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Locura en Miami VICE; Historia primera por Carlos Audaz

01/04/2014 21:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Siempre me gusto el éxito, el dinero y las mujeres, de eso nunca me ha cabido ninguna duda. Lo que no sabia hasta ahora es que también era un hombre de acción…

Después de un aburrida semana en la ciudad en la que residía decidí invertir mi tiempo durante todo un fin de semana en la maravillosa ciudad de Miami, tierra de oportunidades, mujeres de revista y coches caros. Alquile un coche con mis 3 mejores amigas y decidimos poner rumbo a la capital financiera de Estados Unidos, el lugar donde más dinero por minuto se mueve en toda América.

Lo cierto es que cuando me paro a pensarlo me doy cuenta de que estoy loco, es una locura razonada, es decir, sé lo que hago y ese es precisamente el problema, que soy demasiado consciente y uso habitualmente esa conciencia junto con mi habilidad social y mi ingenio para conseguir cosas. ¿Qué cosas? os preguntaréis, pues bien la pregunta esta fuera de lugar, tratándose de mi lo sabéis de sobra, básicamente dinero y mujeres.

La DOLCE VITA como diría mi hermano mayor David del Bass, alguien a quien quiero con locura, porque casualmente desearía compartir con él cada locura que vivo.

Acababa de recibir las llaves de un flamante SUV Chevrolet, con techo solar y escape deportivo, de esos que aunque el coche no corre una mierda suena como si llevases un Porsche 911.

Encamine mi ruta hacia Miami Downtown, el GPS hizo su trabajo y yo el mío, aprovechándome del cambio automático mi eterno miedo a gripar el motor se disipo instantáneamente, esta vez el coche cambiaba solo, siempre me gusto estirar las marchas en cualquier coche de gasolina, algo que en más de una ocasión me ha dado más de un susto. Faltaban 4 horas para llegar a la ciudad soñada y lo único que sentía era placer con cada acelerón, no quería que el viaje terminase, pero por suerte el Show de Carlos Audaz estaba apunto de comenzar y como único representante que era, esta vez no podía fallar.

Hice un par de paradas para comer algo mientras releía el capitulo 9 del libro ‘El Maestro de la Seducción’ de Erik von Markovic, un capitulo titulado "De fiesta en South Beach", la playa sur de Miami, la más grande y la más famosa, lo mejor de todo es que era allí justo hacia donde me dirigía. Os confieso que cuando leía el mismo pasaje del libro hace ya casi 5 años ni por asomo me imagine que un día iba a ser capaz de estar aquí, pero eso es otra historia.

Mi excitación comenzaba a incrementarse por momentos a medida que me imaginaba todo lo que estos tipos estaban viviendo en la novela, que si fiestas en su mansión, tías por aquí y por allá y los distintos personajes del libro hablando como siempre de sus curiosas vidas; El Rata, Matador, Lovedrop y Erik… imagine que yo era uno de ellos, lo que no pude imaginarme es lo que vendría los días posteriores, porque de lo que no era consciente es de que estos tres personajes tan solo eran una sombra de la realidad que estaba a punto de acontecerme, tan solo eran un juguete al lado mío, puesto que lo que estaba apunto de suceder cambiaría por siempre todos mis esquemas de lo que, hasta el momento, creía que era la realidad.

Tan pronto como llegamos al enorme chalet donde resido habitualmente cuando estoy en Miami, lo primero que hice fue darme una ducha, era el fin de semana de mayor ocupación hotelera en todo el año en la ciudad de Miami y yo por suerte tenia una mansión para compartir junto con 6 tías más, las tres que me llevaba más otras 3 que venían invitadas, la hermana de mi mejor amiga y sus dos espectaculares amigas, una jamaicana y otra venezolana, más tarde os contare lo que paso…

Me encontraba en la cama después de comer, sentía la energía interna que me decía que debía de salir ya de la casa, apenas había dormido un par de horas después del viaje pero algo me decía que las cientos de miles de Pool Parties de Miami estaban justo empezando, y yo debía estar presente.

Lo cierto es que estaba disfrutando y nada podía salir mal, tenia preselección hasta decir basta, todas ellas pasaban sobradas el 7 y medio, a excepción de la jamaicana, esa era sin duda un 9, tetas siliconadas, culo perfecto como caído de un cocotero y una sonrisa que nublaba la vista. Mientras todas ellas correteaban por la casa, me di cuenta de que aquello iba a ser un descontrol, las chicas estaban desbocadas y yo no estaba dispuesto a poner orden en aquel caos.

La historia que voy a contaros a continuación es de libro.

Lo primero que pensé cuando vi a la jamaicana fue que era demasiado para mi, venia de pasar un tiempo en la aburrida ciudad en la que estudio y mis garras estaban un tanto desafiladas, pero fue en ese momento cuando me di cuenta de que esto es como montar en bicicleta, una vez que lo aprendes puedes perder practica pero nunca lo olvidarás...

Mi ego sabe quien soy y os voy a contar un secreto que algunos ya conocéis y es que definitivamente soy un puto crack.

Empece a coquetear con ella mientras se cambiaba de ropa en el salón lleno de espejos, todas actuaban como si yo no estuviese allí presente, yo tan solo veía tetas, tangas, bragas y culos, eso era todo, hasta ahí alcanzaba mi visión, unos de un color y otros de otro, yo creo que por el simple hecho de que mi fama me precedía entre todas decidieron no darle ninguna importancia en términos de pudor a mi presencia, yo era el único tío de la casa y ellas estaban todas cachondas así es que el resultado de la ecuación estaba claro...

"Sabes que te encanta que te mire mientras te cambias" Le dije a la jamaicana, apenas la acababa de conocer pero el clima de diversión que se respiraba en la casa invitaba a decir casi cualquier cosa.

Me sonrió y siguió cambiándose, yo era consciente de que una cierta dosis de desinterés era necesaria para aumentar la atracción mientras la tía se despelotaba delante de mis narices. Cuando veía que dejaba de estar frustrada por el hecho de que no la mirase empezaba mi escalada mental, solo entonces empece a mostar un determinado grado de interés, le prestaba atención, le sonreía, pasaba por su lado y respiraba profundamente cerca de su cuello, le dejaba saber que esa noche podía convertirse en una digna aspirante a cabalgar mi duro mástil español, le deje que se imaginase que seria la capitana del barco, pero solo si pasaba todas mis pruebas, aquí el solicitado era yo y no ella, tenia que tenerlo claro.

Y os confieso que aquí el éxito se baso solamente en una cosa, permanecer como una roca todo el tiempo. Tenia claro que iba a ser ella la que me comiese la polla y no al revés, o al menos ese era el orden impuesto.

Poco a poco notaba como incrementaba su interés, mi valor ante sus ojos era obvio, acababa de llegar con 3 tías a la casa en un bonito coche y ahora me estaba durmiendo la siesta en una cama al lado del espejo en el que se estaba cambiando, y todo ello casi sin inmutarme, como si para mi todo eso fuese completamente normal, era inevitable que la tía me pusiese inmediatamente en su punto de mira.

Tenia su atracción, debía hacer que se sintiese cómoda, eso era todo... la seducción estaba implícita en cada bocanada de aire que exhalaba con fuerza de mis pulmones.

Eran las 6, hora de empezar. Salimos de la mansión en First Avenue con destino a Miami Beach.

Helen, la hermana de mi amiga, utilizo sus dotes de relaciones públicas para conseguir aquella noche todo aquello con lo que había soñado horas atrás.

Dos botellas llenas del mejor vodka francés Grey Goose me acompañaba junto a una piscina llena de mujeres, un club de ensueño situado en la famosa avenida Collins y un ambiente de película.

Empece a hacer juego, los test no paraban, la jamaicana bailaba con otros, me miraba de reojo esperando a ver mis reacciones, dispuesta a darme o restarme valor en base a como reacionase, como os digo mi valor era imparable y mi corazón parecía estar construido a base de irrompible diamante.

Como una tía 9 de 33 años estaba suplicando que bailase con ella, se sentaba en mi regazo, la estaba volviendo loca y cuando veía que alguno realmente intentaba escalar demasiado con ella sabia exactamente lo que tenia que hacer, lo que he hecho toda la vida, mostrar que no había competidores para mi, no me da miedo la lucha, nunca me ha dado.

Debido a mi traumática infancia llena de peleas constantes en las tierras del levante español aquello no suponía ningún sobresalto para mi. Cuando un negro de metro noventa se acerco hasta ella y empezó a tocarle el culo mientras bailaban mi reacción estaba clara, era lo que se esperaba de mi y eso fue lo que hice, era matemática pura, fui hasta él, le coji la cara con la mano abierta y lo aparte sonrientemente mientras mis pulgares apretaban con fuerza sus negras y sudorosas mejillas, aquella tía era mia y ningún negro iba a llevársela.

Nunca fui bueno jugando al baloncesto pero desde que sufrí siendo mas joven lo cierto es que era más que decente repartiendo leña y por suerte era consciente de ello. El alcohol hacia mella en mi sistema inmunológico y no iba a dejar que nada se interpusiese entre mi entrepierta y ese chochito jamaicano. El negro fue consciente de que se estaba enfrentando ante un desequilibrado mental que vestía una camiseta del campeón del mundo de Muay Thai, el tailandes Buakaw Por Pramuk, que lucia flamante y sonriente impreso en mi espalda.

Mi lenguaje corporal era de todo menos de hacer amigos, aun así mi sonrisa permanecía impasible grabada en mi cara, es lo que mi hermano Alvaro Reyes entiende como dominancia masculina, yo tan solo lo concibo como que no tengo miedo al dolor, siempre preparado para la lucha, en cierto grado soy capaz de disfrutar mientra recibo golpes, pero el mayor disfrute viene de mis rodillas capaces de alcanzar en un impacto certero a cualquiera de los presentes, estaba loco y lo estaba disfrutando. Aquel doble barato de Allen Iverson se desvanecio de inmediato.

Seguía el juego... su nivel de atracción seguía subiendo.
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Seguí bebiendo y demostré mas desinterés mientras hablaba con ella al oído, la agarre por la cintura y le dije "Sabes que eres mía…", la jamaicana reacciono de inmediato aprentandose hacia mi. Le lamí el cuello de arriba a bajo delante de todos los presentes, aquello estaba siendo una verdadera Pool Party, le comí la boca como si de un alligator se tratase, ahora todos sabían que era mía.

Ahora la preselección estaba haciendo su función en el resto de tías que me rodeaban, ella era con diferencia la más guapa y el resto de féminas lo sabían.

La seducción que durante tanto tiempo había estado tratando de comprender me decía ahora que tocaba mostrar mas desinterés, nunca me canso de aumentarme el valor, si puedo hacer que me vean como un dios en ese preciso instante lo hago, me di cuenta entonces de que no existía un límite en cuanto a valor percibido, siempre puedes ser percibido aun más valioso, realmente lo estaba disfrutando...

Me separe de ella con delicadeza y me acerque a la mesa donde estaba el preciado liquido francés con sabor a Crawnberry, sabia que por el camino seria abordado por alguna de las cachondas que rodeaban la mesa y asi fue.

Con mi sonrisa en la cara comencé a bailar con las dos primeras, como si de un juego se tratase me hicieron un Sandwich entre las dos ante la mirada atónita de mi objetivo ya establecido.

Seguí bebiendo y de repente empezó a diluviar. Miami estaba precioso bajo la lluvia, los flases de las discotecas de la Avenida Collins alumbraban el cielo que en pocos segundos se pinto de vivos colores de neón.

Empezó como de la nada una pequeña revuelta en el club, mis instintos me decían que no debía intervenir pero lo cierto es que siempre me ha gustado el tomate, el jaleo me encanta.

Mientras los dos negros se peleaban el resto de gente se echaba a los lados, vi que varios borrachos intervenían en el tema y no tenia excusa para meterme ahí dentro a menos que alguno de ellos tocase a alguna de mis chicas, mi mesa o mis botellas.

Uno de ellos cogió una de las botellas sobre la mesa con la intención de estampársela a otro y lo cierto es que se equivoco. Podía haber elegido cualquier otro objeto contundente para atizar a aquel negro pero no mi botellas de vodka francés, eso si que no.

Le retorcí de inmediato el brazo quitándole la botella de la mano y sabiendo que los de seguridad estaban mirándolo todo, grite bien alto "Security please!", el portero se dio cuenta de que uno de los individuos estaba cogiendo mi botella mientras se abrían paso ante la multitud. Tener a la seguridad de mi lado solo significaba una cosa y es que ya tenia permiso para empezar mi segunda parte del show. Le atice un rodillazo al costado a uno de los negros mientras la seguridad reducia al otro, cuando este se inclino hacia delante debido al dolor, tan solo tuve que reducirlo al suelo y ponerle un pie directo en la cabeza, pisandosela sin compasión, a fin de cuentas le había tocado el culo a mi objetivo y disfrute apretándolo con fuerza contra el suelo.

Todo el mundo estaba mirando el show que se estaba produciendo frente a mi mesa, la gente vitoreaba el espectáculo y yo me sentía genial, sencillamente genial, a fin de cuentas incluso parecía que era yo el que estaba ayudando a poner paz en todo aquel sarao, en tan solo un par de segundos los demás de seguridad habían llegado, cogieron a los dos individuos, nos preguntaron si estábamos bien y los sacaron del local, dándonos las gracias. Me encanta repartir sabiendo que el reparto no va a tener consecuencias legales para mi, solo solte el ancla cuando vi que la seguridad estaba de mi parte y no antes, repartir sí, pero con cabeza también, estaba borracho pero consciente, aquello era un autentico disfrute.

Minutos más tarde nos guardaron las botellas a mi nombre y salimos del local, todos nos dirijimos hacia un nuevo club donde Helen también tenia amigos.

Que fácil que es todo cuando estas pasando 6 tías buenas al local, ahí si que no te piden ni identificación, ni pagar entrada, ni ostias en vinagre, todos para adentro, más carne al asador.

El trabajo estaba hecho, ahora solo se trataba de aislar y crear confort. Más alcohol hubiese sido un error, sabia que estaba al límite, si seguía bebiendo iba a fastidiarlo todo, ese es el gran beneficio de haberlo fastidiado todo tantas veces durante mi infancia, la experiencia tiene un precio y era un precio que yo ya había pagado. Pedí una botella de agua, distraje a los potenciales bloqueadores, busque una salida de emergencia que diese a la calle y saque a mi objetivo con la excusa de dar un paseo, más tarde la incite a comer algo, seguí creado confort, le hable de mi trágica infancia, proyecte vulnerabilidad, quería que supiese que a pesar de todo lo que había visto aquella noche yo era tan solo un humano más.

Estuve riéndome con ella de camino al coche, pero yo era el único que sabia hacia donde nos estábamos dirijiendo realmente, mientras la excusa era ir a comer, no nos apetecía andar y tuvimos que ir directos a la segunda planta del parking en el que tenia estacionado el flamante Chevrolet Blanco.

Llegamos al coche entre risas, cogidos de la cintura... Abrí las puertas, y empece a meterle mano aprovechando la poca visibilidad que me daba el haber aparcado justo en la esquina, todo estaba cerrado menos el techo solar, puse la radio y los gemidos debieron de escucharse hasta en la cabina de seguridad del Parking, intente silenciar la situación pero no fue posible, aquello estaba desbocado.

Termine exhausto.

Tenia que comer algo así es que me dirigí a Wendy's a por una Hamburguesa con la mala fortuna de que se me ocurrió cruzar la avenida cercana a mi casa sin previo aviso, cruce en dirección contraria porque la calle estaba desolada, a esa hora no había ni un coche en la carretera, la chica estaba hambrienta y yo también. Justo cuando estaba entrado me di cuenta de que había sido observado por una patrulla de policía aparcada en el parking del restaurante "Mierda" pensé, ahora si que estamos jodidos.

Me di cuenta de que no había nadie en el coche, esta vez parecía que había tenido suerte y los policías debían de estar dentro comiendo, creía que nadie me había visto y cuando estaba pidiendo mi hamburguesa desde dentro del coche de repente me rodearon 4 policías, aparecieron como de la nada, intente mantener la calma, baje la ventanilla y...

"Goodnight Sir" le dije al primero de ellos. ‘Mire lo siento, se que he cruzado mal la vía pero no me he dado cuenta hasta que he terminado de pasar…‘.

"No hay confusión posible Señor" me respondió. ‘Licencia de conducir y seguro del coche por favor’ dijo el policía.

Aquí la tiene‘, respondí.

Vamos a proceder a sancionarlo por cruzar indebidamente en el sentido opuesto a la dirección de la avenida, manténgase en el coche, apague el motor y espere‘.

Así lo hice, intente mantener callada a la jamaicana mientras el agente escribía mi multa, la chica estaba demasiado excitada ninguno de los bandidos que hubiese conocido en su vida anterior le había proporcionado tantas emociones juntas en un tan corto espacio de tiempo, de eso estaba seguro, es una de las ventajas de estar loco.

Le acababan de echar la bronca por estar tocándome el rabo con su pie descalzo mientras conducía, los policías parecían haberlo visto todo.

Si pone usted así su pierna sobre el caballero es normal que el señor se haya distraído mientras conducía’ dijo el agente con un tobillo algo jocoso.

Joder, ahora el es el policía el que le esta tirando los trastos indirectamente a mi chica objetivo, ¿qué hago, lo magueo?... No mejor no, no era el mejor momento para ponerse chulo, la verdad que no, decidí tomármelo como un cumplido, mientras esos 4 gilipollas gordos vestidos de uniforme perdían la noche comiendo grasientas hamburguesas mientras fantaseaban con combatir el crimen en la ciudad de Miami, yo estaba cumpliendo mi fantasía y la estaba haciendo realidad, la jamaicana había caído.

Deje que terminasen de escribirme la multa, fui educado y me despedí con un cortes: "Goodnight gentlemans and thank you for taking care".

Encamine mi ruta hasta el McDonalds, me compre dos fabulosas ensaladas, una caja de condones y un bote de aceite Jhonsons Baby, eso fue todo lo que necesite para pasar la noche. Soy un superviviente y esta es mi historia...

Un saludo a todos y sed Audaces,

Para todos vosotros, con cariño desde Miami.


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seduccionysuperacion.com
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