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La Leyenda de Troya y los sueños infantiles

04/09/2009 17:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde que Homero escribiera la Iliada, Troya ha sido el legendario sueño de miles de lectores y aficionados a través de los siglos, pero hubo alguien para quien se convirtió en algo más que un sueño

Desde que Homero escribiera la Iliada, Troya ha sido el legendario sueño de miles de lectores y aficionados a través de los siglos, pero hubo alguien para quien se convirtió en algo más que un sueño: fue su proyecto de vida. Y es que a veces los sueños infantiles pueden convertirse en realidad cuando se trabaja con ilusión y tesón. Esto más o menos es lo que le ocurriría a Heinrich Schliemann, quien desde que vio una ilustración de un grabado de Troya en un libro que su padre le regaló a la edad de ocho tiernos años, no tuvo otra cosa en mente que descubrir sus restos: su vocación estaba dispuesta y su suerte echada. Hechizado por la historia de Troya y entusiasmado por Homero, decidió que en el futuro se dedicaría a su búsqueda. Pero esto le iba a costar aún muchos años de arduo trabajo. Con el fin de prepararse para la acometida, se dejó seducir por las hazañas de Aquiles, Héctor y Ajax de la pluma de Homero, se introdujo en el mundo antiguo, estudió griego con ahínco para leerlo en su lengua original, todo mientras trabajaba de humilde mozo en una tienda. Pero él sabía que necesitaba dinero para un empresa como aquella y que era necesario ganarlo, así que montó su propio negocio y, como si los dioses le hubieran sido propicios para el menester que le había impuesto su propio destino, logró prosperar: su constancia y tenacidad le habían abierto la primera puerta. A la edad de cuarenta años había reunido una pequeña fortuna y pudo retirarse con suficiente dinero para su propósito.

Lo siguiente que hizo fue hablar con el arzobispo de Atenas para que le buscara una joven esposa que cumpliera cuatro condiciones: ser bella, de carácter amable y debía conocer las obras de Homero. Increíblemente, también en esto los dioses le fueron propicios y en poco tiempo encontró a la chica, una ateniense de 16 años llamada Sofía que tenía la misma pasión por Homero.

En 1871, acompañado de Sofía, partió hacia los Dardanelos en busca de la ventosa llanura de Troya. Reunió a 80 trabajadores y, dando crédito a una tradición local que situaba a Troya cerca de Hissarlick, una montaña que se erguía frente a la península de Gallípoli, comenzó las excavaciones. Pero entonces no existían los medios actuales y era arduo difícil excavar en el terreno, costaba mucho trabajo, aunque no se rindieron. Abrieron una gran sima sobre la tierra, dejando al descubierto una confusa masa de ruinas que más tarde serían identificadas como los restos de 57 ciudades antiguas, unas sobre otras. Los trabajos siguieron durante dos años más y, por fin, el 14 de junio de 1873 un formidable tesoro emergió de la tierra ante él: 8.700 objetos de oro entre joyas, copas, jarrones y una fabulosa diadema fabricada con 16.000 piezas de oro macizo. Schliemann, con lágrimas en los ojos, se acercó a su esposa con ella y se la colocó en la cabeza. Cariño, en este momento luces la corona de Elena de Troya, le dijo.

"Dando crédito a una tradición local que situaba a Troya cerca de Hissarlick, una montaña que se erguía frente a la península de Gallípoli, comenzó las excavaciones."

Pero estaba en un error, aunque no lo sabría hasta mucho después. Aquella ciudad no era Troya, sino otra aún más antigua, y la diadema, del año 2300 antes de J.C., correspondía a otra princesa que vivió más de 100 años antes del nacimiento de Helena.

Poco antes de morir fue informado de su error, pero los arqueólogos posteriores le reconocen la gloria de haber hallado el emplazamiento de la legendaria ciudad y de haber demostrado que fue centro de una esplendorosa civilización, tal como aseguraban las leyendas locales.

Hoy se sabe que la Troya de Homero fue destruida hacia el año 1250 antes de J.C. y que Schliemann había pasado sobre sus cenizas al excavar las 57 capas.

Diríase que en el destino de este hombre había una clara meta que debía cumplir. Quizás no sea tan descabellado perseguir una estrella y los sueños infantiles sean auténticas revelaciones del camino que ha de seguir nuestro destino, lo cierto es que en este caballero se cumplió un sueño.


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S.march (2 noticias)
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