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Los otros y yo : No estamos solos (I)

19/03/2011 18:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

- Para poder comunicar tiene que existir interdependencias

En toda situación de comunicación la fuente y el receptor son interdependientes. El concepto de interdependencia es en sí mismo complejo y puede ser ilustrado definiendo las posibles relaciones entre dos receptores tales como A y B. Estos son independientes solo a condición de que uno no afecte al otro. Por ejemplo el color de los ojos de una persona (A) y el hecho que tenga el pelo largo (B) son independientes. No influyen el uno en el otro.

Existe una relación de dependencia entre A y B si A afecta a B pero B no afecta a A, o viceversa. Por ejemplo la lana y los casos de asma por alergia tienen una función de dependencia pero no mutua. Una persona que sufre asma no tiene ninguna influencia en la lana.

Existen niveles de interdependencia entre conceptos o acontecimientos. La mayor interdependencia se halla en los conceptos llamados diádicos. Por ejemplo, los conceptos de madre e hijo son interdependientes por el mero hecho de existir, pues ninguno puede ser sin el otro. La comunicación entre dos o más personas exige una relación interdependiente. Pero, aún así, los niveles de interdependencia varían de una situación a otra. Podemos distinguir cuatro niveles de interdependencia comunicativa. Estos niveles no se han de comprender como algo mecánico y rígido sino como un sistema de intensidades diferentes que a su vez es in terdependiente. 

- Interdependencia física por definición

Si nos detenemos un momento para reflexionar se hace evidente que los conceptos de comunicación de fuente y receptor son diádicos. Dependen uno de otro incluso para su propia definición. No se puede definir una fuente sin definir un receptor y viceversa.

Además de su interdependencia por definición, las funciones de la fuente y el receptor son físicamente interdependientes aun cuando puedan ser efectuadas en distintos momentos de tiempo y lugar. Cuando nos comunicamos de esta forma, no estamos hablando el uno con el otro; estamos simplemente hablando. No nos sentimos cómodos al encodificar ciertos mensajes, a menos de hallarnos en presencia de otra persona. Y no lo podemos seguir haciendo cuando estamos con otro, a menos que éste nos soporte o utilice la situación en provecho propio. Somos interpendientes per tan solo debido a la naturaleza diádica de los conceptos fuente y receptor.

-Interdependencia de acción – reacción.

Para explicar lo que se quiere decir con esta expresión podemos utilizar el ejemplo de la caldera de la calefacción y el termostato de nuestro living. Podemos considerar las conductas del termostato y de la caldera como una relación de comunicación. Tanto el termostato como la caldera hacen de fuente y de receptor. Cada uno encodifica mensajes y recibe mensajes del otro. Cada no influye en el otro. Podemos describir la situación de comunicación entre el termostato y la caldera de la siguiente forma: el termostato tiene una intención, un propósito: mantener la temperatura de la habitación a un nivel determinado, 20° por ejemplo. Mientras la temperatura se mantiene a este nivel, el termostato está silencioso. No encodifica mensaje alguno. Cuando la temperatura baja de ese nivel, el termostato transmite el mensaje a la caldera:"funciona", y el termostato actúa.

Cuando la caldera recibe el mensaje "funciona" lo decodifica y reacciona ante él. Hay una serie de respuestas internas por parte de la caldera que no son enviadas o no son conocidas por el termostato. Sólo se transmite el resultado final del complejo proceso de la caldera, cuando el calor llega al living, es cuando el termostato constata el mensaje hasta que llega el momento de mandar un nuevo mensaje "deja de funcionar" cuando la temperatura se halla al nivel deseado. Se produce, pues, una comunicación continua entre la caldera y el termostato. Cada uno transmite mensajes y los recibe, a su vez. Cada uno reacciona frente a los mensajes que le llegan.

Todo ello lo podemos aplicar al proceso comunicacional. La fuente puede utilizar la reacción de su receptor como verificación de su propia efectividad y como guía de sus futuras acciones. La reacción del receptor es una consecuencia de la respuesta de la fuente. Como tal sirve de feedback para la fuente.

Estamos ante un concepto clave de la comunicación: el feedback. (Utilizaremos este término inglés dado que la traducción española no es muy convincente: retroalimentación). El feedback proporciona a la fuente la información con respecto al éxito que tuvo al cumplir su objetivo. Al hacer esto ejerce un control sobre los futuros mensajes que la fuente encodifica.

A veces subestimamos el valor del feedback en nuestras relaciones interpersonales. Olvidamos hacer saber a nuestros interlocutores que pensamos que han hecho un trabajo que nos parece muy bien o que los queremos; Las respuestas de este tipo son útiles como feedback e influyen en sus futuras acciones hacia nosotros.

Las relaciones acción – reacción son de gran valor para el análisis de la comunicación. El feedback es un importante instrumento de influencia. Las reacciones del receptor son útiles a la fuente para analizar su efectividad. También influye en sus conductas subsiguientes, por servir como consecuencias de sus respuestas anteriores. Si el feedback produce recompensa, se persevera. Si no la produce, se modifica el mensaje para aumentar las probabilidades de éxito.

A pesar de que nos ha sido útil el ejemplo anterior para explicar nuevos conceptos, las personas no son termostatos o calderas. Poseen la capacidad de efectuar respuestas de ensayo dentro del organismo, de utilizar símbolos para anticipar en qué forma habrán que responder los demás a sus mensajes, de desarrollar expectativas con respecto a su propia conducta y a la conducta ajena. El concepto de expectativas es crucial para la comunicación humana. Exige el análisis a un tercer nivel de interdependencia en la comunicación.

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