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Los frikis de las cuentas

02/02/2011 20:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Artículo de opinión sobre la crisis económica

Hasta hace sólo unos años eran pocos y mal avenidos. Se encontraba cada uno aislado en su pequeña burbuja, rodeados de un universo hostil que les señalaba con el dedo y les gritaba: “Tú estás p´a allá” como epíteto más cariñoso. Si acaso, podían a aspirar a concentrarse en la pequeña tienda de cómics del barrio, convirtiéndose en un grupito inofensivo al que los demás contemplaban con una especie de compasivo desprecio, y concentrándose en su fin de semana de fantasía hasta que llegara el implacable lunes y con él la cruda realidad, una semana más. Sin embargo, con la llegada de Internet, se miraron a los ojos (cibernéticos) y descubrieron que no estaban solos. Y lo que es más aún, que eran legión. Desde entonces, no han parado de proliferar ni de tener presencia en los medios: ahora se comercializan productos para ellos, se hacen series para ellos, se reservan espacios en programas de televisión para algunos de sus representantes e incluso dialogan con líderes políticos. Es su particular revolución.

Con el tiempo, incluso, han llegado a tener tanto peso que ya no se trata de un sector a tener en cuenta por la industria: ahora son un pilar básico de la misma. Una película, tras millones y millones de dólares invertidos en su realización, puede venirse abajo por unas cuantas críticas a tiempo vertidas desde ciertos foros de Internet. Un tipo asocial y poco comunicativo como Mark Zuckerberg, sin apenas compañeros en el mundo real, tiene ya más de mil millones de amigos (y muchos más de dólares) gracias a Facebook. Con el tiempo, se han atrevido incluso a vindicarse con orgullo, y lo que es más, a devolver los reproches: ¿o es acaso menos friki, afirman, el que se traga todos los partidos de fútbol durante el fin de semana y permanece atento a cuál es el último cambio de peinado de Cristiano Ronaldo?

Y es una interesante reflexión: porque ahora el término friki se ha vuelto flexible y más fácilmente empleable. Ya no lo es sólo el que es fanático de Star Wars o de Dragones y mazmorras: ahora se aplica a los espeleólogos, a los que usan el telescopio como arma para mirar las estrellas, a los fanáticos del campo y del deporte e incluso a los expertos en los distintos tipos de mochilas. Hay frikis para casi todas las especialidades y costumbres, sustituyendo al clásico término de “fan” y “aficionado” para adquirir un significado más general y profundo. Y por supuesto, están los frikis de las cuentas, anteriormente conocidos en nuestro mundo como economistas.

Diseccionemos a esta particular especie: para empezar no pertenecen a un patrón único y uniforme, sino que se dividen en variados tipos. Algunos son caóticos e impredecibles. Ludópatas en estado activo, sólo disfrutan cuando juegan miles de millones a una acción, igual que un aristócrata arriesga toda su fortuna en la ruleta. Con la leve salvedad de que normalmente en el caso de este tipo de economista, la fortuna normalmente no es suya y si la pierden bastantes cientos de personas (cuanto menos) salen escaldadas. Suele encontrárseles hasta arriba de cocaína en bolsas como las de Pekín o Nueva York, recibiendo una palmada en el hombro de parte de los que dirigen el cotarro -no obstante, no se descarta que entre ellos existan buenas personas, al igual que en las otras subclases-. Otra opción es el emperador, el “jefe”: quiere el poder, lo ansía, y tiene un plan organizado para hacer que su imperio crezca cada vez más implacablemente, salvando cualquier escollo con la fuerza de su voluntad y por todos los medios. Serían buenos candidatos para conquistar el mundo, pero normalmente se conforman con la pasta (la cual, para los efectos, es casi lo mismo).

Y luego están un tercer tipo: laboriosos, rutinarios, organizados, meticulosos, calculadores. Muchas veces no ansían el enriquecimiento para sí, como el tipo 2, ni tampoco toleran el vértigo desbordado ni el caos al que se encuentra abonado el tipo 1. Simplemente sueñan con que los números con los que trabajan (de pequeños eran muy aficionados a las matemáticas) desplieguen una sinfonía magistral, casi mística, en una perfección y un ordenamiento absolutos. Son ideales para subsecretarios de hacienda, jefes del Banco de España, y técnicos de organismos económicos internacionales. Un auténtico lujo contar con ellos, porque son eficaces desde para organizar un país hasta para arreglarte cualquier apaño en la cocina.

El problema es cuando no le salen las cuentas, como en las crisis económicas. Aborrecen las deudas, desprecian los gastos superfluos, y se les ponen los vellos de punta cada vez que escuchan hablar de números rojos. En esos momentos, desde sus lápices todopoderosos (los cuales son seguidos por atención por parte de los presidentes de gobierno de turno, quienes en el colegio se entretenían tratando de convertirse en el delegado de clase con más votos), comienzan a tachar cifras, recolocar números, y realizar “movimientos de ajuste”, que los llaman, los cuales dan como resultados unos espléndidos saldos positivos con los que por fin los sacrosantos y (qué maravillosos) balances empiezan a solventarse.

No seré yo quien discuta que el orden económico sea bueno para un estado, ni que un grave déficit es sin duda una situación perjudicial para un país. No le niego en parte la razón a estos prohombres, ni me quiero poner contra ellos: yo siempre he sido un gran simpatizante de los frikis de todo tipo (a muchos de los cuales admiro), y no voy a ser diferente con esta clase. Ahora, como hemos dicho, la definición de friki es flexible. De entre todas las variantes (a mí me gusta particularmente aquella leída en un foro de Internet que decía: “¿Qué es un friki?, preguntas clavando en mi PDA tu espada láser azul. ¿Y tú me lo preguntas? Un friki eres tú”), diría que un friki es una persona que tiene una mirada especial sobre la existencia y procura vivir de acuerdo a ella. Esto valdría para Gaudí, Tim Burton y otros grandes artistas, y también para cualquiera al que en general denominamos genio. El problema es cuando esas personas tratan de hacer que vivamos su concepción de la vida sin tener en cuenta la de los demás, y que todos giremos en torno a ella: en ese momento, estamos realizando las mismas injusticias que en su día la sociedad en general aplicaba a los frikis clásicos. Y eso es algo que no puede consentirse.

Por eso cuando veo a los responsables y cargos inferiores del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial trazando directrices cual tablas de la ley para el mundo y los pequeños e insignificantes países que lo habitan, felicitándonos a españoles, coreanos o egipcios por unas reformas tan efectivas (las cuales nos dejan sin pensión, con precariedad laboral y sin cartera) que nos hacen reducir el déficit y mejorar la economía de nuestro país como nación (pero no la de sus habitantes), me pregunto si esto lo hacen porque creen que es realmente bueno para los seres humanos que pueblan dichos estados, o es que simplemente no toleran que se les salgan de madre las cuentas.

¿Por qué en el colegio se le atizaba –con injusticia- al pobre chico que coleccionaba cromos de mariposas, y sin embargo les hacemos tanto caso a estos tipos? Lo desconozco, aunque en parte el porqué me lo figuro (y tiene que ver también con el extraño fenómeno de que la humanidad no idolatra a alguien que realiza armoniosas figuritas de papel pero sí a uno que sabe pegarle patadas a una pelota). Lo que sí que me da la sensación es que todo este fenómeno está provocando un planeta más desequilibrado, con más injusticias, donde muchos tienen menos de todo y unos pocos tienen más de todo lo demás. Un mundo donde hay tanta gente con el cinturón apretado (tanto que, como en el caso de Túnez, acaban por cogerlo y ponerlo en la garganta de sus dirigentes) que apenas respiran. Una situación que no parece que se vaya a quedar en la crisis, sino que se quiere asentar a perpetuidad, no sea que vuelvan a fallarnos los números. Que se ha instalado a largo plazo, que viene para quedarse. Una visión que (en contraprestación con el estado de bienestar que algunos soñaron) ahora se nos impone. Y eso sí que es una realidad sólida como la roca, y no fuegos de artificio.

Y lo que haya que hacer para que el mundo avance y la gente prospere, habrá que hacerse: pero que no me digan que hay que aceptarlo simplemente porque unos cuantos y sus adoradores pretenden equilibrar unos números.


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Deguerrerosycautivas (3 noticias)
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