como nos lo presenta el cristianismo, es decir, algo así como un enemigo personal de Dios. Lo admito, sí, como uno de estos seres suprahumanos, de los que precisamente estamos tratando en este libro y cuyas manifestaciones suelen ser negativas para los humanos). Copio del libro de Nicolás Remy, publicado en 1595, el título del capítulo 13, del Libro 11:

«Los demonios ponen fuego a las casas y a los edificios. Algunos ejemplos»,

N. Remy pone ejemplo tras ejemplo de semejantes fuegos que, según la mentalidad de aquellos tiempos, eran atribuidos al «demonio». Naturalmente en parapsicología tenemos que saber distinguir muy bien entre la explicación que los diversos pueblos y personas les puedan dar a estos hechos raros, y la realidad innegable de los hechos mismos.

En la vida de San Juan María Vianney (un santo francés del siglo XVIII) nos encontramos con que el «demonio» causaba extraños y repentinos incendios en su casa, «furioso porque el santo no caía en sus trampas».

En el campo de la ovnística tenemos igualmente que los fuegos son cosa muy relacionada con estos misteriosos visitantes; y ha que decir que no sólo para causarlos, sino en ocasiones hasta par apagarlos, por donde se ve que tienen gran dominio en esta materia. Pero hay que confesar que son mucho más abundantes los casos en que estos intrusos espaciales en vez de apagar fuegos, los causan.

En la oleada de 1975 en Puerto Rico, en la que junto con gran cantidad de ovnis, se vieron en el cielo otras extrañas criaturas parecidas a grandes pájaros, (fenómeno que también ha sucedido en otras partes concomitantemente con el avistamiento dé ovnis) conozco de cerca el caso en que una pequeña choza sobre la que se posó una de estas grandes «aves», estalló inexplicablemente en llamas en cuanto el «ave» desapareció.

Pero el caso más aleccionador en este particular, es el famoso «Fuego de Peshtigo» más conocido como el «incendio de Chicago», por haber sido ésta una de sus consecuencias más famosas. Mucha gente no sabe que la misma noche que ardió Chicago (8 de octubre de 1871), ardieron muchos otros pequeños pueblos y aun ciudades como la hoy populosa Greenbay, en la que perecieron alrededor de 3.000 personas abrasadas. Y aquella misma noche ardieron enormes extensiones de terreno en, por lo menos, siete estados de Norteamérica con una superficie como la mitad de la península Ibérica.

¿Causa de este fantástico incendio? Ni más ni menos que lo que hoy llamamos un ovni. Una bola de fuego que cruzó por el norte y el nordeste de los Estados Unidos desde el estado de Nebraska hasta el de Pensylvania siguiendo una línea recta de no menos de 2.000 kilómetros y causando a su paso enormes conflagraciones en miles de kilómetros cuadrados. Según los testigos presenciales, repentinamente bajaba del cielo un calor sofocante que ahogaba a todo aquel que se encontraba en descampado sin tener lugar en que guarecerse. Hasta aquí, partes del artículo no publicado.

Desde entonces para acá he seguido recogiendo datos que han acrecentado mis sospechas. Leemos en el "Excélsior" de México, del día 29 de Sept. de 1979: «Un total tic 25.000 hectáreas de

pastizales y bosques de San Pedro Mártir y Sierra Juárez; en el municipio de Ensenada, fueron destruidos por incendios durante la temporada de verano». Noticias como ésta, pueden hallarse por cientos en todos los periódicos de buena parte de las naciones del mundo, sobre todo de aquéllas en las que abundan los bosques. En los momentos en que escribo estas líneas, un gigantesco incendio forestal hace ya cuatro días que arrasa bosques y pueblos en Australia, habiendo consumido las llamas hasta este momento una superficie aproximada de unos 3.000 kilómetros cuadrados. Naturalmente, las personas que viven en las ciudades apenas si se enteran de estas enormes conflagraciones y para ellas no pasa de ser una noticia más del periódico o de la radio. Cuando en el año 1982 crucé Portugal desde Oporto hasta la ciudad de Cástelo Branco, lo hice a través de kilómetros y kilómetros de montes completamente calcinados en los que no quedaba rastro de vida. Brasil es muy probablemente la nación que cuenta con mayor cantidad de bosques vírgenes de una frondosidad impenetrable. Pues bien, en la década de los años 60 ardió una superficie de bosque comparable a la superficie de toda España. Aunque en el caso del Brasil, se sabe de mucha gente interesada en esta práctica bárbara, con el fin de que los indios que por allí habitan se retiren más al interior del inmenso Mato Grosso y dejen el terreno libre para los aprovechados. (Este genocidio ha sido denunciado repetidas veces en las Naciones Unidas; pero los militares que malgobiernan aquel país, están muy ocupados torturando «comunistas» y líderes obreros y no tienen tiempo para esas pequeñeces).

Si bien es cierto que, como dijimos anteriormente, podrá en muchísimos casos encontrarse una causa perfectamente humana y natural para estos fenómenos, también es muy cierto que el caso de los incendios forestales es uno más de los casos en que estos seres «superiores» cubren sus actuaciones en nuestro planeta bajo las apariencias de fenómenos naturales, cuando en realidad son fenómenos causados o avivados por ellos; al igual que, en ocasiones, hacen todo lo contrario, es decir, nos hacen creer que algo es «sobrenatural», cuando en realidad es algo perfectamente natural, pero debido a causas que nosotros desconocemos y que ellos usana su antojo para impresionarnos; (empezando por sus mismas personas, a las que nos han hecho adorar, como si fuesen u cuando en realidad son únicamente otros seres inteligente Universo). Sin embargo hay casos en los que no tenemos duda de quienes han sido los causantes de los fuegos. En líneas pasadas y • aportado algunos de estos casos. Y para que el lector vea que estos hechos no son sólo cosa del pasado, transcribiré esta re noticia aparecida en el diario Crónica de Buenos Aires, el día agosto de 1982 (y referida a mí por el investigador puertorriqueño Noel Rigau). El titular del periódico es: «Un ovni incendiario Catamarca»; y partes de la extensa información dicen así:

« Un incendio registrado hoy en la localidad de Londres y zonas aledañas afectó a 11 viviendas y causó heridas a dos personas amén de importantes pérdidas en plantaciones de nogales, citrus viñedos; y si bien las fuertes ráfagas de viento que se registraban en ese momento, hicieron temer por su seguridad a la población, fuego se alejó luego hacia los cerros, tras cambiar el viento < dirección. Sin embargo, cuando el origen del siniestro no pásaba aún de conjeturas, un comunicado oficial dejó perpleja a la población. En efecto, la Jefatura de la Policía informó esta noche que i incendio registrado en la ciudad de Londres habría sido causado por un objeto volador no identificado (OVNI) que en dos oportunidades había logrado contactar con la tierra».

El comunicado dado a través del Departamento de Relaciones dice así:

«En la. localidad de Londres, Departamento de Belén, se inició anoche un viento zonda con velocidad aproximada de 150 kms. por hora, provocando cuantiosos daños, voladuras de techos de viviendas, caída de nogales y postes de alumbrado público. A las 3, 50 se observó un ovni que se desplazaba de oeste a este a una altura de 7 metros, iluminando en una circunferencia de 50 metros con luz amarilla sobre la población».

«Posteriormente se posó en una finca, para luego levantar vuelo, dirigiéndose hacía el noroeste, descendiendo nuevamente por espacio de dos a tres minutos, pudiéndose observar de inmediato que se producía un voraz incendio en el lugar en que se posó; dicho siniestro se expandió a causa del fuerte viento...».

Todavía sigue el diario «Crónica» durante una columna entera dando más detalles del suceso. Y por si tuviésemos duda de que se trata sólo de una noticia sensacionalista más, cuatro días más tarde el diario «Clarín», también de Buenos Aires, abundaba más en el hecho tras su propia investigación:

«ASOMBRA A CATAMARCA UN OVNI INCENDIARIO... Las evoluciones del ovni fueron seguidas con preocupación desde un automóvil patrullero policial, por los agentes provinciales Andrés Soria y Ramón Carpió, en circunstancias en que efectuaban un recorrido de rutina por el pueblo... Toda la provincia de Catamarca está convulsionada por el extraño incendio de campos que se produjo en un extremo del pueblo de Londres a partir de una gran llamarada emitida por un objeto volador no identificado (OVNI), según informó la propia policía local. Mientras comenzaba a soplar un fuerte viento, los policías vieron al objeto detenido y posado sobre la calle, en la esquina de las calles Zurita y Calchaquí. Al detener ellos la marcha del vehículo, el OVNI tomó altura rápidamente, y luego de un zigzagueante recorrido, produjo un violento estampido que derivó en una inmensa llamarada...».

El diario «Clarín» continúa su información aportando más testimonios de testigos presenciales y terminando con esta atemorizante descripción:

«Alberto Seleme, un caracterizado habitante del lugar, corroboró lo expresado y agregó: "Era algo dantesco; la tierra, el viento, el humo, el llanto de la gente que corría, las llamas. La policía tocaba las sirenas. Todo era un infierno"». Por el contrario, en ocasiones se ha visto a estos misteriosos visitantes del espacio, apagar fuegos. Conozco de cerca un caso acaecido en Tolima (Colombia), en el que el rancho de una muy conocida periodista fue salvado de ser devorado por un incendio, gracias a la oportuna y manifiesta intervención de un ovni. Cuando ella se hallaba aterrada, en compañía de una amiga, viendo cómo las llamas avanzaban devorándolo todo, y estaban ya a muy corta distancia de la casa, un aparato en forma de disco, se fue acercando lentamente, a muy baja altura, hacia las llamas En unos instantes se sintió un frío intensísimo que no sólo la puso a ella a temblar, junto con todos los peones de la finca que estaban luchando por impedir que el fuego avanzase, sino que hizo que las enormes llamas se extinguiesen en pocos instantes. La propia dueña de la finca me explicó con todos sus detalles, cómo había sido todo el increíble suceso, y me mostró un ejemplar del diario «El Tiempo» en el que había narrado, en una página entera, todo lo sucedido.

Cuando en el año 1931, hubo en el, por muchos conceptos, misterioso Mount Shasta (oeste de los Estados Unidos) un gran incendio forestal que avanzaba rápidamente, devorándolo todo, por una de las laderas del monte, según muchos testigos, se vio aparecer una extrañísima niebla que inexplicablemente lo detuvo. La señal en donde se detuvo el fuego, se pudo ver durante muchos años como una gran curva perfectamente trazada en la mitad de la montaña.

Admito la posibilidad de que esté en un error y de que todas mis sospechas no sean más que imaginaciones mías. Pero de nuevo, viendo en la Biblia y en la historia de muchos pueblos antiguos, el interés y la insistencia que los dioses tienen con la cremación de las ofrendas que exigían, fuesen éstas animales o vegetales, me reafirmo en mis sospechas.

Cremaciones de vegetales en la Biblia

Y fíjese el lector que digo «ofrendas vegetales o animales» porque lo cierto es que los dioses también exigían ofrendas y cremaciones de determinados vegetales, en una cantidad y de una forma específicas, tal como enseguida veremos en los textos bíblicos.

Esto podría, a primera vista, parecer que se contradice con lo que dijimos de que la materia vegetal desprende en menor cantidad estas ondas (la vida) cuando es quemada, y por eso hay que quemar grandes cantidades de ella simultáneamente, para que produzca una cantidad de energía apreciable o utilizable para los

dioses.

Esto, sin dejar de ser cierto, puede muy bien compaginarse con la parvedad y la selectividad que vemos en las ofrendas vegetales exigidas por Yahvé. Recurriendo de nuevo a las comparaciones, podemos ver que los hombres consumimos grandes proporciones de ciertos vegetales (harinas, granos, etc.), mientras que de otros apenas si ingerimos cantidades infinitesimales, como son las especias con las que condimentamos nuestras comidas. La energía producida por la conflagración de un gran bosque, podría ser un «alimento» común y vulgar para muchos de estos seres en un momento determinado, mientras que el quemar determinados vegetales exquisitos, en cantidades específicas, y en momentos y de modos muy determinados, podría ser como el condimento adecuado para la cremación de animales (que es lo que constituye la parte importante de la ofrenda querida por los dioses).

Puesto en palabras más exactas, las ondas poco comunes que desprenden ciertos vegetales al quemarse en ciertas proporciones, sintonizan con las que se desprenden de la cremación de la materia animal, produciendo en conjunto una vibración que es especialmente agradable para los «paladares» de ciertos espíritus más refinados. Y, a lo que parece, tanto Yahvé como los jefes de todas las bandas de «elohim», eran una especie de «gourmets» espaciales.

Vea el lector con qué exquisitez ordena Yahvé que le sean hechas las ofrendas vegetales; da la impresión de que le está dictando a Moisés recetas de alta cocina con sus medidas exactas: «Dile a los israelitas que te den una ternera roja sin defecto y que no haya sido uncida nunca, y degüéllala fuera del campo. -Entonces, Eleazar el sacerdote, mojará su dedo en la sangre de ella. y lo sacudirá siete veces hacia la tienda de las reuniones. Después será quemada la ternera por completo, pero el sacerdote tomará un poco de madera de cedro, un poco de hisopo [una planta muy aromática antiguamente usada en medicina] y un poco de lino color rojo escarlata (!!) y lo arrojará todo al fuego donde se quema la ternera...» (Num. 19, 1-7).

En las ofrendas diarias de por la mañana y por la tarde, junto con los animales que había que sacrificar y quemar, Yahvé exigía sin falta, la «ofrenda de cereal», que consistía en la 10a. parte de un «efá» (una medida hebrea) de harina fina, mezclada con 1/4 de «hin» (otra medida) de aceite de aceitunas machacadas, y además había que ofrecerle una libación de 1/4 de «hin» de vino.

Pero Yahvé detallaba bien sus recetas; porque cuando era un toro el animal que se ofrecía, entonces con él había que ofrecer 3 décimos de harina tamizada, mezclada con aceite de oliva; si en vez de un toro era un carnero, entonces la cantidad de harina que había que ofrecer era 2 décimos; si era un cordero, 1 décimo y si era un macho cabrío, entonces no había que ofrecer nada con él. Las cantidades de vino variaban también de acuerdo al animal que se sacrificase.

Pero no sólo eso; Yahvé bajaba a más detalles. Las ofrendas de cereales tenían que ser siempre sin levadura; había que añadirles algo de incienso; tenían que ser con aceite de oliva; había que echarle sin falta, sal («toda ofrenda tiene que ser con sal»), y nunca había que añadirle miel. Además especificaba:


Sobre esta noticia

Autor:
Delegadof (78 noticias)
Visitas:
2178
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.