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Los pájaros

15/06/2011 23:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Supongo que salvo el propio director y el equipo que la rodó, los afortunados que hacia el año 1970 pudieron asistir a su estreno o posteriormente a alguna reposición y algún coleccionista con pocas ganas de compartir su tesoro, nadie más hoy día ha podido ver en condiciones "Sweet hunters / Ternos caçadores", una de las películas más elusivas de la historia del cine.

No, la actualidad en torno al  tercer largo de Ruy  Guerra por desgracia  no pasa por la anhelada edición en DVD o Blue Ray - a este paso habrá un nuevo formato cuando llegue, si no lo hay ya  -  que todos esperamos.Siete años después de su debut, el nervioso, hiperbolado, omnubilado por la nouvelle vague francesa,   "Os cafajestes" que lo situó en primera línea de la vanguardia del nuevo cine de su país  - me refiero a Brasil, aunque él nació en Mozambique - y un lustro  más tarde de  la excelente "Os fuzis", su primer gran acierto y  aún  uno de los mejores que hizo y el más seco y abstracto, "Sweet hunters" era ya anómalo  desde su  nacimiento: financiación panameña-brasileño-francesa, rodado en Francia con actores norteamericanos y hablado  en inglés, con una versión española que es la que más ha circulado.

imageDesde entonces  ha  venido provocando un murmullo de fascinación que no se sabe muy bien si procede de los muy escasos cinéfilos que han podido acceder a su versión original de 115 minutos o  a lo que cualquiera que hayamos contemplado su versión mutilada, doblada - con un esfuerzo  se  puede ver en su idioma original -, desvahída de color  y  estrafalaria de sonido, pensamos que puede  o debe ser el film.

Porque muy poco ha venido a contribuir a ello la nula prestancia de su siempre bien considerado protagonista, Sterling Hayden,   a hablar - menos aún a  implicarse en  reediciones - sobre esta o cualquiera otra de sus películas. Supongo que igualmente cuenta la mala fortuna de que Hayden no encontrase, como Randolph Scott,   a su Boetticher particular para implicarlo en su oficio más allá de lo que  se registraba entre dos claquetas.  No lo consiguió Guerra como tampoco, antes o después lo lograron los más "carismáticos"  KubrickRayCoppola, Bertolucci o Huston.  Sí parece claro, cual Triángulo de las Bermudas, que algo extraño sucedió con la carrera de Guerra tras el rodaje de  "Sweet hunters" pues sus dos siguientes films (y otros posteriores) tampoco son fáciles de ver.

La  verdaderamente mucho más  extraña y casi lisérgica "Os  Deuses e os  Mortos" de 1970  apenas ha podido  gozar del prestigio subterráneo otorgado por encendidos comentarios aquí  y allá -  y sólo  por la BSO de Milton Nascimento, que bien pudo haber sido de la Jimi Hendrix Experience o King Crimson por cierto, ya pudo tener fama y vale mucho la pena buscarla  - y la politizada y  fenomenal "A queda" - con Nelson Xavier, Oso de Oro en Berlín  - del 76,   que de alguna manera restituye  su nombre (... para hacerlo desaparecer a partir de ahí de casi todos los rincones donde  se escuchó) se recuerda más bien poco y mal, imagino que porque habla de lo que no interesa que se sepa.

Lo más incoherente de todo es que  sea  "Sweet hunters"    probablemente la primera culpable de los derroteros por los que transcurrió la carrera de  Guerra, porque  se adivina  su  film más sereno y especial.La  idea sobre el papel, sin haber visto siquiera el film  -  y parece inevitable  que junto a Nicholas RayWelles, Flaherty, Walsh o Buñuel  rápidamente evoque a DefoeStevenson, Conrad, Melville  y compañía -  de un huraño ornitólogo viviendo con su familia al borde del mar estudiando los movimientos migratorios de las aves  y lo que sucede cuando un  reo fugado se cruza en sus vidas,   es suficiente para dejar volar alto la imaginación.

El renqueante  sucedáneo del film  del que puede hablarse sirve para  hacerse una buena idea de él, como de cualquier  libro al que le  hubiesen arrancado varias y quizá  importantes páginas y que aunque no pueda lucir sus atributos como debiera,   aún aparece lustroso.

Como otros "improbables" films apátridas  (pienso ahora en "La corona negra" de Luis Saslavsky o "Ashanti" de Fleischer, que tampoco andan ni muy accesibles ni muy sobrados de  buenas copias  y  mucho tendrá que ver en esto quién  puso el dinero y quién maneja los derechos de exhibición), "Sweet hunters"  tiene un aspecto externo (incluso previo) tan singularmente atractivo como heteróclito, nada armónico.

Algo esperamos que chirríe o se salga del tono y cualquiera tiende a permanecer toda la proyección al acecho por si vemos defraudadas nuestras expectativas o confirmadas nuestras sospechas.

Y efectivamente "Sweet hunters" no es un film nada cálido ni afectuoso, sin componente aventurero alguno, hecho de silencios, image  atenuado por  una  tonalidad  que  lo impregna y que no anda lejos de la extrañeza  insular bergmaniana - supongo que con los máximos referentes de "Såsom i en spegel"  y quizá  hasta "Vargtimmen" y que dejará su huella en  el futuro más aún que en el cine de dos de los involucrados en el proyecto, Benoît Jacquot y Pierre Zucca, particularmente en el de  Fredi M. Murer, Alain Tanner, Raoul Ruiz, Carlos Hugo Christensen o Andrei Tarkovskií - que  envuelve  toda la peripecia como el frío e inmisericorde viento que sopla toda la proyección. En ese ambiente, todo puede ocurrir.

Y de hecho, como por otra parte sucede en casi  cualquier película de Ruy Guerra que conozco, de la nada puede surgir un plano desequilibrado, antitético, que contradiga y pare los pies a cualquier atisbo de clasicismo, contra el que se debate el film denodada, quizá innecesariamente, en continua persecución  de los fantasmas y espectros que tanto  atraían a su director.

"Sweet hunters" es en ese aspecto puro de construcción, un film hábilmente estratificado.

Con  unos pocos elementos - tres decorados casi neutros, unas sábanas tendidas que forman ya parte del paisaje, la  ambigüedad de Susan Strasberg,     una barca hecha añicos, una vieja radio - Guerra  se aproxima  sucesivamente a los personajes, que van dejando caer una tras otra las capas que hacían parecerlos unidos y hasta felices pese a vivir apartados de todo y en un lugar tan inhóspito.

Se transforma así progresivamente el film en una fantasía mórbida, donde realidad y sueño se entremezclan como lo hacen los escasos e intrascendentes  diálogos con canciones y pasajes operísticos si no estentóreos, sí sorprendentes.

Es "Sweet hunters" en definitiva, una sorda tragedia.

No por  el punto y final en que desembocan los acontecimientos narrados, sino por la suma de fracasos de sus personajes. Se van los pájaros desviados por la tormenta y apenas unas gaviotas caen en las redes, las dos mujeres no saben - y quién sí sabe - vivir con  sus represiones, el  chico se contenta con viejos cuentos de piratas mientras se aburre con la espera, el motor del barco que les debe conducir a la península se ahoga... y nada cambiará pase lo que pase.


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postcefalu.blogspot.com
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