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El lector, especie en extinción

21/05/2009 22:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Entrevista realizada en Honduras a Eduardo Bähr, por el periodista Rafael Mora, colaborador de la Editorial Voces de Hoy

El lector, especie en extinción

RafaelVivimos en un mundo donde las personas, inmersas en la vorágine que imprimen estos tiempos, están apartadas del papel fundamental de la literatura en la sociedad como elemento cultural y enriquecedor.

Esta separación se debe a incontables motivos y a pesar de los avances tecnológicos, interesante paradoja, el lector como figura corre el peligro de engrosar la lista de las especies en extinción.

La mencionada amenaza no respeta fronteras, latente está en cualquier rincón del planeta, por lo que Voces de Hoy desea presentar desde Honduras, la opinión de uno de los escritores contemporáneos más destacados de la región latinoamericana, Eduardo Bähr, en cuanto a la situación por la que atraviesa la literatura hondureña:

Desde el decenio de los noventa, finales del pasado siglo, se produce una efervescencia en todos los órdenes literarios y artísticos de Honduras que, después de las guerras centroamericanas habían estado orientados al tema social revolucionario. Lo más preponderante de ese decenio fue la toma de espacio por parte de las mujeres poetas (con la publicación de la Antología de Ada Luz Pineda –del más de centenar de poetas mujeres no necesariamente tiene que tomarse en cuenta la calidad, que se circunscribe a unas pocas- y de la entrada en escena de los y las cineastas (odio el término por cacofónico y por ahora sin sinónimo). Lo más importante de ese sector es la directora Katia Lara, que estudió en la República Argentina. Con el auge de la ‘poesía web’ en el país cuya afinidad es, desde la primera identificación, la mediocridad y el desparpajo, se produce una eclosión del género, escogido por la juventud, sin que aparentemente guíe para ello causa alguna y se escriba más por afán ego centrista que por comunicación. Resumo que la literatura hondureña, con más éxito en lo que va del siglo XXI en la narrativa joven y que va de la mano de los viejos narradores –Julio Escoto-, es más de significante y volumétrica, que de cuidada semántica. Sí hay, eso es cierto, un avance en el teatro de autor y en el teatro grupal como no se había dado desde los decenios de los sesenta y setenta. A la literatura hondureña le pasa lo que al fruto del limón: no es nada mientras no se exprima y se decante.

De sus palabras se desprende que en la actualidad sí existe una literatura joven ¿cómo se manifiesta la producción de estos nuevos escritores?

Tengo una fuerte impresión acerca de que es más voluminosa que cualitativa; con el agravante de que se ha retrocedido en el individualismo ego centrista, en detrimento del distanciamiento que ya se había logrado con los poetas de la generación de la Guerra y la del inicio de la Posmodernidad en los decenios ochenta y noventa.

Muchos escritores se quejan del elevado costo de las publicaciones, ¿cómo evaluaría el trabajo editorial en el país?

Me parece que, con un par de honrosas excepciones, la labor editorial persigue el afán mercantilista que muestra cierta calidad en la proposición visual, acentuada por la crisis del precio de los “tomates y las bananas”. Pese a que hay dispensas significativas en relación con la importación de insumos específicos, papel, tinta y otros insumos, elevan los precios al escritor.

¿Qué opina del lector hondureño?

Los problemas culturales relativos al desarrollo intelectual de los hondureños están enmarcados en el subdesarrollo estructural desde hace más de medio siglo… Los lectores, por tanto, siguen siendo muy mediocres y en una cantidad porcentual baja y lamentable. Baste decir que el ‘bulto’ de lectores usuarios de las bibliotecas se acumula por las exigencias de los maestros en los colegios de secundaria y las universidades, más por obligación que por superación y placer.

Y en cuanto al acceso de la población en general a la lectura…¿Cuál es su criterio?

Sigue el patrón de ‘consumo’ dictado por los ciclos de las unidades escolares. Cuando hay descanso entre semestre y semestre de los centros de estudio, por ejemplo, no hay un solo lector. Se hace excepción de los pocos investigadores y lectores que siempre han estado en las bibliotecas.

Pero es necesario el estímulo al lector, ¿las bibliotecas hacen algún esfuerzo en este sentido?

Sí que se hace, por ejemplo, en la Biblioteca Nacional Juan Ramón Molina en el transcurso de un año y medio se ha pasado del mínimo interés a un favorable (todavía magro) porcentaje de interesados. Eso se debe a que la Biblioteca ha pasado a ser un centro de actividades culturales que tienen que ver con el teatro, las artes, la literatura, el cine, el debate, las exposiciones, las presentaciones de libros, los ciclos de conferencias… Y, aunque la sede esté en el centro de la ciudad, de difícil acceso para los interesados; el que haya en la zona otros centros de exposición cultural como el Museo de la Identidad Nacional, el Museo del Hombre Hondureño, Mujeres en las Artes y la Galería Nacional de Artes ha vuelto propicio el acceso y la asistencia de personas que antes se mantenían indiferentes.

Todavía el escritor, la escritora, están compelidos por la lucha individual de cara a la aceptación cualitativa de los países que están más cercanos a las exigencias del comienzo de milenio

No se puede negar que la producción de los escritores nacionales ha aumentado, pero… ¿Honduras literaria se abre al resto del mundo?

Desafortunadamente no. Todavía el escritor, la escritora, están compelidos por la lucha individual de cara a la aceptación cualitativa de los países que están más cercanos a las exigencias del comienzo de milenio.

¿Hacia dónde va la literatura hondureña, le ve futuro?

No le veo futuro inmediato (ni mediato). Todavía está dominada por unos pocos autores ‘consagrados’ que siguen escribiendo aun después de terminado su ciclo y la de sus sucesores post-generacionales inmediatos. Creo que esto se debe a que el volumen de géneros literarios que se produce en nuestro país tiene más afinidad con lo efímero, voluminoso y mediocre-decadente que se publica en la Web, por esto es necesario que aquí se conozca la labor de Voces de Hoy, el rigor y la calidad de ustedes le hace falta a nuestros escritores. En resumen, debo reconocer que ha habido un gran avance en la producción novelística y que ahora hay algunos novelistas de calidad más numerosos que en los cincuenta años del siglo pasado.

Según su criterio a qué se debe el pobre desarrollo literario.

La literatura y el arte de calidad son manifestaciones generadas por una sociedad en crisis; esto es, por la contradicción entre el conservadurismo de las élites dominantes y las urgencias de cambio de las nuevas generaciones y los pueblos mantenidos secularmente en estado de indefensión y miseria. Pero su avance está asegurado solamente por el avance estructural de los cambios en la pirámide socio-económica; si estos tardan, tardará también el desarrollo de la literatura y el arte.

Eduardo

Eduardo Bähr nació el 23 de septiembre de 1940 en el puerto de Tela, Honduras. En 1967 obtuvo una licenciatura en Lengua y Literatura en la Escuela Superior del Profesorado, ahora Universidad Pedagógica Nacional y en 1975, un posgrado en Letras Hispánicas en la University of Cincinnati, Ohio, Estados Unidos.

Entre 1971 y 2002 fue Profesor de literatura en dos universidades hondureñas, en las que además dirigió las compañías de teatro universitario (Teatro de la Escuela Superior del Profesorado, entre 1965 y1981 y Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, entre 1989 y1991). También fue miembro del Consejo de Dirección de varias revistas de arte y letras, como Alcaraván, Presente, Astrolabio y Galatea.

La obra de Bähr incluye narrativa, ensayos, literatura infantil y guiones de teatro; Fotografía del Peñasco, 1969; El Cuento de la Guerra, 1971; Guerra a la Guerra, Mazapán. Cuento, 1981; El Diablillo Achís, 1991; Literatura Comparada, textos de Roque Dalton y Eduardo Bähr, 1995; Malamuerte, 1997; La Flora Maga en Línea de Fuga, 1998; "Tegucigalpa. Paseo por la ciudad desolada", 1992; "Fondo de Reptiles", 2002 y El niño de la montaña de la Flor, 2003, entre otros.

Su libro El Cuento de la Guerra, le valió ser galardonado en 1970 con el Premio Nacional de Literatura Martínez Galindo.

En 1995 recibió la Medalla Gabriela Mistral con la que el Gobierno de Chile galardonó a 50 intelectuales alrededor del mundo (tales como Carlos Monsivais, Octavio Paz, Rafael Alberti, Mario Benedetti y Elena Poniatowska, entre otros)

En la actualidad es el Director de la Biblioteca Nacional y creador de la Cátedra Martiana en Honduras.


Sobre esta noticia

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