Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Rupert escriba una noticia?

¡Leer te lleva a donde quieras!

08/05/2009 06:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El autógrafo que Bryce Echenique nunca llegó a escribir en la Vida exagerada de Martín Romaña durante una conferencia en Lima Norte, hace más de dos semanas.

 

Viernes 17 de abril. Feria del Libro Lima Norte. Quince minutos después, pienso, al lado de Gabriela, y al lado de La vida exagera de Martín Romaña, a quienes abrazo e intento proteger con sumo cuidado, a pesar de mi pusilánime celo por imaginarlos desprendidos de mi febril protección, que tarde, virtud ecuménica que nos simboliza como peruanos, tardísimo, después de una hora, mientras espero ansioso, angustiado e indeciso darle la mano a Bryce, y si, los que lo rodean, me lo permiten, arrancarle un par de palabras, y decirle, cómo lo admiraba desde años, para Guillermo, por favor, sí, en la primera página, años esperé conocerlo, una ilusión menos en qué pensar, para luego, resignado e incrédulo, por haberlo escuchado fabular sobre sus Anti-memorias, su obra literaria desde Huerto Cerrado hasta El Hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, de su absurdo e incómodo paseo en bote con Fidel Castro y Gabo, de su estrecha relación con Perugia, de los manuscritos perdidos de su primer libro de cuentos, de los personajes típicos al estilo Bryce, bohemios, en busca del amor, viviendo situaciones exageradas, de desilusiones, etcétera, al menos, vana ilusión, pudiera concederme, si bien ya no un intercambio de palabras, o un apretón de manos, o una confesión sumisa de maestro a infame admirador, como última oportunidad, como una gota de reciprocidad a más de dos horas de espera, el irrisorio autógrafo de quien viene más de una hora solo moviendo su mano de un lado hacia otro y viendo pasar, cada minuto, rostros desconocidos.

 Cada minuto, mientras sigue creciendo más, de dos, de tres, familias enteras, la aglomeración por no perderse una sola pausa de Bryce, mientras él levanta su vaso de agua, y carraspea su garganta por la resequedad, sus libros, La vida exagerada de Martín Romaña no, se agotó, siguen llegando a cada vez más manos, esperando, terminada la conferencia, que la firme estampa de su escritor favorito quede garabateada en sus libros recién adquiridos.

 Son más de la ocho de la noche, los organizadores, quienes dan boletos en mano a todos los que tienen un libro de Bryce entre las axilas, avanzan, entre la gran espera por el autógrafo del gran escritor, disparatados y frenéticos, sin intención de poner orden a la gran masa de niños, señoras y estudiantes que engruesan aún más la larga cola de espera, y todos parecen no entender nada, ¿Qué ya no hay más boletos?, ¿y los boletos para qué son? Preguntan las demás personas atrás mío, que para curiosidad, me acechan indirectamente por ser el último en tener un boleto en mano. Una de las organizadoras no nos mira, ni menos pone un gesto de fastidio, simplemente nos ignora, y nos deja hundidos en una incertidumbre de saber si no estamos parados banalmente fuera de la Feria, evadiendo, cada pocos minutos, los autos que pasan. Miren, les dijo a Gabriela, y a un amigo que conocí en la conferencia, luego de un largo silencio, ese de vincha roja, y pelo alborotado, ¿saben quién es? Los dos me esquivan. Daniel Alarcón. El peruano que vive en Estados Unidos, y que estuvo en Bogotá 39 con Roncagliolo y Thays. Hombre, el autor de Radio Ciudad Perdida.

         –Mira, Memo, si lo conoces, anda y háblale –me dice Gabriela–. No pierdas esta oportunidad, no creo que la vuelvas a tener.

         –No. No sé qué decirle –le dijo, dudando–. Además, la brisa entre escritores, o bueno entre escritor y aspirante,  nos conecta más que las palabras.

Entonces, le dijo a Gabriela, mientras la acompaño al paradero difuso que se forma entre el sinfín de negocios que aguardan en la avenida de su casa, que leer te lleva a donde quieras...

         – ¡No jodas hombre! –Me dice Gabriela–. Anda y conversa con él, no seas tímido.

 9 p.m. Con una mano diligente la anfitriona del evento nos dice risueña, complaciente, que el señor Bryce no puede seguir firmando autógrafos, que ya se cumplió el tiempo acordado para la firmas. Pero yo tengo Ticket, y diez personas más, delante de mí, me siguen, y con libros alzados y con rostros furiosos las cincuenta personas más detrás de nosotros empiezan a gritar “Don Bryce no se vaya, aun queda gente esperándolo”. Pero Bryce con su saco color gris saluda pérfidamente a los que seguimos esperando su autógrafo y, ayudado por su seguridad, se va retirando de la conferencia. “treinta y cinco soles al agua, putamadre”,  gruñe una señorita detrás de Gabriela y de mí. Don Bryce, porque suelen pasarme situaciones tan exageradas.

 Prendo un cigarrillo, y uno a uno voy viendo abandonar, aletargados, la Feria a más de cincuenta personas, sin su autógrafo soñado. Es la segunda vez que hacen una Feria de Libro en el Cono Norte, sin embargo, eso no desmerita la desastrosa y dantesca organización que tuvo la conferencia para poder conocer y saber más de Bryce, a pesar de una podredumbre lectora, aún más agudizada en los conos, que, sin embargo, tenían toda la intención y motivación, pero que todavía algunos no sobrepasaban la línea de ¿quién es ese viejito que está hablando?

Daniel Alarcón, quien estará a cargo de un concurso de crónicas en la Feria, se acaba de ir, también, en un auto, y mi ilusión, que con el pasar de los minutos fue convenciéndome que no tenía nada que perder acercarme a él para conversar un momento, se diluyó para siempre, y mis enormes esperanzas que grandiosos escritores como Bryce, como en la conferencia de hoy, puedan incrementar y azuzar a que todos nos acerquemos más a los libros, también se fue diluyendo y nublándose por exasperados rostros que me vienen diciendo con la mirada que me retire, de una maldita vez, de la Feria.  Entonces, le dijo a Gabriela, mientras la acompaño al paradero difuso que se forma entre el sinfín de negocios que aguardan en la avenida de su casa, que leer te lleva a donde quieras, pero que esta noche solo me lleva a no querer pisar una Feria más en mi vida.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Rupert (1 noticias)
Visitas:
7904
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas
Personaje

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.