Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Ander Iturri escriba una noticia?

Lincoln soñó con su muerte en atentado

08/05/2009 19:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lincoln, solía tener sueños premonitorios y creía en ellos. La víspera del atentado que le costó la vida (1865) tubo uno de esos sueños y creyó en el. En ese sueño se representaba su muerte y así ocurrió.

 

 

El escenario tenía muchos de los elementos de un drama clásico. El sueño como de “Casandra” había ocurrido; y existía asimismo la conspiración, el puñal y el asesinato en el palco de la historia. Mil novecientos años después era como si el César y Bruto estuvieran allí para resucitar el drama.

El presidente Abraham Lincoln solía tener sueños y creía en ellos, de hecho y metafóricamente. Esa noche había tenido pesadillas y cuando se despertó habló a su mujer Mary sobre ellas.

“Soñé -dijo- que me encontraba en un extraño e indescriptible navío moviéndome hacia una orilla indefinida. Luego nos dirigíamos hacia la Casa Blanca. Era de noche y todas las ventanos estaban iluminadas. Cuando llegué a las habitaciones del ala Este me encontré con un catafalco, uniformes militares y gentes deshechas en lágrimas. Oí una voz que decía: “El presidente ha sido asesinado”. Entonces me desperté”.

El Presidente Lincoln había sido reelegido para su segundo período sólo un mes antes, la guerra Civil había quedado atrás. Continuaban las amenazas contra su vida, las cuales eran archivadas en unas carpetas que llevaban el título de “Asesinato Presidencial”. No había cosa que le deprimiera más.

En Washington aún se celebraba con galas el final de la Pascua, Los generales victoriosos parecían emular a sus colegas de la vieja Roma. Las calles adornadas con banderas, el final de una terrible guerra civil.

Todos reían como no habían reído durante los cuatro años de en contienda. Los árboles empezaban a florecer. Era primavera en todos lo sentidos.

Pocos, seguramente advertían, esa mañana a hombres del Servicio secreto que se abrían paso entre la multitud para dirigirse a la Casa Blanca. Circulaban rumores de intentos de asesinato del Presidente y del Héroe yanqui de la Guerra Civil, el General Grant. Ambos debían asistir a una gala teatral aquella noche.

Sus sueños eran inexorables: así pensaba el presidente.

Lincoln recibió la información con una sonrisa. Estaba agradecido por ella, pero no le haría desistir de sus propósitos de ir al teatro. El Presidente hizo una comida sencilla y se reunió con su esposa Mary para desfilar en un carruaje abierto saludando atentamente a los que pasaban y a los curiosos.

Durante el trayecto, Lincoln habló a su esposa de las esperanzas de su segundo período presidencial. Se retiraría cuatro años después, pensaba en voz alta.

Más adelante, Mary Lincoln recordaba la falta de tono sincero en la voz del Presidente: sus sueños pesaban sin duda mucho más que sus convicciones. Estaba sin duda tratando de convencerse a sí mismo .

Mientras Lincoln cenaba en la Casa Blanca, un actor fracasado John Wilkesbooth, quien había apoyado a los estados sudistas durante la Guerra, estaba encarnando el rol de Bruto. Booth se pasó toda la tarde en el “Ford´s Theatre” de Washington espiando a través de un agujero  el palco presidencial, el cual tenía dos puertas.

El presidente Abraham Lincoln solía tener sueños y creía en ellos, de hecho y metafóricamente. Esa noche había tenido pesadillas y cuando se despertó habló a su mujer Mary sobre ellas.

Conocía bien el teatro y después de terminar su macabro trabajo en el palco presidencial se fue a la puerta del escenario, donde había arreglado para tener un caballo listo para su huída. Echó una última mirada a la calle y satisfecho con su última inspección, se alejó.

Abraham Lincoln, delgado, con su larga barba y su aspecto de hombre melancólico, se mantuvo un momento en pie bajo la bandera de la Unión. Luego se sentó y la obra comenzó.

A las 10 en punto, John WilkesBooth llegó a la puerta exterior del palco presidencial. En unas breves palabras con el ordenanza , con palabras que fueron un susurro, dijo que tenía un mensaje urgente para el Presidente. El ordenanza, estúpidamente dio entrada al ex actor.

Entre las dos puertas, la exterior y la interior, Booth preparó la cuña de madera que habí fabricado de antemano para abrir el palco y luego miró por el agujero de la puerta interior para ver dónde se sentaba exactamente el Presidente. Con una pistola en una mano y un puñal en la otra abrió la puerta interior y penetró en el palco.

El atentado paraliza al país: el Sur se ha vengado.

El Mayor Rathbone, al alado de Lincoln miró soslayado y con instinto de soldado levantó un brazo, quizás al darse cuenta de que quien entraba era un sospechoso. Era demasiado tarde. Antes de que Rathbone pudiera moverse Booth levantó la pistola he hizo un disparo a quemarropa en la parte posterior de la cabeza de Lincoln. Ese te desplomó, como césar antes del golpe mortal del asesino.

Booth lo había calculado todo para escapar, pero se cayó rompiéndose la pierna.

El público y los actores se habían quedado como paralizados por la rapidez de los acontecimientos y el sonido del disparo. Pero al ver a Booth con su puñal en la mano, todos se alarmaron, sin saber qué hacer mientras el asesino se ponía de pie. Entonces Booth gritó: “¡El Sur ha sido vengado!”. Fuera estaba el caballo que le esperaba.

Inmediatamente, los soldados se movieron persiguiendo al asesino. Pero hubo alguien que no pudo moverse: el Presidente. Trasladado con vida a la Casa Blanca, murió al día siguiente, a las 7:25 de la mañana.

Aquella noche, todos lloraban en Washington. Las banderas victoriosas fueron retiradas y la gente se puso  corbatas negras. Pronto la policía de Washington descubrió que Booth no era un maniático aislado. Había otros mezclados en un complot para asesinar al Presidente y sus ayudantes. Uno de ellos era Powell, quien intentó asesinar a William Henry Seward, secretario de Estado. Los cuatro fueron ahorcados el 7 de julio de 1865. Todos ellos pasaron a la historia, por mucho tiempo. Sólo Booth permanece en ella. Y Lincoln, quien creyó en sus sueño premonitorio pero no hizo caso de él.


Sobre esta noticia

Autor:
Ander Iturri (9 noticias)
Visitas:
19419
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.