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La vida antes de marzo

28/05/2010 11:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El cineasta Manuel Gutiérrez Aragón gana el premio Herralde de novela

La literatura (y el arte en general) muchas veces se convierte en un contenedor en el que caben muchas cosas, una suerte de recipiente intelectual en el que se mezclan demonios internos, visiones poéticas de la vida, metáforas incomprensibles o buenas intenciones respecto a uno u otro tema en particular. La vida antes de marzo, la primera novela que publica el cineasta Manuel Gutiérrez Aragón parece guardar un poco de todo ello, sobre todo en lo que respecta a las intenciones, que son buenas sin que eso signifique que sean acertadas, convirtiendo su historia en un aparador emocional, una narración contada en primera persona en la que se mezclan una historia evocada, en la que se recuerda la adolescencia y su problemática de la identidad, con una especie de toma de conciencia de lo que supusieron los atentados de Atocha el 11 de marzo de 2004. Sin embargo, uno se pregunta si las buenas intenciones son suficientes para definir y concretar el acto de creación, si continente y contenido pugnan al unísono para dar luz al mensaje o al dilema que quiere expresarse; y esa es la duda que surge en esa novela, en la que los referentes son a veces de una simplicidad avasalladora. Dejando aparte su coraza, la excusa argumental que mantiene dosis mal expresadas de literatura fantástica, La vida antes de marzo mantiene un pulso narrativo muy directo, casi sin concesiones, en el que prima una visión subjetiva de los hechos planteados, lo que le permite al autor ubicar un tiempo y una época cercana, pero explicada con los parámetros imaginarios de un tiempo pasado.

El problema esté tal vez en que toda esa magia que la obra plantea se aboca de pleno a una conclusión que no por coherente significa que esté bien amalgamada

Eso sí, hay costumbrismo a raudales, y ya se sabe que ese costumbrismo (cuyo origen quizás se remonta a las primeras películas de Gutiérrez Aragón, con su realismo mágico todavía por definir) tiene que llevar sus dosis de evocación de la infancia, de las contradicciones que provoca la figura del padre o de los vaivenes emocionales de un primer amor. El problema esté tal vez en que toda esa magia que la obra plantea se aboca de pleno a una conclusión que no por coherente significa que esté bien amalgamada, por lo que un lector quisquilloso diría tal vez que la novela hace aguas en su estructura, en aquello que hace que un acto creativo funcione, sobre todo en una obra como ésta, en la que prevalece el mensaje (bienintencionado) por encima del pensamiento reflexivo, o por encima también de aquello (inconcreto) que hace que una obra se recuerde tras haber sido leída. Pero no daremos pábulo a ese lector incordiante, ese lector que disfruta con la contradicción y con el error ajeno, ese lector que lleva el texto escrito a su terreno para desmenuzarlo. Hacerlo sería como pelar una manzana para no comérsela, y lo cierto es que La vida antes de marzo es ante todo un acto necesario, una obligación para con nosotros mismos y para seguir recordando los hechos infaustos de Madrid. Que la literatura sirva sólo para eso es otra historia.


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Detective Salvaje (61 noticias)
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