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Los aviones

24/05/2011 23:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Viajar en avión hoy por hoy es algo muy normal. En algunos trabajos imprescindible, y de una u otra manera todos en alguna ocasión debemos hacer uso de él.

Pero hay gente que lo pasa verdaderamente mal al volar y tiene que hacer un esfuerzo muy grande para subirse a un avión.

Ya casi nadie, salvo que el miedo sea absolutamente insuperable, deja de ir a un viaje porque lo pase mal en el avión, pero muchos lo superamos a base de pildoritas que nos lo hacen un poco más fácil.

O eso creemos.

Recuerdo un vuelo que tenía que hacer a Viena con mi marido.

Para él era un viaje muy importante porque lo había ganado con su esfuerzo y al viaje iban todos los jefazos de su empresa.

Para mí era estupendo ir a Viena a todo plan, invitada por la empresa de mi marido, pero yo no conocía a nadie y me iban a presentar a un montón de gente importante, por lo que estaba un poco nerviosa.

Además, como intuiréis, lo paso bastante mal en los aviones así que los nervios según se iba acercando el día del vuelo, se me estaban empezando a agarrotar en la garganta, y el pánico se apoderaba de mí.

Fui a mi médico a pedirle una ayudita y me recetó unas pastillas. Media o una, según te veas, me dijo.

Eso es un poco impreciso, porque yo me veía para tomarme tres o cuatro, pero en fin, me las llevé, y me dije a mí misma que sólo las tomaría si era necesario de verdad.

En la salita junto a la puerta de embarque, me noté nerviosilla que te cagas así que aprovechando la cuarta vez en media hora que iba a hacer pis ( por si acaso en el avión no funcionaba el water, que todo puede ser), me tomé una pildorita entera, para tener un vuelo relajado.

-Si te duermes mejor- me dijo mi marido. Así se te hace más corto, y cuando despiertes ya estamos.

- A ver si es verdad- pensé yo.

Entramos en el avión.  Teníamos el asiento B y el C de la misma fila.

Me pidió por favor sentarse en el pasillo, porque las piernas en el medio no le entraban bien, y sacando la rodilla al pasillo estaba mejor.

Me daba igual porque pensaba dormirme así que me senté en el medio. El asiento de la ventanilla estaba libre, y recé para que así siguiera, para cambiarme cuando hubiéramos despegado.

El último en entrar al avión era el de la ventanilla. Qué casualidad. Y además era el super jefazo de mi marido, al que no conocía más que de oídas y me daba miedo pensar en él, porque al parecer era muy estricto.

Resultó que era bastante majo, me lo presentó mi marido y se sentó en su asiento.

Comenzamos en agradable tertulia, hasta que el avión  empezó a moverse y yo me puse tensa.

Entonces me callé, como hago siempre que estoy nerviosa y cerré los ojos.

Mi marido y su jefe seguian charlando, y yo en el medio comencé a notar que la pildorita hacía su efecto y fui perdiendo el contacto con la realidad, primero a momentitos y luego ya a momentazos.

Quería decirle a mi marido que me cambiara el sitio, pero me daba apuro, por si su jefe pensaba que era descortés, y deseba fervientemente que fuera él el que lo dijera, pero igualmente supongo que no le parecía bien sugerirlo.

Así que nadie me cambiaba el sitio y yo, no era que no pudiera seguir la conversación, sino que la cabeza empezó a darme bandazos a los lados y para adelante y la baba se me caía por el costadillo, de la semiinconsciencia que me embargaba.

En mis ensoñaciones veía a mi marido poniendo cara de querer matarme, mientras me empujaba la cabeza hacia atrás, aunque irremediablemente volvía a caer hacia delante, impidiendo que los dos señores pudieran verse las caras, y el jefazo me miraba atónito y se inclinaba para seguir hablando.

No sé cuánto estuve así. Medio dormida, quiero decir. Porque en algún momento me quedé dormida del todo y ya no me volví a mover.

Desperté cuando ya aterrizábamos y me esperaba una reacción negativa de mis dos guardaespaldas ( o guardacabezas, según se mire) pero al desabrocharnos los cinturones, el super jefe me sonrió y me dijo:

- Qué, algo de sueño?

- Sí, en fin ...es que lo paso mal en los aviones...... y me mareo...los oidos....( en vez de soltarle: tronco, es que con la pirula iba medio drogada)

- Si nos lo hubieras dicho te habría dejado la ventanilla...

- Claro, cariño- apuntó mi marido- Cómo no nos has dicho nada....

Pues ala, la próxima vez, pediré ventanilla para poderme descalabrar contra ella y llevaré un cartel que diga: ¡¡¡Cuidado, mujer medicada contra el pánico al avión¡¡¡

Para que sepan a qué atenerse.

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Sobre esta noticia

Autor:
Cristina Arraibi (50 noticias)
Fuente:
treintayalguno.blogspot.com
Visitas:
3740
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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