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Por el "manifiesto Konrad Lorenz"

16/09/2009 12:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La teoría de la evolución contiene todos los valores propios de una teoría de la creación

“No voy a discutir aquí acerca de la plausibilidad, mejor dicho de la certidumbre que es la teoría de la evolución […] Todo cuanto sabemos concuerda a maravilla y sin violencia. Nada habla en su contra y contiene todos los valores propios de una teoría de la creación.”[1]

Con esta imparcialidad se expresaba Konrad Lorenz, un científico de primera línea, premio Nobel y gran pensador y comunicador de nuestro tiempo. No es ésta, sin embargo, la postura de muchos otros científicos guiados por no sé qué intereses, y mucho menos, la verdad oficial. Isaac Asimov, bestseller mundial divulgador de temas científicos, hablando en nombre de la comunidad científica internacional, decía que “Muchos suponen que algún ser sobrenatural creó la vida. No obstante, los científicos prefieren no buscar explicaciones en lo sobrenatural. Ellos suponen, más bien, que las leyes conocidas de la física y la química [física y química con mayúscula en el original] bastan para ofrecer posibles mecanismos para explicar los orígenes de la vida.”[2] ¿No resulta arrogante por ahora sostener que la física y la química pueden explicar el origen de la vida?

Hoy en día, nadie le niega a la ciencia el derecho de investigar, pero la ciencia no lo es todo, no tiene respuestas para muchos hechos. Y en esos casos hay quienes se limitan a decir respetuosamente que no lo entienden o que por ahora no hay explicación, pero otro tipo de personas, en nombre de la ciencia, toman una actitud arrogante o incluso de burla. Y del mismo modo que en su día tuvimos que lamentar las intromisiones de la religión en el campo de la ciencia, hoy podemos constatar intromisiones de signo contrario. Es mucho más científico el respeto ante lo desconocido que esa otra actitud petulante y soberbia.

La iglesia católica no niega la teoría de la evolución, sin embargo muchos científicos sí se manifiestan contra la teoría de la creación a pesar de que ambas son compatibles. Así, por ejemplo, lo hace Juan Luís Arsuaga, profesor de paleontología de la universidad complutense de Madrid, en su libro La estirpe elegida[3] cuando dice: “Quien prefiera imaginar la evolución como una flecha que apunta hacia nosotros desde el principio tendrá que responder a la pregunta de qué oscuras fuerzas internas podrían guiarla en la dirección adecuada. ¿O en realidad se trata de fuerzas que actúan desde más allá del mundo natural? En este último caso nos situaríamos fuera del terreno de la ciencia [ciencia con mayúscula en el original], que es el de este libro y el de sus autores. La ciencia tiene como objeto explicar los fenómenos naturales, como la existencia de nuestra especie (y de las demás), por medio de causas naturales.”

Partiendo de esta aparente asepsia científica, se pasa luego a defender planteamientos reduccionistas, materialistas y ateos. Se niega, de hecho, la posibilidad de que haya un Dios creador de la vida y de que el ser humano sea un ser espiritual, además de material, como muestra la siguiente cita del mismo autor (37): “Entre los mamíferos, los humanos somos unos primates con un gran cerebro, sin cola y bípedos, pero por lo demás no presentamos muchas originalidades. […] De acuerdo en que un geranio no puede escribir un libro, ésa es una de nuestras especializaciones, pero con la ayuda de la luz puede sintetizar materia orgánica a partir de sales minerales, agua y dióxido de carbono; no cabe duda de que un geranio tiene un laboratorio bien equipado, y difícilmente puede ser considerado un ser inferior.” ¿No es esto reduccionismo? ¿No hay en nosotros a todas luces algo más que en un vegetal? Veamos qué dice Konrad Lorenz al respecto (250): “Es imposible llamar desarrollo a algo nuevo y superior que se produce a partir de una fase anterior en que precisamente no está contenido y de donde no se pueden deducir las propiedades que hacen del nuevo ser algo inédito y superior. Esto se aplica a todo paso importante de la génesis en el mundo de los organismos, entre ellos el primero, el origen de la vida, y el último, el de la hominización del antropoide.”

Este reduccionismo en la visión del mundo no es baladí, sino que tiene consecuencias terribles, entre otras que éticamente matar a un ser humano es algo semejante a cortar una rama de árbol o arrancar una hierba. O que las relaciones laborales se establezcan sobre la base de que la persona es un objeto. A este propósito es muy significativo el cambio de nomenclatura que han sufrido los antiguos “departamentos de personal” por el de “recursos humanos”. Un recurso, según el diccionario, es un “procedimiento o medio del que se dispone para satisfacer una necesidad, llevar a cabo una tarea o conseguir algo”, o sea, una cosa. Escuchad pues, Hitleres, Stalines o simplemente abortistas, no cometéis ninguna atrocidad cuando extermináis a millones de seres humanos. Quedaos tranquilos, los científicos aseguran que todo se puede explicar por causas naturales. Y del mismo modo, tiranos de todo el mundo, los derechos de las personas no son inalienables, no proceden de su dignidad como personas creadas por Dios, ante quien tendréis que responder de vuestros actos, sino que es el estado quien los da y los quita a su antojo o, como mucho, con el apoyo de la mayoría. Etc., etc.

Por todo lo expuesto, desde estas líneas hago un llamamiento a los científicos del mundo y a todas las personas que puedan colaborar de algún modo para que redacten, organicen el modo de adherirse y presenten ante la sociedad un manifiesto que refleje ese respeto por la religión y ante lo científicamente desconocido que reflejan los escritos de Konrad Lorenz, cuyo nombre podría dar título al manifiesto: “MANIFIESTO KONRAD LORENZ”.

[1] Sobre la agresión, el pretendido mal, pág. 248, Siglo XXI editores, 1985

[2] Vida y tiempo, pág. 22, Plaza Jané, 1980

[3] Ediciones temas de hoy, 2006


Sobre esta noticia

Autor:
Javier Ventas (15 noticias)
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Tipo:
Opinión
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