03:23 (28-05-2012)
Américo Valadez
Publicada el 20-07-2009 19:39 0 4

Las 7 (El Desalojo)

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Desde que existe el llamado Derecho Romano, utilizado el recursos legal, en ámbito civil, de desocupar de una forma lasiva a muchos inquilinos que, según sus arrendadores, caén en una falta atministrativa. Pero, ¿como se vería que perro coma perro?

Las 7:14 de la mañana, nadie del interior del inmueble decía nada, toda la calle estaba desierta, los transeúntes o los automóviles pasaban serena y escasamente; las aves y demás animales callejeros dejaban su animales rutinas, comer, defecar, marcar, aparearse; pero hasta ellos, sabían lo que podría –muy probablemente-, ocurriría en unos cuantos minutos.

Atisbando en el interior de la simple construcción, los asiduos a ese lugar paseaban nerviosamente, tratando de ocuparse de lo suyo, sin conseguirlo. Pese a tener una vista amplia de la calle y del no ver señal alguna de peligro, se comportaban como aquel que espera a recibir en cualquier momento un tremendo golpe en la testa, resignados y asustados; e impotentes.

Cada ruido, fuerte o débil, salido de no sé dónde o de algún lugar X, era motivo suficiente para un sobresalto de alguno de los instalados al lugar. Esperaban con ansia que lo que les habían comunicado en el tribunal de arrendamiento hubiera sido una broma pesada, y que el la angustia de muerte se disipara a las 19:00hrs y pasadas, de ese día tormentoso. Mientras, el sol empezaba a brillas con intensidad sobre las azoteas de los edificios vecinos.

7:23; de la esquina próxima al edificio marcado por la ley en purga, se asomó un individuo más sospechoso que desalineado; y cual clásico conspicuo, caminó nerviosamente por la banqueta, silbando, con las manos en los bolsillos de su pantalón de mezclilla; al llegar frente a éste zaguán, se tomó la mugrosa visera de su gorra con ambas manos al ver a un grupo de sus iguales surgir por la parte trasera de un camión de radillas, que estacionado frente a una iglesia esperaba desde las 6:47 hrs.; más de ciento veinte de sus compañeros quedaron pie a tierra junto a su rudimentario transporte, mientra que un ciento veintitantos de ellos, fue al encuentro de su camarada de luck.

7:27 horas de ése mismo día; tres automóviles particulares de diversas vistas, se estacionaron en la esquina opuesta al lugar, ajenos a la mirada de los que serían desalojados del inmueble a costillas de su dueño; quien después de muchos intentos fraudulentos de querer deshacerse de sus inquilinos (alzas súbitas del monto de la renta, cortes indebidos de los servicios básicos del establecimiento, amenazas verbales por llamados telefónicos o en persona por medio de golpeadores profesionales; envío de documentos hechizos de tribunales fantasmas, entregados en propia mano por supuestos actuarios legales de éstos, etcétera), anhelaba el volver a poseer su posesión, ya que contaba con él para otros planes futuros.

A la oculta comitiva siguió un auto patrulla que fue a estacionarse frente a la entrada del edificio, ni siquiera el guardia de la entrada (quien ya estaba enterado por el dueño) pudo el evitarle parquearse ahí, como lo hubiera hecho a gente ajena al lugar. Cuando sorpresivamente los ocupantes de los tres automóviles salieron de ellos cual monigotes de caja de sorpresa; entre éstos contrastaban sus elegantes trajes con los ciento y veintitantos del principio. Con excepción de uno, que vestía entre los desalineados y los encorbatados, indudablemente era el dueño del edificio en persona. Quienes por fin se dirigieron al lugar señalado por el juez.

Las 7:31 y segundos más, segundos menos; comenzó el operativo, el hombre de traje gris y fajo de hojas bajo el brazo encabezó la extrema procesión, seguido por tres policías uniformados y otras dos personas con traje azul marino y marrón; los cuales, al llegar al enorme portón de hierro dio un gesto con la cabeza al guardia del lugar, quien temerosamente corrió el pestillos de acero tubular y dejó entrar al del traje gris, a los uniformados, junto con azul marino y marrón; tras de este desfile de prendas distintivas, lo hicieron los ciento y veintitantos más desarraigados; pero con un común en ellos, todos con aspecto serio e inhumano.

Todos ellos entraron en tropel, dejando la calle vacía, a no ser por un uniformado que custodiaba la puerta por donde habían entrado aquel ejército judicial, al guardia que no sabía qué hacer y, (por supuesto) al dueño del inmueble, lejos, muy lejos, cuidando su distancia.

Las 7:33 hrs.; el actuario del traje gris y loción barata se dirigió a la puerta de la planta baja y con el puño cerrado llamó ruidosamente a nudillos, al interior del local. Tímidamente, esta se abrió al cuarto o quinto llamado, de entre la pequeña abertura que se dejo ver, surgió el pálido rostro de uno de los ocupantes, a primera vista, daba la impresión de ser un humilde oficinista de aspecto lamentable:

-¿Lic. Guillermo Cuevas Vite?- preguntó traje gris.

La apergaminada silueta encorvada, acomodó sus alcaparras de chapa de oro, respondiendo con si, aquel moderno inquisidor, el cual tomó el enorme volumen baso su gris brazo, para leer el primer documento inscrito el él, como si quisiera recital algo a su dispar audiencia:

-“TRUBUAL SUPERIOR CIVIL UN CENTÉCIMO, DÉCIMO SEXTO; SECRETARÍA “CH”, EN MATERIA DE ARRENDAMIENTO, INSCRITO EN LA CAPITAL DEL PAIS; EN TAS NOTIFICACIÓN PERSONAL DEL EXPEDIENTE XV°/09, DE LA DEMANDAN DEL SR. JORGE MARTINES CONTRERAS EN CONTRA DEL LIC. GUILLEMO FARIT CUEVAS VITE, EN RELACIÓN AL INMUEBLE HUBICADO EN LA…”- (bostezó estruendosamente traje gris, retomando su parlamento)- “…EN LA CALLE “A”, NÚMERO “FULANO DEL TAL”, EN LA COLONIA “HÉROES DE HOGGAN DEL 43”, EN LA DELEGACIÓN POLÍTICA DE GERMATAO, DISTRITO FEDERADO. POR EL PROCESO DE JUICIO QUE EL DEMANDADO SE DECLARÓ EN REBELDÍA, Y QUE EL BEREDICTO, DICTADO EL 30 DE EFEBRERO DEL AÑO EN CURSO, POR EL C. JUEZ, LICENCIADO JESÚS REYES EJOTES, QUIEN CONTANDO EN FACULTADO EN ÉSTE TRIBUNAL… (¡Ejem, ejem, ejem..!) ¡Perdón! Prosigo con la lectura: …DE ESTE TRIBUNAL QUIEN DIO EL VEREDICTO A FAVOR DEL DEMANDANTE ARRIBA CITADO, EL CUAL REZA:

· “QUE EL CONTRATO DE ARRENDAMIENTO, SELEBRADO EL DÍA X DEL MES Y DEL AÑO ANTEPASADO, QUEDA ANULADO… (¡Dijo!) REMITIDO… (¡Perdón de nuevo!), es decir: QUE YA NO EXISTE (Palabras mías).

· “INSTÁNDOSE AL DEMANDANDO (CURIOSAMENTE CITADO ARRIBA Y AL CALCE) DE TENER 5 DÍAS, 21 HORAS, 35 SEGUNDOS (CINCO DÍAS, VEINTIUN MINUTOS… ¡ETCÉTERA! PARA DESALOJAR EL INMUEBLE (¡TAMBIÉN CITADO ALLÁ ARRIBA DE DICHA NOTIFICACIÓN!)

¿Sería mucho pedir el que lo hagan ustedes, es que no contamos en este momento con la gente en cuestión, ya que se encuentra realizando un desalojo en otro inmueble de la cuidad? ¿Sería posible?

· “Y SI EL DEMANDADO (¡VUELTO A CITAR ARRIBA¡), HICIERA CASO HOMOSO DE ESTE BERECTIDTO, QUE LLEVARÁ A CABO LA SENTENCIA QUE CONSISTE EN… (¿Sería mucho pedir el saltarme todo esto que ya creo quedó claro desde antes?... ¿Si?... ¡Si! Bien…)

“-Y POR LA ENVESTIDURA QUE ME ENVISTE Y OTORGA EL PODER FEDERATIVO EN ESTE DISTRITO FEDERATIVO, YO… ¡Bueno, ya Licenciado Cuevas! ¿Ya desocupó o no el cuchitril éste?”

La Afeitada cabeza del aludido la movió en acento negativo.

-Entonces, colega, ¿quiere que lo desalojemos a ustedes, el DOS CENTÉCIMO, QUINTO TRIBUNAL, DE LAS SECRETARÍAS DE LA “A” A LA “Ñ” CONFEDERADO, EN MATERIA DE ARRENDAMIENTO; a ser desalojados por nosotros, o prefiere usar sus propios recursos para AUTO-DESALOJARSE, por el bien del Estado?

Efectivamente, el dueño que después de varios intentos para desalojar a aquella entidad estatal de su edificio, ya que ello le resultaba molesto, al haberles rentado el lugar a un precio que él consideraba bajo.

-Bueno…- hablo con voz minúscula el Licenciado Guillermo-. ¿Sería mucho pedir el que lo hagan ustedes, es que no contamos en este momento con la gente en cuestión, ya que se encuentra realizando un desalojo en otro inmueble de la cuidad? ¿Sería posible?

Traje gris discutió con azul marino y marrón; al final, gris movió positivamente la cabeza. Y comenzó la diligencia.

Rápidamente, los ciento y veintitantos entraron en acción, unos tomaron sillas, terminales, escritorios, cuadros y otros enseres de oficina; otros lo hicieron con expedientes manchados de humedad y de comida. Y otros más arrancaban las cortinas, e incluso desmontaban de su asta a la bandera nacional, para usarlas cual sacos de tela para poder llevar los objetos menores en ellos.

Como salidos de un hormiguero, aquel cuerpo de humanos sucios sacaba y amontonaba en la calle los muchos muebles y bultos voluminosos, dejando a su paso un camino de hojas blancas y basura mil. Al tiempo que secretarias, escribanos, archivistas, actuarios y el mismo Juez Cuevas, tomaban rápidamente sus objetos más preciados, ya que la rapiña de estas faenas era conocida por ellos.

Las 7:56 de la mañana y otro tanto más, el último vestigio de aquel tribunal civil quedo ahogado en un charco de agua estancada, que junto a una caseta telefónica anidaba en su base. Al ver el interior del lugar, todo aquello habría quedado ausente de lo que antes llegó a ocupar el cuerpo del tribunal confederado, sólo el polvo acumulado sobre todo aquello que se encontraba pegado a las paredes, había formado sus siluetas fantasmales y grises en ellas. Por el rayado piso de parqué, quedaban hojas de papel mutiladas, pedazos de envoltura de golosinas y frituras; y alguno que otro objeto aplastado o despedazado, quizás incompleto o irreconocible.

Por último, el de traje gris se dirigió al Lic. Cuevas con voz grave:

-Ya ve, pudo haberse ahorrado esta pena, y hubiéramos llegado a un acuerdo favorable para ambas partes. Pero, creyeron que por ser tribunales civiles, podía quedar exento de la ley. Pues no; y de no ser así, el de…

Y así siguió hablando de otras formas de conciliación conocidas o no, con el hubieran en cada una de ella.

Las 8:02 minutos: Las puertas del edificio se cerraron tras de los antiguos inquilinos, con trazas de ya no volver a entrar de por vida. Los cuerpos de los bultos y muebles quedo descaradamente al desnudo a todo lo lardo del frente del predio, amontonados y en desorden.

Aun traje gris, azul marino y marrón, no se acababan de retirar, cuando la primera gota de lluvia tocó toscamente la superficie pulida del juez en turno; y de ésta, salió otra, y otra, y muchas más que cayeron insensiblemente sobre todos ellos, sillas, cuadros, bultos, expedientes sueltos, escritorios, archiveros y demás artículos lanzados. Cubriendo, una pequeña gota hipócrita, salida de entre las alcaparras de chapa de oro del Lic. Guillermo Cuevas.

Buenavista, D.F.

20 – VII – 2009.

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