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Licencia para matar

04/06/2010 17:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Análisis de uno de los films de James Bond menos conocidos, protagonizado por Timothy Dalton

Una película de James Bond puede analizarse desde muchos puntos de vista (de hecho, todas las películas pueden ser visionadas teniendo uno u otro aspecto en particular), lo que nos daría pie a valorarla de forma diferente, dependiendo de la perspectiva con la que se aborde. Lo lógico sería analizarla desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, pero eso podría ser terriblemente aburrido y evidentemente sesgado porque es difícil ver un film de James Bond sin tener en cuenta las otras películas de la saga. El mismo enunciado lo indica: vamos a ver una película “de James Bond”, no de un director u otro, o de un equipo técnico y artístico concreto, sino de un personaje en particular que con el tiempo se ha convertido en un icono pop y en un referente cultural más o menos influyente. Si ponemos por caso Licencia para matar, un crítico de formas más bien clásicas (sin que eso suene a descrédito) diría que la película tiene un sólido guión, en el que se conjugan con acierto la acción propiamente dicha con la evolución dramática de Bond, algo poco habitual en las películas del agente secreto, en las que el personaje tiende cada vez más a la caricatura, especialmente desde la época de Roger Moore. Pero eso no nos diría nada especial, si acaso que la novedad reside en que Bond no lucha por una misión para salvar el mundo, sino que ésta es un asunto personal, lo que dota al personaje de cierta humanidad. Y a partir de esa afirmación, podríamos adoptar la perspectiva del fan de la saga, aquel que valora los filmes de 007 a partir de su evolución iconográfica, de sus mitos particulares, de sus anécdotas, de los actores que han adoptado el gesto y las formas del famoso espía, de todo aquello que va más allá del estricto análisis crítico para adentrarse en lo que llamaríamos “cultura popular”, en los que se incluyen los trekkies, los seguidores de Star Wars o de cualquier otra franquicia famosa (teniendo en cuenta que eso de “franquicia” es un neologismo que sirve tanto para los McDonalds como para las películas de un héroe de la Marvel). Son esos mismos seguidores los que se negaron a aceptar a Daniel Craig como James Bond porque era rubio, o a George Lazenby porque 007 se casaba en 007 al servicio de su majestad y dejaba apartada su vertiente mujeriega… y quizás también los mismos que le dieron la espalda a Timothy Dalton, porque sólo encarnó al agente secreto en dos ocasiones, siendo Licencia para matar la última de ellas.

Sin embargo, uno podría preguntarse el por qué de la elección de Dalton, que dotó al personaje de una extraña debilidad y de un carácter dubitativo, e intentó sortear los estereotipos que un film de este tipo siempre debe cumplir. Ahí entraría un análisis sociológico de la cuestión, que es quizás el más interesante porque la saga de James Bond nos permite rastrear aspectos culturales a lo largo de casi medio siglo, y esos aspectos serían por ejemplo valorar cuáles son los enemigos de Occidente en cada época, o qué papel ha ido jugando el concepto de héroe desde los años 60 hasta la posmodernidad. La primera película de Timothy Dalton, Alta tensión, es significativa en ese sentido porque significa el fin de la Guerra Fría como eje central de la acción. Los villanos del film no son agentes soviéticos encargados de destruir el modus vivendi del mundo libre, sino que son disidentes rusos que quieren acabar con el proceso de liberalización de la perestroika y la glasnost, lo que dota a la película de un peculiar claroscuro que influye en el carácter de Bond y en sus decisiones. No obstante, una vez finiquitado el comunismo y derruido el muro de Berlín ¿quién es el enemigo? Licencia para matar pretende buscar una salida a ese callejón sin salida. Por una parte, el malo es un traficante de drogas, lo que es una solución muy socorrida pero carente del glamour de una buena trama política; por la otra, convertir la misión de Bond en algo personal, en un ajuste de cuentas en la que el espía, apartado del servicio, actúa por libre y sin órdenes superiores. Están en juego, por lo tanto, cuestiones como el honor o la venganza, aspectos estos de los que 007 nunca tuvo que preocuparse anteriormente, y que supusieron que muchos seguidores se sintieran con razón defraudados.

La película tiene un sólido guión, en el que se conjugan con acierto la acción propiamente dicha con la evolución dramática de Bond

En todo caso, un crítico que no fuera un seguidor de las películas de James Bond valoraría un film como Licencia para matar desde ese punto de vista sociológico. Más que nada porque permite mayor elucubración e impide una mayor implicación emocional hacia un arquetipo al que el tiempo no ha hecho mella. Los cánones sirven para eso: mantenerse para ser comparados, cambiar sus formas para que nada cambie, y adaptarse a los nuevos tiempos para seguir siendo lo mismo.


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Detective Salvaje (61 noticias)
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