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Las puertas de la jaula

22/06/2010 17:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A los 64 años, el inglés Anthony Browne es uno de los máximos referentes mundiales de la literatura infantil

Primer premio Hans Christian Andersen para un ilustrador inglés (2000) y actual "Children`s Laureate" (una suerte de embajador internacional de la niñez) por el período 2009-2011, Browne amasó su reputación y éxito en el mercado editorial con una fórmula esencial basada en golpes de sensibilidad plástica e imaginación narrativa. Lo suyo pasa por un equilibrio sutil entre las ilustraciones ligeramente surrealistas y las palabras que administra en dosis homeopáticas. Además de libros clásicos contemporáneos suyos como Gorilla, Into the forest, Silly Billy o Shape of things, editados en castellano por el Fondo de Cultura Económica, son pequeños objetos de arte que muchos adultos lucen como fetiches pop.

Jovial y amable, Browne se parece a algunas de las criaturas que dibuja. Lleva puesto un pin de uno de sus legendarios gorilas en la solapa de su saco de tweed. Durante la entrevista Browne solo pedirá que el periodista cambie la fórmula "illustrated books" (libros ilustrados) por la de "picture books" (libros con dibujos), una sutileza que en castellano apenas puede resolverse pero que al autor le parece crucial.

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MIRANDO A FRANCIS BACON.

-Usted pasó de ser ilustrador médico a diseñar tarjetas de salutaciones. ¿Qué lo llevó a realizar libros para niños?

-Estaba tratando de encontrar la mejor manera de hacer uso de mi arte. Todos esos años dibujando para los médicos y diseñando tarjetas no fueron en vano, pero no era una buena fuente de ingreso económico. No es que hacer libros para chicos hubiera estado en mis planes sino que una editora a quien le enviaba estas tarjetas directamente me tentó: ¿Por qué no dejas eso y te ponés a hacer libros ilustrados? Y resultó que ella terminó siendo mi editora por veinte años. En ese tiempo aprendí cómo hacer que las palabras y los dibujos funcionen como una sola cosa.

-¿No fue frustrante para usted ser ilustrador en lugar de pintor?

-Estudié diseño gráfico en Leeds porque pensaba que tenía que hacer algo concreto, tener una fuente de trabajo. Aún en ese momento me sentía muy frustrado por no poder pintar. Yo vivía obsesionado con Francis Bacon y en esa misma época mi padre se murió prácticamente en mis brazos, había perdido la fe en absolutamente todo…

-Bacon tiene algo bastante anatómico en su pintura.

-Sí, absolutamente. De hecho él no estudió arte, empezó a buscar su estilo a partir de un libro que encontró casualmente y que se llamaba Trastornos de la boca.

-¿Cómo diría que todos esos oficios previos de dibujante contribuyeron a su estilo?

-Ser ilustrador médico me ayudó a desarrollarme como dibujante, cosa que en la escuela de Diseño Gráfico no había sucedido. También me sirvió mucho para sintetizar en una ilustración situaciones muy complejas. Como una operación, por ejemplo. Y lo de las tarjetas me liberó de esa etapa oscura entre las ilustraciones médicas y la muerte de mi padre. Las tarjetas de salutaciones ¡tienen que ser alegres! ¡Optimistas! Y yo hacía eso como medio de vida, lo cual me sirvió para intentar diversos estilos, como si yo fuera diferentes artistas a la vez.

-¿Cómo era la escena de los libros ilustrados cuando usted empezó? ¿Qué le agregó con su estilo?

-Para cuando yo empecé con esto debo decir que en Inglaterra había muy buenos libros ilustrados para chicos. Mucha gente que se dedicaba a esto venía del campo del arte. En general se trataba de libros más didácticos, como cuestiones relacionadas con el alfabeto o libros para aprender a contar números. En mi caso yo no me sentía deprimido por hacer esto. Trataba de que los elementos de las ilustraciones dijeran tanto o más que las palabras. Y lo hacía con claves o pequeñas sugerencias en las figuras que completaban la historia.

ANIMALES ENJAULADOS.

-Usted realizó el libro Shape of things tras una residencia en la Tate Gallery. ¿Cuál fue la reacción más memorable de los niños hacia los cuadros?

-Hubo una pintura central en mi trabajo con los chicos que fue un viejo cuadro narrativo de la época victoriana. Antes de que me dieran ese trabajo, yo visitaba el museo y me parecía horrible. Pensaba en él como una pieza aburrida de moralina victoriana. Pero escuchar a uno de los educadores que trabajan con los chicos hablar sobre ese cuadro me abrió completamente los ojos. De hecho termina pareciéndose a lo que yo hago: algo repleto de claves y sugerencias. Este tipo me dijo algo muy interesante. Él creía que su trabajo era muy parecido al que hace un guía de zoológico. Los cuadros eran como bestias enjauladas y su trabajo con los chicos era abrir la puerta de la jaula y dejar que el animal saliera o que los chicos entrasen sin peligro alguno. Yo creo que fue una comparación asombrosa. A partir de ahí entendí que lo que hacíamos los ilustradores y los artistas no era tan distinto y que esa frustración no tenía razón de ser. Se trata de lo mismo: comunicar una idea. Por lo tanto trabajé sobre ese cuadro y la mayor sorpresa fue descubrir que los niños estaban tan entrenados en la narrativa visual que en todos los grupos siempre había alguien capaz de descifrar esas claves que yo creía complejas para niños de corta edad.

-Sin embargo la ilustración suele ser relegada por críticos y artistas como una forma menor del arte.

-Es cierto. Recuerdo que cuando tomaba clases de dibujo con modelo vivo, una de las críticas más comunes era que te dijeran que tu trabajo era "demasiado ilustrativo". Pero para mí las ilustraciones no son lo mismo que el arte superior, pero eso no lo hace ni mejor ni peor. La escuela de arte era un verdadero sistema de castas en ese sentido. Primero los artistas, después los diseñadores gráficos, más abajo los del diseño industrial y finalmente, nosotros, los ilustradores. Odio eso. Detesto cualquier tipo de barrera ya sea económica, social o racial.

-¿La presencia cada vez más extendida de la cultura pop en los museos les ayuda a ganar status como artistas?

-Quizás. No lo estuve pensando pero ahora que lo dice creo que hay algo de eso. Hay países en los que la pintura es definitivamente una versión ilustrativa del arte pop. Eso se ve cada vez más. La influencia del manga japonés es un muy buen ejemplo de todo esto. Pero déjeme decirle algo. He tenido la suerte de viajar por el mundo viendo muestras y bienales de arte y siempre aparecen esas grandes instalaciones que desnudan ideas pequeñas y flacas. Y los videos… No quisiera parecer ahora una de esas personas que andan irritadas por no entender el arte contemporáneo, pero me cansó ver videos que son como un momento minúsculo en una producción de Hollywood y solo porque alguien decidió que es "arte" tenemos que prestarle atención. Lo que quiero decir es que hay momentos en que los libros ilustrados tienen el mismo derecho a ser considerados "arte" que estos otros.

-Usted trabaja con líneas de texto muy breves. ¿Cómo funciona el escritor que lleva dentro?

-Ah… es algo muy complicado la relación entre las imágenes y las palabras. Yo no sé cómo las ideas llegan o circulan por la mente de un escritor. Pero para mí es un poco como la transcripción de un sueño. Un sueño está compuesto de imágenes en movimiento y líneas de diálogo. En general, los diálogos son muy breves. Es un poco como tener una idea para un film. Entonces voy y escribo el story board. Hago pequeño rectángulos donde van a parar los dibujos, solo que en lugar de ser escenas de una película se trata de las páginas de mi libro. Luego fotocopio el story board y lo ubico en libro matriz para ver cómo funciona. Y finalmente se lo muestro al editor. Pero puede llevar mucho tiempo. Nada está listo hasta que está por imprimirse. La mayoría de las veces los textos son cortos porque trato de decir más con el dibujo y entonces apunto referencias, claves. Otros están sobreescritos porque trato de emular el efecto de un cuento de hadas. Generalmente la idea es que haya una brecha entre el dibujo y el texto, y que la imaginación termine por vincular esos elementos. Y ese trabajo es de los lectores, no mío.

-¿Cuánto de la obsesión de la cultura con los grandes monos-de Tarzán a King Kong, pasando por el Planeta de los Simios- está presente en sus trabajos?

-Está todo. Pero en el fondo creo que parte de mi obsesión con los gorilas viene del hecho de que los siento tan próximos al humano. Somos primates, claro. Y otra razón es que en el gorila simbolizo el recuerdo de mi padre, que era un tipo gigante, que había sido soldado, boxeador, jugador de rugby…

-¿Boxeador profesional?

-Sí. Peleó todo lo que pudo hasta que perdió el combate con mi madre y tuvo que dejar… Peleó en la Segunda Guerra Mundial y vio cosas inenarrables, pero a la vez era un tipo muy dulce y agradable. Él nos empujó a mi hermano y a mí a que practicásemos rugby, fútbol, cualquier deporte.

-Francamente no le veo cuerpo de jugador de rugby…

-¡Pero me encantaba jugarlo! Lo que no toleraba era esa cultura de machos, agresiva… Ser bueno en el rugby me evitaba problemas en la escuela. Lo que quería decir es que a través de los gorilas puedo reflejar ese contraste que veía en mi padre entre algo de mucha fuerza física y ternura.

EL LIBRO, LA TV E INTERNET.

-Los niños de hoy tienen televisión por cable, Internet, el Play Station, cine en 3D. ¿Es más difícil captar la atención de un niño sobreinformado?

-Debería ser así pero francamente se me hace difícil evaluarlo… Cuando visito las escuelas, algo que hago mucho, encuentro a los chicos muy entusiasmados con las explicaciones sobre mis dibujos. Y eso es porque hay algunas cosas esenciales en la relación entre los chicos y los libros que perduran. Obvio que están influenciados de otra forma, y que se vinculan directamente con los juegos digitales y demás. Pero debajo de eso subsisten los mismos miedos, esperanzas y ansiedades que yo tuve de chico y creo que estos libros son los que me hubiera gustado tener cuando era chico. Y es evidente que a los chicos les gustan mis libros, lo cual me complace muchísimo. Recibo muchos comentarios de los maestros sobre lo poco que leen los chicos y cómo, paradojalmente, se sienten atraídos por mis historias. Créame que ésta es mi máxima gratificación. Por supuesto que si a un chico le dan a elegir entre un juego de computadoras y un libro mío, muchos se irán a sentar tras el monitor. Pero estoy seguro de que algunos disfrutarán de tener una imagen inmóvil frente a ellos. Estamos en una era visual en que las imágenes se mueven frente a nosotros a una enorme velocidad. Por eso creo que un libro interesante, presentado por un adulto interesante, puede interesar a un niño que seguramente necesite que la imagen esté quieta y que sea él quien se mueva imaginando la historia.

-Muchos de sus libros han sido descritos como autobiográficos. ¿Intenta mantener a su familia viva a través de estas historias?

-No lo intento, lo hago. Pero nunca cuando hago un libro estoy pensando en mi vida, esas relaciones aparecen después, cuando está terminado y generalmente yo no soy el que se da cuenta. Mi hermano, por ejemplo, ha encontrado cantidad de relaciones con historias de nuestra infancia.

-Dado que usted es el actual "Children`s Laureate", me gustaría que dijera por qué un chico del siglo XXI todavía necesita tener un libro ilustrado entre sus manos.

-Diría que porque esas imágenes son las que van a acompañarnos por el resto de nuestras vidas. Los chicos disfrutan de los libros ilustrados como una forma particular de percepción. También los más grandes, los preadolescentes lo disfrutan. Pero en Inglaterra, en los últimos años, hay una tendencia a sacar cada vez más temprano a los chicos de los libros ilustrados, como si tuvieran que ingresar en el mundo adulto de la novela.

-¿Harry Potter?

-Harry Potter es una lectura fantástica, pero ha sido creado para una sociedad que presume que los chicos deben ser empujados a leer grandes novelas a muy corta edad. Está bien para algunos, pero sé que muchos son presionados por sus padres para leer Harry Potter. "Lean libros de verdad", ese sería el mensaje. Los sacan muy pronto de los libros ilustrados. ¿Por qué? Al volver una y otra vez sobre las imágenes, los libros ilustrados generan un tipo único de conversación entre un niño y un adulto. Los chicos necesitan de ese estímulo. Es vital que los chicos hablen con sus padres, tienen que hablar como personas de igual a igual, y los libros ilustrados definitivamente ayudan a eso.


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