Los nuevos ídolos
LAS NUEVAS RELIGIONES: Política y fútbol
Ante la brutal caída de la religión tradicional, el homo sapiens ha dirigido su interés hacia otras no menos interesantes creencias, que quizás llenan más su inmediatez, son más adecuadas a sus necesidades actuales, sus inquietudes más recientes.
Necesita irremediablemente el homo sapiens algo en que depositar sus creencias, le resulta imposible prescindir de un Dios; claro está que ese Dios, a lo largo del tiempo ha tenido muchas formas y ahora a adquirido, como era de esperar, las formas que le dan las televisiones; puede servirle un futbolista, él será su Dios y su equipo su religión; ante ellos, el homo sapiens se vuelve incondicional, puede llegar a verlos perfectos, siendo los demás los culpables de cualquier error; también tiene esta religión su demonio, su mal, su ser maligno, que normalmente será el arbitro, que hasta lo han vestido de negro.
Con la política sucede algo muy similar; somos de tal o cual partido, de tal o cual tendencia, de por vida; somos incondicionales y hagan lo que hagan, aunque no nos parezca bien, se lo perdonaremos, los disculparemos, encontraremos excusas y en todo caso, los adversarios nos parecerán mucho peor, sus acciones más reprobables; es que somos de tal o de cual partido, de tal o cual tendencia; normalmente de por vida, para siempre y todo lo más en un arrebato, romperemos el carné; pero este enfado, solo es provisional.
Algo es evidente, algo une a las nuevas religiones, algo que es común al fútbol, a la política y a la religión ; no solo hay una cosa en común, son varias las coincidencias que unifican, que unen, estas tres religiones; la entrega de sus acólitos es plena, total y les proporciona una mezcla de sufrimiento y de placer; como está mandado por cualquier religión que se precie.
Cuando un hincha de un equipo de fútbol, lo elige entre el resto de los posibles equipos, se entrega a él en cuerpo y alma; se predispone a sufrir con los resultados adversos; pero justificándolos siempre; arrojando la culpa sobre quien sea; en primer lugar sobre el arbitro, luego la suerte, “la mala suerte”; procurando que sea el entrenador, como alguien externo al equipo, el que cargue con la culpa; en última instancia, lanzarán la culpa sobre la directiva; lo importante es no culpar a los jugadores, aunque sea evidente, que son ellos los que le dan las patadas al balón, los que en definitiva ponen el esfuerzo físico y las ganas de jugar; pero el hincha, no quiere cargar la culpa sobre su Dios, sobre sus dioses, sobre los jugadores.
En el caso de la política, los políticos, tienen un comportamiento muy similar a los del fútbol ; los incondicionales seguidores políticos, también están dispuestos a sufrir, a defender a capa y espada cualquier idea, por absurda que sea esta, siempre que esa idea sea lanzada por su líder, por el gran pastor, por el candidato, por la deidad.
Me imagino que habréis visto en alguna ocasión, imágenes de algún mitin político, todo resulta muy similar a lo que sucede en un campo de fútbol, en estas manifestaciones, también resulta imprescindible estar dispuesto a sufrir en nombre de su líder, en nombre de sus ideas.
Son expertos en buscar explicaciones, sobretodo, cuando estas van dirigidas a los más ignorantes
Los fieles seguidores de un partido político, no cambiaran de opinión suceda lo que suceda; todo lo más y tiene que ser algo muy grave, los llevara a abstenerse, pero serán incapaces de cambiar su voto, nada los hará renunciar a sus creencias, creerán en su líder, creeran en su partido, de la misma forma que creen en su equipo en sus jugadores o en su virgen o santo de toda su vida.
En absoluto, cualquier partidario político, se planteará votar a otro partido, el votará irremediablemente al suyo , rechazando cualquier planteamiento basado en la lógica; en una lógica que lo llevaría a sopesar, medir, calcular y juzgar cual sería la mejor opción de ese momento; en absoluto permitirá a su pensamiento discernir libremente, eso no entra dentro de sus alternativas; lo consideraría una traición a los suyos, aunque este partidario hipotético, supuesto, teórico, no pertenezca al partido.
Este es un comportamiento muy similar al que mantienen los feligreses de cualquier religión; ellos defenderán a ultranza las ideas más peregrinas, por mucho que queden en evidencia ante realidades científicas o simplemente físicas ; son expertos en buscar explicaciones, sobretodo cuando estas van dirigidas a los más ignorantes ; es muy importante para todas estas formas de religión, la ignorancia de sus acólitos, su fanatismo, su falta de lógica.
Pero lo que es evidente, es que tanto la religión, como el fútbol y la política, basan su éxito en la ausencia de reflexión, en fomentar el fanatismo, la devoción, la entrega incondicional a unos colores, a unas banderas, a unas creencias irracionales, a unos dioses.
Realmente estoy esperanzado en que llegue el día, en que el hombre, consiga imponer su racionalidad a su fanatismo , su sentido común, a sus emociones más viscerales, su inteligencia a sus deseos, a sus creencias, sobretodo a las basadas en una herencia ancestral, que muchas veces le llegan desde sus antepasados.
De todo ello se encargan los líderes, los dioses del fútbol, de la política, de la religión; procuran mantener el fanatismo, la ignorancia entre sus acólitos, ya que el mantener estas irracionales creencias, les garantiza el poder.
Todo esto, lo consiguen mediante consignas , procuran no explicar muchas cosas, solo puntualmente, sin profundizar en ninguna idea, sin debatirla en profundidad, solo con frases altisonantes, capaces de movilizar a sus acólitos, de conducirlos hacia sus intereses; que se olviden de pensar y enciendan sus corazones, sus pasiones .
En absoluto, cualquier partidario político, se planteará votar a otro partido, él votará irremediablemente al suyo
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Sobre esta noticia
Autor: Luis Cabello Muñoz (89 noticias)
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Tipo: Opinión
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