La leyenda de la alondra negra

LA LEYENDA DE LA ALONDRA NEGRA
Más allá de los verdes prados ondulantes y ubérrimos campos de avena y doradas mazorcas enhiestas, en perpetua genuflexión ante redondeados oteros y ancianas montañas desdentadas, despliega su centenaria belleza forestal el bosque de la alondra negra.
Cuenta la leyenda que su canto melodioso y atiplado podía oírse a cientos de kilómetros de distancia y que su melíflua tonada poseía el don de la sanación, bendeciendo los corazones de los afligidos y anegándolos de rutiancia, esperanza y esplendor.
Cuenta la leyenda que un depravado cazador furtivo la aprehendió y la mantuvo cautiva en una jaula enrejada y exigua, donde feneció de pura melancolía y aflicción, al no poder con su tonada prodigiosa sanar las cuitas del corazón.
Otra leyenda, mucho más ufana y jocunda, postula que escapó y emigró lejos, más allá de los oteros redondeados y las ancianas montañas desdentadas, y que su canto atiplado sigue dulcificando la umbrosa angustia del corazón.
La pequeña Belinda nada sabía de aquella historia atávica, legendaria... por ello, arrumbó en un rinconcito de su corazoncito los mínimos pespuntes de coraje que había logrado acorazar en su espíritu de niña risueña y resuelta, arredrada ante el arcano sonido de la hojarasca y el trino fascinante de un pájarillo que no podía ver, pero que presentía cercano...
Jugando, la pequeña Belinda se había extraviado en el tenebroso bosque de la alondra negra.
No recordaba el sendero serpenteante y angosto que conducía a su morada, en el castillo de su madre, la condesa Cristina Von Fly.
Tenía mucha hambre, echaba de menos las opulentas y copiosas viandas servidas cada mañana en los gigantescos salones de palacio. Ahora sólo podía pensar en su madre... estaría tan furiosa con ella, por quebrantar constantemente sus órdenes expresas de no alejarse jamás de las dependencias del castillo... y mucho menos, adentrarse en el misterioso bosque de la alondra negra....
El rumor de la hojarasca, de pronto, se tornó en sonido inequívoco de pisadas que se aproximaban...
En seguida surgió entre el tupido follaje una aterradora y enigmática dama ataviada enteramente de negro, como una joven doncella excomulgada que hubiera enviudado de una manera atroz y precoz.
La envolvía una espesa bruma rizada y giratoria que se arremolinaba en torno a su figura esbelta y agraciada. En sus manos portaba el cuerpo, aparentemente inerte, de un bebé recién nacido. La muda doncella parecía tan etérea como su vaporoso vestido de finísima gasa y seda.

La turbia neblina parecía atenazar entre sus pliegues de tirabuzones un inmenso espejo hermosísimo, donde la inesperada visitante se miraba con autocomplacencia y flagrante vanidad, acaso embelesada con su propia imagen reflectada en el espejo.
Finalmente la miró con turbación y efímera curiosidad y tendió sus manos en ademán afrentoso... quería que la niña aceptara algún tipo de presente.
La pequeña tomó entre sus manos a la preciosa avecilla, cuyo trino le había sobresaltado e inspirado recelo y temor.
Inmediatamente, la alondra la agasajó con su canto impetuoso. Su trino le inundó el corazón de júbilo y efluvios de felicidad que dimanaron por su torrente sanguíneo como una savia renovadora.
Belinda acarició su plumaje pardo, negruzco, oscuro... entonces, la alondra echó a volar y la niña se puso a llorar y temblar, pues ahora que había escuchado su canto pensaba que no podía existir en todo el mundo un sonido más hermoso.
La intención de la alondra, sin embargo, no era abandonarla a su suerte, dejarla alli sola.
En el aire, comenzó a realizar cabriolas y piruetas circenses que arrancaron risas de gozo en la dulce y risueña Belinda.
La alondra volaba a toda velocidad, viraba, se detenía de repente, giraba, mientras la niña reía dichosa.
Atravesaron el bosque, unidas la alondra y la niña, por el vínculo de la fantasía.
La pequeña brincaba de alegría escuchando su fabulosa melodía, su hermosa algarabía de trinos.
Recorrieron multitud de senderos, cruzaron arroyos y ascendieron por abruptos terrenos escarpados.
Entonces, la alondra y la niña se detuvieron exhaustas en medio de un altozano.
Belinda escudriñó la lontananza y oteó a lo lejos la figura esbelta y espigada del castillo, de muros ebúrneos acariciados por nieblas perpetuas.
Al momento, atisbó a su madre, que corría a toda velocidad en su dirección. La había visto y acudía a su encuentro...
La niña se estremeció de felicidad y aprensión y quiso acurrucar entre sus manos a su salvadora, la alondra negra, pero en el aire, ese escenario flotante donde había realizado aquellas maravillosas cabriolas aéreas, sólo quedaba el murmullo adormilado de la brisa.
Belinda Corrió nuevamente hacia la inextricable espesura del bosque, en su busca, y entonces escuchó su canto, que se alejaba lentamente y se perdía en la frondosidad como un destello menoscabado y decadente.
Desolada, retornó junto a su madre, que la esperaba con los brazos abiertos y el rostro arrebolado por el soponcio y el pavor a perderla.
Esperaba su reprimenda, una severa reconvención... pero su madre había pasado tanto miedo que sólo acertó a prodigarle abrazos y besos y rogarle que nunca jamás volviera a alejarse del castillo sola y sin su permiso.
Belinda asintió y se disculpó entre terribles sollozos irrefrenables. Entonces, comenzó a narrarle sus aventuras en el bosque.
Cuando hubo concluído, su madre, ya de regreso al castillo, le contó por primera vez en su vida la leyenda del bosque de la alondra negra.

Añade tu comentario
Comentarios de La leyenda de la alondra negra
Sobre esta noticia
Autor: Victor Virgós (557 noticias)
Fuente:
Visitas de esta noticia: 711
Tipo: Reportaje
Esta noticia se publica con licencia: Copyright autor
- 1Las 'abuelas' rusas y la Amy Winehouse italiana dan la nota de color a la gala de Eurovisión
- 2Kincaid Y James 04 - Nadie Llora Al Muerto (Deborah Crombie)
- 3Kincaid Y James 03 - Un Pasado Oculto (Deborah Crombie)
- 4Kincaid Y James 02 - Todo Irá Bien ( Deborah Crombie)
- 5Kincaid Y James 01 Vacaciones Trágicas (Deborah Crombie )









