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La soledad

18/11/2010 18:22 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Me gustaría compartir pensamientos. Por ejemplo este acerca de la soledad

La soledad es como una cómoda hamaca que te mece con un suave y monótono movimiento de vaivén. En mi opinión, un ser solitario, aunque feliz en expresión y esencia, jamás conseguirá alcanzar la armonía de cuerpo y alma. La soledad no debe ser eterna”.

Y además añado uno de los últimos cuentos que he escrito que también habla de la soledad.

LA PRINCESA SIN NOCHE

Erase una vez una princesa llamada Santana. Su nombre era temido por doquier, pues era considerada una princesa inflexible, despiadada y casi inhumana.

Sobre ella se comentaba que no siempre había sido así, que antaño había sido una muchacha alegre y generosa. Cuentan que estaba muy enamorada de un distinguido príncipe y que éste había pedido formalmente su mano. Sin embargo, de forma implacable e inesperada, el reino de la princesa Santana fue conquistado por la seductora y aterradora belleza de las sombras. La ambición ciega, el ansia de riquezas… La guerra por el poder estaba servida.

Algún tiempo después, en una noche fría y tenebrosa…

El eterno brillo de las estrellas ofrecía una quietud que no era del agrado de Santana y sus feroces guerreros de las sombras.

Sedientos de sangre, los invisibles guerreros se deslizaron con sigilo y, en tan sólo unos segundos, sus aceros adornados de destellos surcaron las tinieblas al encuentro de sus sorprendidas y fáciles presas.

Santana, saciada del devastador veneno que habita en el odio, hundió su espada en el torso desnudo y confiado del príncipe enemigo quien abrió los ojos, siendo su última mirada la muerte del ser por ella amado.

Entonces Santana, en medio de aquel absurdo delirio de dolor y sangre, maldijo al maligno poder que se oculta en la oscuridad, quedando envuelta al instante en un extraño resplandor que le transportó de nuevo a su lúcida naturaleza.

Poco después, no muy lejos del lugar en el que las lejanas estrellas habían sido testigos de aquel horrendo episodio, Santana llamó con desesperación a la puerta de la poderosa hada que nunca duerme. Ella era su única esperanza.

- “¿Quién se atreve a perturbar mi no sueño?”

Preguntó muy molesta el hada que nunca duerme al escuchar los golpes en la puerta.

Santana suplicó al hada que devolviera la vida a su amado príncipe, ofreciendo la suya a cambio.

- “¡No puedo devolverle la vida! ¡Tan sólo tú puedes hacerlo aunque deberás pagar un precio muy alto por ello! ¡Has osado traspasar las fronteras que rigen la esencia de los hombres, has despreciado la vida y ofendido a las estrellas!

A partir de ahora vivirás en un eterno día sin noche y únicamente te será otorgado el don de poder hablar con los animales del bosque. A partir de este momento tu presencia pasará completamente inadvertida para el resto de los humanos ¡Ese será el tributo que deberás pagar!

Y así fue. A partir de aquel día ya no pudo ver las estrellas. El bosque y el día fueron su único reino y los árboles las únicas torres que componían su palacio.

Su compañía fueron los pájaros. Junto a ellos volvió a cantar canciones alegres. Conoció también a una osa enamorada de las nubes con la cual dibujaba corazones con los pequeños guijarros de la orilla del río.

Aunque con quien más tiempo compartió fue con un joven y romántico jabalí. Juntos escuchaban el susurro melancólico de los arroyos y también buscaron con ahínco atardeceres de rojo efervescente. Atardeceres que resultaban incompletos pues tras ellos no había noche sino únicamente un solitario amanecer. Luego, al llegar de nuevo la plenitud del día, Santana volvía a encontrarse con el joven jabalí y juntos jugaban a descifrar el sonido del viento.

Así fue, un día tras otro, sin que hubiera noche. Sin ver las estrellas.

Hasta que un día el sonido del viento quedó roto en mil pedazos.

Santana gritó e imploró sin éxito a los enfervorizados cazadores para que no dispararan contra su querido e indefenso amigo.

Aquellos cazadores no obtuvieron su deseada pieza pues sólo hallaron a una bella joven que yacía herida y tras de si a un joven desnudo que acababa de volver a su forma humana.

Cuando la princesa Santana se recuperó de sus heridas se casó por fin con su amado príncipe.

En los atardeceres de rojo efervescente la llama del amor renacía con la fuerza que otorga el privilegio de estar juntos nuevamente, de tener una nueva oportunidad de ser felices. De hecho, se amaban con tanta intensidad que sin querer detenían el tiempo. Entonces, el hada que nunca duerme tenía que utilizar su poder para ponerlo de nuevo en marcha y de esa forma permitir la llegada de la noche y con ella la eterna calma que proporciona el brillo de las estrellas.

FIN

Francisco Galeote Ayllón


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Autor:
Francisco Galeote Ayllón (5 noticias)
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