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Libia no es Irak... aunque se empeñen

24/03/2011 00:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Luz de Gas

Libia no es Irak... aunque se empeñen

Anda la alegre muchachada mediática gozosa y transida de emoción al entender que la intervención militar española en Libia conjura todas las críticas vertidas en su día contra Aznar por su irrefrenable ardor guerrero que le llevó a apoyar sin ambages, en nombre de España, una ocupación del país que en nada tiene que ver con la situación actual.

Da un poco de pereza, la verdad, tener que señalar cuestiones tan obvias, pero visto lo visto y los ingeniosos titulares de "Zapatero va a la guerra" o "ZP: sí a la guerra", hay que recurrir a un mínimo de rigor para que las cosas queden claras y en su sitio. Guste o no hay, por tanto, notorias y sustanciales diferencias.

El paraguas de la ONU

Hace ocho años Bush, Blair y Aznar, decidieron ir a la guerra, en aquella mítica reunión de Las Azores, y poco les importó que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no respaldará aquella intervención convirtiéndola, por ello, en ilegal. Es cierto que la ONU no se pronunció en contra de aquella guerra, pero tampoco lo hizo a favor, faltando, por tanto, su cobertura, un paraguas que ahora si se ha abierto de manera clara y precisa con dos resoluciones (1.970 y 1.973) que establecen perfectamente la dimensión y los límites de esta intervención militar internacional.

Apoyos internacionales

Además de Naciones Unidas, la intervención en Libia ha recibido el apoyo del Consejo Europeo, de una buena parte de los países líderes de la UE en París y de la Liga Árabe. No se trata de una aventura alocada, sino de defender a la población civil que está siendo machacada por el sátrapa Gadafi. Eso es comprobable y se sabe el alcance terrible de su represión. Aquí, le pese a quien le pese, no hay armas ficticias de destrucción masiva, sino una ciudadanía sojuzgada y masacrada por un tirano.

Coherencia democrática

Si se defienden valores como la libertad, la comunidad internacional ha de comprometerse a defenderla. Ocurrió en Afganistán, y España respaldó la intervención; también en Sudán, para defender a la población en Darfur, y España apoyó esa acción militar; sucedió en Bosnia, bajo mandato de la OTAN, y nuestro país estuvo a favor de poner coto a la masacre de Milosevich; y ocurrió también en 1991, cuando Felipe González no tuvo dudas a la hora de respaldar a la coalición multinacional que intervino para finalizar la ocupación iraní de Kuwait. Como se ve, hay precedentes. Que la guerra de Irak fuera contraria a las normas internacionales, no quiere decir que la de ahora en Libia, o las anteriormente señaladas, tengan que compartir aquel error debido exclusivamente a la obcecación irresponsable de Aznar.

Insultos para todos

Tan envalentonados están algunos que además de querer confundir la situación para asemejarla a la de entonces, aunque no tenga nada que ver, se han lanzado a proferir insultos a diestro y siniestro contra los "titiriteros", los de la "ceja", y todos los que se le pongan por delante. En esta columna se han criticado muchas iniciativas y actuaciones de José Luis Rodríguez Zapatero, por ello existe legitimidad para decir que su actuación en este tema de Libia es irreprochable y ajustada a la legalidad. Hay que recordar que fue su gobierno quien aprobó una Ley de Defensa Nacional que hace obligatorio solicitar permiso al Parlamento para que las tropas españolas puedan participar en una operación como la que ahora se está desarrollando en Libia. Otra pequeña diferencia de matiz.

Hilo directo con Rajoy

Y, por último, fijémonos en otro detalle significativo. En los pasados días Zapatero, a diferencia de lo que hizo con él Aznar, ha telefoneado a Mariano Rajoy unas cuantas veces y le ha tenido informado de todas las novedades de esta intervención. Hay que felicitarse por ello, porque es lo correcto. Como también hay que hacerlo, es de justicia, del tono general de su discurso en el Congreso. Resultó correcto, con matices, y alguna puya soterrada, y su apoyo fue indubitable. Ahora sería bueno que alguno de los suyos, los más conspicuos, tomarán nota y no se empeñaran en mezclar Libia con Irak. O peras con manzanas, que diría Ana Botella.

Antonio San José es periodista y analista político


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