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La lucha de las mujeres contra la mutilación genital femenina

05/02/2016 12:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Relato de la lucha de las mujeres africanas contra la mutilación genital, que marca a más de 125 millones de féminas en el mundo

 

Una habitación corriente o una choza oscura en un poblado en el campo. Una hoja de afeitar comprada en el mercado, un cuchillo afilado o un simple trozo de vidrio roto son suficientes. A veces, aguja e hilo, o las espinas de un arbusto silvestre. Las mujeres de la familia sujetan a la niña mientras alguien paga a la encargada de la ablación para que le inflija un dolor tan intenso que jamás lo olvidará.

Para más de 125 millones de mujeres de todo el mundo, el paso de la infancia a la edad adulta está marcado por la sangre de la mutilación genital femenina (MGF).

El procedimiento consiste en extirpar el clítoris, a veces raspar los labios menores hasta eliminar totalmente los genitales externos, y cerrar el corte cosiéndolo y dejando un pequeño orificio para el flujo menstrual y la orina, que más adelante se volverá a abrir con un corte en la noche de bodas.

Se cree que el ritual, que en determinadas sociedades es obligatorio, purifica a las mujeres de su feminidad, las somete a través del dolor y las hace vírgenes de por vida e insensibles al placer sexual. Y, por tanto –y este suele ser el principal objetivo–, las convierte en esposas devotas y fieles.

Las complicaciones para la salud pueden ser desastrosas, desde el trauma hasta las infecciones en el momento de la ablación. Para las víctimas de la infibulación, los dolores menstruales suelen ser insoportables porque la sangre se acumula en los puntos y, a veces, las dificultades para orinar provocan infecciones de riñón. También causa problemas en el momento del parto: en las comunidades rurales, donde los hospitales están lejos o pobremente equipados, la infibulación provoca un aumento de uno a dos puntos de las muertes intrauterinas por cada 100 nacimientos.

Mientras que la tasa de mortalidad materna media en los países en desarrollo es de 230 fallecidas durante el embarazo o el parto por cada 100.000 nacidos vivos, en los 26 países africanos en los que se practica la MGF (con la excepción de Egipto) la prevalencia es mucho mayor. De hecho, alcanza una cifra de 1.100 muertes en Sierra Leona, 850 en Somalia, 650 en Guinea y 420 en Etiopía.

Según las encuestas de Unicef y la Organización Mundial de la Salud, las víctimas de las MGF se concentran en 29 países. Aparte de Yemen e Irak, todos los demás están en África.

En Somalia y en Somalilandia, casi toda la población femenina (98%) ha sufrido la mutilación genital y, además, en su forma más severa, conocida como infibulación. En Somalilandia, el clan Isaq acostumbra a practicar una escisión extrema llamada gudnünka fircooniga: los genitales externos se raspan por completo y los tejidos se cosen formando una tira dura y oscura. También se registran tasas muy elevadas en Guinea (96%), Yibuti (93%), Egipto (91%), Eritrea (89%), Mali (89%), Sierra Leona (88%) y Sudán (88%); mientras que Ghana (4%), Togo (4%), Níger (2%), Camerún (1%) y Uganda (1%) se encuentran en los últimos puestos de la lista.

Si consideramos las cifras absolutas, la capital mundial de la MGF es Egipto, con 27, 2 millones de víctimas. Etiopía ocupa el segundo puesto, con 23, 8 millones, seguida por Nigeria, con 19, 9 millones.

De los 27 países africanos considerados en los informes de Unicef, 14 tienen más de un millón de mujeres mutiladas residiendo en sus territorios.

Sin embargo, dentro de un mismo país a menudo hay grandes diferencias entre los grupos étnicos, que en África se calcula que son unos 3.000. En Eritrea, por ejemplo, la prevalencia nacional de la MGF es del 89%. La tasa se eleva al 96% entre la población Afar y desciende al 2% entre los Tigray.

En Mauritania, donde el porcentaje de mujeres cortadas es del 69%, el 92% de ellas pertenecen al pueblo Soninké, en la frontera maliense. El ejemplo más llamativo tal vez sea Uganda, que con una tasa de MGF del 1%, es el último país en esta dolorosa clasificación; sin embargo, entre los Pokot, un grupo étnico que vive en la región oriental de Karamoja, la tasa es del 95%, y entre los Sabiny es del 50%.

Relato de la lucha de las mujeres africanas contra la mutilación genital, que marca a más de 125 millones de féminas en el mundo

En Kenia, la prevalencia nacional es del 27%, pero en las comunidades masai alcanza el 73%.

De los grupos étnicos de África occidental, los Peul o Fulani, que viven en el vasto territorio que se extiende desde Mauritania hasta Camerún, son una de las poblaciones más numerosas que practica la MGF.

La mutilación genital femenina no se infiere de la religión islámica. El historiador griego Herodoto, que vivió mil años antes que el profeta Mahoma, ya la menciona, y sus raíces se remontan al Egipto faraónico. En 2006, en Egipto, el Consejo Supremo de Investigación Islámica de la Universidad de Al Azhar, una de las instituciones más prestigiosas del islam suní, declaró formalmente que la mutilación genital femenina no tiene nada que ver con la sharia.

El corte es más bien una norma social que implica desigualdad entre hombres y mujeres y una obsesión por controlar la sexualidad de las segundas. Se trata de una convención que parece tener distintos significados en cada país. El pueblo Nyaturu, en Tanzania, cree que la enfermedad lawalawa (una afección urinaria) es una maldición de los antepasados que solo se puede curar mediante la MGF. También en Tanzania, en el distrito de Tarime, a las niñas sin cortar no se les permite abrir el establo de las vacas porque traen mala suerte a los que entran después de ellas. En algunas comunidades de Ghana, creen que el clítoris de una mujer provoca ceguera al niño en el momento de dar a luz; mientras que en los bosques de Costa de Marfil piensan que el clítoris posee un gran poder y hay que quitarlo del cuerpo de la mujer para dárselo a los espíritus.

En el Golfo de Guinea, la situación es más complicada: en Sierra Leona, la clitoridectomía forma parte del rito de iniciación en una sociedad secreta de mujeres llamada Bondo. En comparación con otras, las iniciadas tienen una extraordinaria libertad de movimiento y eso perpetúa el consentimiento de las mujeres para someterse a la mutilación

ometerse a la mutilación

En este mapa interactivo de África encontrarán las estadísticas sobre la difusión y las tendencias locales de una práctica consuetudinaria ancestral dominada todavía por los estereotipos. Aparte de los 27 países que han participado en las encuestas de Unicef encontrarán otros mencionados en informes británicos y estadounidenses, y otros que, aunque no practican la MGF, han mantenido interesantes debates públicos sobre el tema.

Pulsando sobre cada país podrán obtener información sobre los diferentes tipos de MGF, la prevalencia relacionada con religión y el nivel de estudios, los grupos étnicos involucrados y las leyes aprobadas desde la década de 1960. Y también sobre las mujeres que han escrito la historia de una guerra por sus derechos.

Desde Benín hasta Somalia y desde Egipto hasta Zimbabue, las mujeres africanas llevan luchando en primera línea por la erradicación de la MGF desde la década de 1960. En 2003, Stella Obasanjo, casada con el expresidente de Nigeria Olusegun Obasanjo, propuso a Naciones Unidas que estableciese un Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, que desde entonces se celebra cada 6 de febrero. La resolución de Naciones Unidas que prohíbe la práctica de la MGF, aprobada por unanimidad el 20 de diciembre de 2012, fue impulsada por africanas en un llamamiento conjunto hecho desde Senegal por representantes de 27 países africanos.

Nos hemos reunido con algunas de esas mujeres en Somalilandia, Kenia y Etiopía. Ellas nos han explicado apasionadamente cómo han formado valientes coaliciones con el fin de recuperar el control sobre sus cuerpos, en ocasiones pagando el precio de la descalificación social.

Hargeisa, Somalilandia. No les será fácil encontrar esta república en un mapa. En el norte del Cuerno de África, la antigua Somalia Británica declaró en 1991 su independencia de la antigua Somalia Italiana con el fin de desvincularse del conflicto que continúa hoy día en Mogadiscio. Pero pagó la paz con su práctica inexistencia. La comunidad internacional no reconoce este Estado con sus cuatro millones de habitantes divididos en tres clanes familiares que, aparte de la guerra, lo tienen todo en común con Somalia: la lengua, la pobreza y una cultura patriarcal que combina el islam con las antiguas tradiciones.

Estas incluyen la gudniinka fircooniga, la mutilación genital femenina “faraónica”, o infibulación infligida a las niñas a partir de los cinco años.

Escuchen la voz de Sadia Abdi, la joven directora de la ONG ActionAid en Hargeisa, que ha sido la fuerza motora de un movimiento cada vez más extendido de mujeres que luchan por eliminar la infibulación.

La lucha de las mujeres contra la mutilación genital femenina

 

 

Fuente:Organización mundial de la salud

 

 

Barcelona, 5 de febrero de 2016


Sobre esta noticia

Autor:
Vanessa Lara Silva (1561 noticias)
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5355
Tipo:
Suceso
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