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Madame Bovary (1857) de Gustave Flaubert

12/02/2010 00:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ésta no es una novela sobre el amor, sino sobre el matrimonio. También sobre el aburrimiento. La obra trata de la vida en provincias y de la mediocridad de la rutina matrimonial

Ésta no es una novela sobre el amor, sino sobre el matrimonio. También sobre el aburrimiento. La obra trata de la vida en provincias y de la mediocridad de la rutina matrimonial. Y de la fantasía, la infelicidad y la pasión. La novela de Flaubert muestra que el ideal burgués de la unión matrimonial no supone una garantía para la felicidad personal.

La heroína es Emma Bovary. Casada con el bondadoso pero irremediablemente aburrido médico rural Charles Bovary, se percata, ya en los primeros días tras la boda, de que la suya no es la existencia que se había imaginado. Emma tiene un concepto de la vida que no alcanza a cubrir con la cotidianeidad pequeño burguesa en la que vive. Sus ideas vienen de las sentimentales novelas de amor que ha leído en el colegio religioso. Son historias en la que las protagonistas se desvanecen o se arrojan en brazos de hombres arrebatadores, en las que se susurran juramentos bajo la luz de la luna, en la que los virtuosos salvadores rescatan a las mujeres de rudos villanos, en las que todos galopan en corceles de acá para allá y las damas reciben en secreto cartas perfumadas. Las historias transportaban al lector a mundos exóticos y paisajes fantásticos, vagas evocaciones del aire medieval y de Oriente.

Cuando Emma advierte que tras su boda no se encuentra en la terraza de una villa italiana en compañía de un esposo deslumbrante, sino que se halla en una pequeña ciudad carente de importancia, empieza a aburrirse.

Emma pasa semanas enteras sentada delante de la chimenea o mirando por la ventana. La sirvienta se ocupa de las tareas domésticas; una nodriza atiende a su pequeña hija. No le interesa siquiera tocar el piano, ya que nadie la escucha. En vez de tener al lado un marido que la inspire, las cenas transcurren junto al aburrido Charles Bovary. Su esposo la idolatra, pero por las noches regresa a casa agotado de sus visitas a los lechos de los campesinos enfermos. Charles dedica a su mujer rutinarias muestras de cariño, poco a poco va engordando, abandona los buenos modales en la mesa, descuida su forma de vestir, en la cama se aleja rodando y ronca. Flaubert muestra, por primera vez en la literatura, la monotonía de un matrimonio burgués tradicional, en el que el reparto de roles conduce a que el hombre tenga una ocupación, mientras que la mujer sólo tiene expectativas.

Charles pone nerviosa a su mujer. Emma desprecia su falta de éxito profesional, su vulgaridad y su comportamiento pueblerino. Tampoco a los ojos del lector Charles Bovary se muestra precisamente como un héroe. Pero por su candidez rayana en la necedad no llegamos a menospreciarlo tanto como su esposa.

De puro aburrimiento, Emma comienza gastar enormes cantidades de dinero en un comercio de modas. Intenta sofocar su melancolía recorriendo con un dedo un plano callejero de París. Finalmente, cae en una depresión. A Charles, sobrepasado, no se le ocurre otra solución que proponer un cambio de clima y mudarse.

En Yonville, su nuevo hogar, Emma conoce a León, joven empleado de notaría. Emma se consume ceremoniosamente en el adulterio, pero no lo provoca todavía. Entonces entra en escena un rico propietario e la zona con el evocador nombre de Rodolphe Boulanger de La Huchette. Rodolphe encarna ese mundo de lujos y de goces eróticos que Emma ansía, por lo que resulta muy fácil seducirla con un par de gastadas fraes hechas. El célebre pasaje de la seducción tiene lugar durante la celebración de una feria agropecuaria. Mientras los notables del lugr pronuncian sus rimbombantes discursos, Rodolphe conquista el corazón de Emma recurriendo a sus técnicas profesionales. Flaubert refleja este episodio intercalando breves cortes narrativos: en la descripción del acto de seducción se insertan una y otra vez las voces de los oradores. Es una técnica moderna que nos resulta conocida por el cine. Se trata de cortes muy rápidos que ponen de manifiesto que dos acciones transcurren simultáneamente.

Emma tiene un concepto de la vida que no alcanza a cubrir con la cotidianeidad pequeño burguesa en la que vive

Emma se lanza con entusiasmo a vivir el romance con Rodolphe. Todos sus sueños se convierten en realidad y se imagina a sí misma como la heroína de una de las historias de amor que ha leído. Pero el affaire tiene un brusco final cuando Emma, siguiendo el ejemplo de sus novelas, plantea una dramática fuga. Rodolphe aprovecha la ocasión para escapar.

Emma se reencuentra con León n una velada en el teatro Ruán. Con una ingenuidad que resulta hasta cómica, Charles le propone a su esposa que se quede en la ciudad algunos días sin él. León se convierte en el segundo amante de Emma. Pero la pasión entre ambos no dura mucho. Pronto la melancolía de la vida matrimonial impregna también el adulterio.

Como los Bovary no pueden pagar las deudas de los vestidos que Emma ha comprado, le embargan las posesiones. Presa del pánico, Emma considera el suicidio como única salida. Se envenena con arsénico.

Resulta irónico que el momento de la muerte de Emma sea también el más grande de su vida. En su agonía, solicita un espejo para contemplarse, deja caer algunas lágrimas y se vuelve a hundir en su almohadón. Aun frente a la muerte, Emma adopta el gesto de un de aquellas heroínas convalecientes cuyo sino sentimental le había servido de modelo para su propia vida. Pero al instante siguiente sufre terribles dolores y se retuerce en su lucha con la muerte. Ahora experimenta la vida de la forma más brutal, lejos de una novela, en carne propia.

El ideal del amor en el matrimonio burgués estaba fuertemente cimentado en la cultura europea del siglo XIX. Cuanto más grandes eran las expectativas- y en el siglo XIX lo eran mucho- más propenso se era a las inevitables decepciones que sobrevenían cuando la vida cotidiana se revelaba escasamente romántica. El matrimonio con Charles fue para Emma un amargo choque con la realidad, de la que intentó evadirse: primero, refugiándose en las novelas, más tarde, procurando aventuras amorosas. Pero, a diferencia de lo que sucedía en la nobleza del Antiguo Régimen, en el siglo XIX la sociedad ya no consideraba aceptables estos amoríos, especialmente entre las mujeres.

Por otro lado, el matrimonio es una institución tan poco propicia para la pasión en el siglo XIX como lo era en el XVII. Sin embargo, ya no existe el espacio adecuado para el puro deseo: ni encaja especialmente bien dentro del matrimonio, ni se permite su vivencia fuera de él.

Flaubert capta y expresa con fidelidad el mundo exterior y lo traslada a la consciencia de los lectores, renunciando a indagar más allá de lo que perciben los sentidos. Sus dimensiones permiten reflejar un mundo complejo, presentar historias que, siendo artificiosamente unitarias, aparezcan a los ojos del lector como representación creíble del caos que constituye el mundo exterior, descubriendo las enormes posibilidades artísticas de la vida corriente. De ahí surge el Realismo por excelencia: Flaubert, Zola, Tolstoi, Dostoievski, Leopoldo Alas...

La aparición de esta tendencia coincide con la ocupación del poder por la burguesía y el abandono de los ideales revolucionarios que alentó a principios de siglo, imponiendo un nuevo sistema de valores morales. Así, en el único lugar en el que puede sobrevivir la pasión es dentro de las novelas mediocres que lee Emma y en obras maestras como Madame Bovary o Ana Karenina.


Sobre esta noticia

Autor:
Ana Laura López (10 noticias)
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Tipo:
Opinión
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