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Ladrón de mi cerebro

28/03/2011 21:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageLa ciudad está muerta. A las cinco de la mañana, exceptuando algunos bares donde ya no dejan entrar, como el coqueto de nombre irlandés de donde dos chicas llevan a cuestas a otra que no para de vomitar, la capital neuquina es un cementerio irremediable. Ingresamos al único lugar que podemos y salimos cuandoel sol ya maltrata los rostros demacrados, descubro que hace tiempo que murió . No hablo de horas. No, de noches tampoco, ni de gente. Ni siquiera de Neuquén.

Hay algo que se está pudriendo y cuyo olor hediondo nos acostumbró lo suficiente como para que no nos asustemos con su presencia. La comodidad es uno de los más morbosos hábitos. Nos acostumbramos a todo. De todos. Hasta que ya no nos llama la atención aquello que nos daña.No nos afecta, hoy, que mientan descaradamente o tergiversen la verdad que, en realidad, tampoco existe. No nos detenemos a analizar por qué todo esto y no algo de aquello o nada de nada. Nos parece normal que haya un grupo de policías en cada esquina por la cual pasamos y que un chico de diez años pida monedas para comer. También que una nena de seis sea enviada por sus padres a vender tarjetitas a mitad de la noche. Los pulmones se nos acostumbran a fumar, aunque haya quienes no fuman. El hábito de pasar por alto es lo que menos nos animamos a desafiar.Nos conformamos a que en las fábulas y en la vida siempre existan —al menos y como mucho— dos opciones, no más. No una tercera, no existe, no es válido, no cuaja con lo que aprendimos que debía ser . Y el deber ser, a su manera, nos aplasta la cabeza de a ratitos. La política nos da balazos, con suerte nos ponemos de pie. Los medios son políticos, la política es mediática y no hay medias políticas, sino políticas a medias . Un poquito más allá, donde el arco iris no termina jamás. Ahí estás. Ahí estoy. Nos miramos sin decirnos nada y comprendemos, así y todo, pero ¿por qué no hablar? Las palabras están tan caras como el minuto al aire de televisión. Cuando dejen de cobrarnos el impuesto al lenguaje quizá no haga faltapreocuparnos tanto por su economía.El día en que finalmente le corramos las cortinas a la ventana por la cual podamos ver, por nuestros propios ojos, lo que pasa del otro lado tal vez nos cansemos. Y cuando nos cansemos, además de correr la cortina, abriremos la ventana o romperemos el vidrio que nos protege y al mismo tiempo nos aísla. El Apocalipsis , dirán las iglesias y los medios que son, a fin de cuentas, la misma vaina. Pero vos y yo, además de todas y todos aquellos, diremos que no. Que el juego recién empieza .

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Sobre esta noticia

Autor:
Sol Arrieta (72 noticias)
Fuente:
cotidianidadeshumanas.blogspot.com
Visitas:
2909
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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