Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Mario Bermúdez escriba una noticia?

El LatÍn Como Lengua Mater

16/02/2010 16:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A los mortales, ilusos pastores y peregrinos del conocimiento, a los que heredamos una lengua llamada castellano, porque nació en la hidalga y señorial Castilla, en España, y que hoy día, ampulosamente, se denomina español, nos enseñaron desde que con ilusión aprendimos la nuevas letras, que nuestra lengua es hija del latín, una lengua extinta que unos señores guerreros y conquistadores, de origen indoeuropeo, quienes habitaron inicialmente la provincia del Lacio y que conformaron el más portentoso imperio desde lo alto de las siete colinas de Roma. La mayoría de hispanohablantes no sabemos que esta amada lengua, porque nos enseñan a amar lo que heredamos por los caprichos incomprendidos del azar y del destino, es una lengua espuria; bueno, esto parecería una blasfemia, pero en realidad no es más que la pura verdad en su crisol resplandeciente.

No en vano se habló del latín excelso, el de Cicerón, Virgilio y Horacio, por ejemplo, y no en vano quienes alcanzamos a oír misa en latín, nos hicimos a la idea de que aquella lengua sonora era un legado divino, primero heredada de los dioses arios jupiterianos y luego adoptada por un dios persa llamado Mitra que en un alarde dadivoso se la heredó a un emperador llamado Constantino, para que él, con todo su poder imperial, se la cediera a un dios de origen judío de nombre griego, llamado Cristo.

Pero el latín, precisamente por ser una lengua hablada por hombres, tenía en común lo que todas las lenguas que hablan los humanos: muy poco plano lógico, bastante plano racional y no menos plano contextual. Así que el latín, como cualesquiera otras lenguas, vivió entre los afanes del dinamismo lingüístico que varía, muchas veces exagerada e incomprensiblemente, de un lugar a otro, sin importar que apenas las comarcas apenas estuvieran separadas por una colina o por un río de aguas mansas. Esas variantes o fluctuantes, se fueron acrecentando a medida que los romanos conquistaban nuevas tierras, pues se descubrían nuevas cosas que tenían nombre en el idioma de los conquistados, pero que no lo poseían en latín, debiéndose adoptar la nueva expresión, algo así de lo que hoy en día conocemos como extranjerismos. De la misma manera, se adquirieron nuevos giros, nuevas acentuaciones, se agregaron letras a las palabras o se omitieron, se intercambiaron, porque la fonética nativa no era totalmente capaz de representar la fonética latina o al contrario. Los romanos impusieron su lengua y su religión, la nueva, la cristiana, pero intrínsecamente no advirtieron, como suele suceder a través de toda la historia de la humanidad, que los conquistados deformaban con su influencia esa religión y, por supuesto, esa lengua. Amén, la soldadesca tenía una jerga de grupo que también iba calando en los conquistados y que muy poco tenía que ver con el latín de Cicerón. Y como, después de todo, las lenguas, por más que existan academias y gramáticas, no tienen reglas inmotas, sino que están sometidas a la arbitrariedad del destino de los hombres, incluso a sus afanes y a sus angustias, los nativos adquirieron la nueva lengua por obligación, pero el fuste psicosocial de cada región permaneció intacto, solo que adaptado a las nuevas circunstancias.

Más sobre

Es admisible pensar que todas las fluctuaciones, las divergencias, las variantes, los matices, las conveniencias sociales, el rechazo de los pueblos a ser sometidos, rechazo inherente a cada cultura, fueron transformando en cada región conquistada la lengua madre romana hasta convertirla en una nueva lengua, retomando palabras, modismos y construcciones de la lengua nativa, a medida que tuvieron contacto con otros pueblos, fueron adoptando nuevas palabras y expresiones, revolviendo azarosamente el crisol lingüístico.

Ahora, la misma lengua castellana a divagado por el tiempo con perennes transformaciones, hasta el punto de que un chico de escuela de hoy en día no sería capaz de entender al Cid Campeador en castellano antiguo y, qué dijéramos de Cervantes si resolviera salir de su tumba e infortunadamente para él parecerse por esas épocas tan turbulentas, ¡no entendería un carajo de la misma le lengua en la que escribió su Quixote!

Por ejemplo, yo no entendía por qué motivo se le decía equinos a los caballos, ni por qué razón se les podía decir caninos o canes a los perros. Bueno, las expresiones equino y can vienen directamente del latín, (equus y canis). Muchas expresiones, por no decir que la mayoría, pasaron del latín vulgar al los idiomas romances, en donde con variantes se incrustaron. Otras veces, muchas palabras latinas pasaron con dos formas y a veces con distinto significado:


Sobre esta noticia

Autor:
Mario Bermúdez (26 noticias)
Fuente:
alcorquid.com
Visitas:
432
Licencia:
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas
Lugares

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.