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Lugones y el día del escritor

14/06/2011 00:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lugones y el día del escritor

Es imposible imaginar una literatura que no cumpla una función social. A veces la cumple, y es jodido, en un sentido adormecedor, a veces es una literatura del fatalismo, de la resignación, que te invita a aceptar la realidad en lugar de cambiarla, pero a veces es una literatura reveladora, reveladora de las mil y una caras escondidas de una realidad que es siempre más deslumbrante de lo que uno suponía.

(fragmento de “Sobre el arte de un escritor”, de E. Galeano)

En Argentina se celebra, cada 13 de junio, el día del escritor. Es esa costumbre de ponerle un día comercial a todas las cosas; como el día de la madre, del padre o del niño. El motivo que da sentido a esa fecha, considero, no merece ningún respeto ni, mucho menos, festejo. Se trata del nacimiento de un hombre que, más allá de su obra literaria, apoyó con fervor el incipiente fascismo de las primeras décadas del siglo XX, luego de haber sido justamente expulsado del partido socialista en nuestro país. Leopoldo Lugones. Hombre emblemático más allá de sus letras, padre del inventor de la picana y abuelo de una mujer torturada con ella y desaparecida en la última dictadura. Símbolo propagandista del golpe militar de Uriburu. Nacido un día como hoy, en 1874.

¿Qué nos hace escritores o escritoras? ¿Qué nos representa? ¿Lugones es un ícono? ¿Vargas Llosa también? ¿Quién dice qué somos cuando traspasamos la vía ferroviaria de las letras para conocer ese otro mundo que tan fantástico se nos vuelve desde la lejanía y tan atroz —en el mejor de los sentidos— desde la cercanía?

Escriben las personas que lo sienten, las que quieren un mundo mejor y las que quieren uno peor. Escriben aquellas que no se encuentran en la realidad que trascurren y crean una nueva, con similitudes y contradicciones, en la cual aislarse como personajes disfrazados de sí mismas o a la inversa. El arte es el único camino político hacia la libertad, pienso cada vez que observo que las cosas no pueden modificarse exclusivamente desde lo experimental. Pero no si se recuerda a las y los que materializan esta disciplina en una deliberada asociación con un ser que apelaba a la superioridad de razas en sus discursos y acciones. ¿A cuántas y cuántos escritores enorgullecerá Lugones? Me da temor pensarlo, tal vez no quiera conocer la respuesta.

El peronismo también tiene su día. Y no hablamos del día de la política, con lo cual las y los que entramos en alguna de las categoría que lo excluyen podemos sentirnos a gusto con que ellos celebren su lealtad y que nadie venga a decirnos nada. Pero cuando a una escritora o un escritor que está en completo desacuerdo con la historia de la conmemoración recibe una felicitación, ¿qué puede decir? ¿Sería pertinente crear un nuevo día de las y los escritores, para regocijo de los excluidos en esta fecha?

Sin embargo, el oficio de escribir también está, y estuvo siempre, en tela de juicio. ¿Qué es un escritor? ¿A partir de qué momento puede considerárselo como tal? ¿Es un vago o es un trabajador?

Podría decir que las y los escritores son esas personas que a menudo escriben. Pero gran parte de la población escribe, lo que sea, el nombre de alguien, por ejemplo, en un papel que guardarán en su bolsillo y misteriosamente se perderá para siempre, o será una vana excusa. No es necesario tener libros publicados o premiados, haber estudiado letras o ser invitado a cuanto congreso de literatura surja por ahí para ser escritor. Se es tal “cosa” desde el momento en que un texto determinado quiere transmitirle algo, al menos una sensación, a otra persona o a sí mismo. Abundan los libros que transmiten nada. También abundan los cajones de personas que esconden sus producciones por miedo a desencantar y que jamás leeremos. Una picardía.

La vagancia hace referencia a la falta de ganas para realizar algo y, para sorpresa de muchos y muchas, quienes escriben —y, en general, quienes se manifiestan artísticamente desde cualquier disciplina— tienen ganas de hacerlo todo el tiempo, aunque no es sano para el proceso de creatividad asumirlo como una obligación. Es su oficio pero, además, es su amor. Un amor que hace bien y, como todos los amores, también hace mal. Se confecciona una relación un poco peligrosa y hasta simbiótica entre el escribir y quien lo hace, por lo cual hay que abordarla con cautela. Por cierto, sus mentes no son perversas, tienen imaginación y se atreven, con desafío y convicción, a volcarla. Empero, la mente de Lugones sí era perversa. No es pertinente que se los asocie con él, que represente “su día”. Es preferible que jamás se los salude como ocasión especial; cada tanto suelen cumplir años —con menos frecuencia que las y los oficinistas—, así que con eso basta.

La batalla es triple: lograr que se consideren a sí mismas y mismos como escritores más allá de lo que impongan los medios, que se los acepte como tales pese a lo que indiquen los ranking de las corporaciones de la industria editorial y librera, y que se saque de todos los calendarios esa fecha como representativa de tan loable oficio.


Sobre esta noticia

Autor:
Sol Arrieta (72 noticias)
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Opinión
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