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Las Sobras

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01/07/2020 00:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pensando, he llegado a la conclusión, errónea o no. Que desde el momento en el que mi madre me gestaba en sus entrañas, las sobras de muchos son las que de cierta forma me han ido constituyendo

 

E incluso, puede que sea desde mucho antes, con las sobras de una familia rota, que con un poco de amor desecho y sobras de dinero escaso. Hicieron que luego de que papá dejara su matrimonio, construyera de lo que quedaba un nuevo conjunto de tres, el número clave, 3.3 veces santiguarse al salir de casa, tres postres para sobrevivir a  las tardes de esos domingos de antaño, una mesa para tres por favor, tres sillas ocupadas en un comedor para seis, tres vidas, 3 suspiros, 3 corazones que al fin y al cabo terminaron siento dos y uno, pero ya no tres…

Retomando lo inicial, las sobras… Mamá que limpia casas ajenas y papá que en los años dorados de su vida se desempeñó como uno de los electricistas de x empresa.

Nunca me ha parecido degradante ser empleada o sirvienta, después de todo es un trabajo, que remunera el esfuerzo que alguien otorga. Lo que tal vez pueda que me desestabilice, es recopilar que desde hace  muchos más que  mi propia existencia, las cosas que para otros ya no sirven se volvieran para mí, un nuevo tesoro, una nueva cosa que tal vez sino llegaba por ese medio, indudablemente no lo haría ningún otro, pues siempre el ámbito económico no ha sido de lo más estable casi como la mesa de la cocina que desde que tengo memoria siempre está inclinada para un lado, pero nunca muestra equilibrio alguno.

Recuerdo que a veces en las tardes que mamá llegaba del trabajo, cada cierto tiempo, ya sea meses o tal vez un año, llegaba con una de esas inmensas fundas de cartón con colores lisos e impetuosos, de esas que uno a simple vista ya sabe que son de tiendas costosas, donde lo más económico sobre para los doscientos dólares. Bueno el fin era que llegaba con ropa, juguetes, cosas que otros ya no querían, como en ese entonces trabajaba en un casa adinerada con niños de casi mi edad, algunos de los años de mi preciada infancia los recorrí vistiendo ropa de algún niño desconocido, ajeno de forma completa a mi realidad, hasta hoy en día que casi una década después, siga usando ropa de tan buena calidad que soporta dos o tres generaciones, calzando zapatos siempre de una o dos tallas más grandes, escondiendo las fallas y los complejos.

Hay veces, en las que un día cualquiera, puede que todo lo que tenga puesto ya se lo puso alguien más, tal vez de eso se excluya mi interior y medias, pero nada más. Y no saben lo incómodo que es todo esto, pero luego veo le brillo en los ojos de mi madre ante las sobras de otro,   como si para ella el pasado de ese algo nunca haya existido y  ahora en sus manos es borrón y cuenta nueva, y no sé, tal vez sea la fuerza de la costumbre que cause esa resinación de vivir de las sobras para ella.

Y es eso, lo que me pesa tanto en la mente, el temor de que llegue un día y de la misma manera yo también me resigne, deje de luchar y ya.

Yo a ella le quiero entregar el mundo entero sin mi estorbante presencia, para que sea infinitamente feliz, para que un día duerma tan tranquila y deje de preocuparse por el dinero, para que un día pueda respirar, tomarse uno de los mejores cafés del país, almuerce una buena ensalada con el aceite de olivo que tanto le gusta y pueda dedicar el resto de sus días a vivir, a vivir de verdad. Pero por ahora, soy solo una niña de 17 años, con miles de miedos, complejos y la carga de miles de problemas que no suelta, menos de un dólar en el bolsillo y más de un millón de ganas de darle todo a mi viejita, darle aquello que un día me lo dio aguantando humillaciones.

Un día espero, poderla ver vivir, de verdad y no está monotonía que no deja ver su hermosa sonrisa y sus ojos llenos de brillo… 


Sobre esta noticia

Autor:
Pamyei (1 noticias)
Visitas:
214
Tipo:
Opinión
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Distribución gratuita
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