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La Señora Depresión

18/09/2009 09:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La depresión según la OMS segunda enfermedad después de las cardiovasculares que mas afecta a los seres humanos en el mundo. Diatriba de una depresiva

Llegó un día y se instalo para quedarse, nadie la había invitado, es más, con tan mala prensa, nadie la quería cerca. Pero entro en mi casa y se empecino, aferrada como garrapata.

Ya hacía años que convivíamos, angustiadas y juntitas, siempre juntitas, ella contaba orgullosa que estaba desde mis siete años cuando se me ocurrió preguntarle a papá ‘para que estudiamos y trabajamos si total todos nos vamos a morir igual’, mi padre articuló no se que pavada, que ni recuerdo, sólo sí, su cara de asombro.

Así fuimos creciendo, cada vez con mayor esfuerzo de mi parte para sacarla y que fuera a otro lugar, imposible, en cuanto me separaba un poco, volvía mucho más enojada aún y mucho más terca.

Evidentemente había venido para no irse más, tonta yo que inicie, todas las terapias existentes, de la más variopinta catadura, que la ortodoxa, que la gestáltica, que la sistémica, que la cognitiva, que la que junta todo en una, las terapias alternativas, las cartas del Tarot -Jung mediante-, varios curanderos, vírgenes, santos y manosantas.

Todo era válido con tal de arrancar ese cangrejo que me oprimía el corazón y me hacía ver la realidad tan crudamente que era imposible disfrutar la vida.

Hice de todo y de todo hice bastante, estudie, tuve hijos, tuve amores, escale posiciones, hice dinero, hice todo lo que quise, pero siempre con la detestable compañía

Todo, todo, para llenar ese terrible vacío existencial del que hablan los más distinguidos filósofos, pero yo? Justo yo? Que tenía de distinguida y de filósofa?… nada absolutamente nada.

Consumí obedientemente toda la medicación existente para paliar esta sensación que me provocaba la señora, pero aún al día de hoy, no logro que se vaya a su casa. Tal vez, ya sea el momento de rendirme a sus pies y no seguir batallándola, dicen que si no hay rival no hay contienda…. Qué pasaría si la dejo que invada mi territorio sin defenderme?

La parte más interesante es la del histrionismo, estoy convencida que todos nosotros estamos medio piruchos, pero que fundamentalmente, todo radica

en ejercitar el arte del disimulo, en mi caso cuanto peor estoy más histriónica me pongo, utilizo la ironía como un arma filosa, el sarcasmo como escudo invencible y el humor, negro, como corresponde, todo con tal de no mostrar la cara devastada por tanto dolor.

Hoy en día las estadísticas demuestran que esta señora se ha instalado en muchísimas personas, hombres, mujeres y hasta niños…. Parece que se trata de una nueva epidemia, yo puedo dar cátedra, dado que está en casa desde antes de que se pusiera de moda.

Ella tiene diversas caras, la que produce un llanto calladito, finito, como que pide permiso, pero se queda indefinidamente. La que te tumba en la cama y quedas como un Sticker pegada al colchón durante el tiempo que ella disponga. Las más jorobadas son las del llanto desconsolado y la opresión permanente en el pecho, ahí si que te quiero ver. No te deja hacer nada, requiere toda tu atención, no te deja tiempo ni para bañarte, ni para concentrarte en nada que no sea lo que te esta pasando, y apareces como la egoísta de la película, porque nadie te entiende.

Los resultados son catastróficos, los amigos se apartan, los familiares también, y con razón! quién quiere que le lloren todo el día y le digan cuando cuentan algo bonito, que eso también va a tener final?

Entonces te vas quedando sola con ella y le preguntas al Barba, si crees en él, “¿porqué?” No quiero ni imaginarme que pasaría si no creyera en nada, seguramente no la habría sobrevivido.

Todos dicen que soy muy inteligente y a esta altura de mi vida lo siento más como un insulto que como un halago, busco al médico que me haga la operación de la aguja de crochet, que la inserte en mi sien, saque un pedazo de mi cerebro y en su lugar ponga esponja… creo que así vería que la vida no es tan sórdida como me parece. Seguramente no es tan sórdida como me parece.

Solo que yo me siento de sobra.

Cada día cuando me despierto, abro los ojos y escucho, en realidad me escucho y me escudriño, que siento?, que siento?, ganas de levantarme?, a

veces sí; ver que es un día precioso y pensar en disfrutarlo?, siempre no; escucho ese vacío silencioso, precedido por horribles pesadillas, que tampoco me dejan el consuelo de dormir en blanco, sin sentirme terrible.

Pero igual automáticamente comienzo la interminable jornada con la misma rutina paso a paso, sin olvidarme nada de lo que siempre hago y haciéndolo

del mismo modo. Día a día.

Y así va pasando la vida, con los días en blanco, sin esperar nada, sin pretender nada. Sólo con ese deseo de que se vaya, porque con ella se me mueren los deseos.

A estas alturas, ya deje de hacer de todo, me recluí, me interno en la computadora, veo miles de películas y entre llanto y llanto me comunico con gente maravillosa que esta del otro lado de la pantalla, que vive, que disfruta y que no ve el guiñapo en el que me he convertido.

Es como si se me hubiera terminado la gasolina…mis compañeros: el café y los cigarrillos. Ah! Y la atención puesta en la hora en que tengo que tomar las pastillitas.

Tengo unos piyamas preciosos que fui comprando para que los demás no me recriminaran que vivo con la ropa de dormir puesta, si hasta parecen ropa de calle….

Con relación a las pastillitas, ya en la universidad con un amigo, decíamos que cuando nos llegara la muerte y abrieran el cajón, años después, estaríamos tal cual, lo que asombraría a más de uno, por lo que nos harían la autopsia y allí descubrirían las maravillas de la química, las habría de todos los colores, verdes, rojas, amarillas, blancas y hasta unas de color lila que lucían preciosas. De más esta decir que mi amigo también tenía su propia inquilina, que tal parecía, era hermana de la mía.

Los resultados son catastróficos, los amigos se apartan, los familiares también, y con razón!

En realidad los períodos más crueles, fueron cuando más remedios consumía, porque como siempre temía que podía ser peor, solicitaba auxilio ni bien sentía se acercaba la hecatombe, allí entonces a la psiquiatría, que es una ciencia de prueba y error, porque cada ser humano es distinto, tal como su alma, su corazón y su cerebro, no le queda más que experimentar con el invadido por la tristeza, hasta llegar a encontrar el elixir mágico que en mi caso, era el que evitaba el terremoto y me mantenía en una meseta melancólica.

La melancolía, oh! Maravillosa fuente de inspiración de poetas medio locos y escritores existencialistas, de artistas suicidas y amargados inoculados con la pócima venenosa.

Suena poético no es verdad?, pero ellos tenían la piedad del opio, del alcohol, la morfina y hasta el absent, verde y dulzón, que les daba un poco de descanso a su torturada alma.

Hoy en día no, todo eso esta mal visto, no es políticamente correcto, vas al psiquiatra, que a su vez es psicoanalista, dos en uno es más barato, y hablas de tus entuertos, te receta las famosas pastillitas y vamos a ver que pasa hasta la próxima sesión.

Hay veces que surge la magia y el paciente con rigurosa paciencia, logra salir del abismo y empezar a disfrutar lo que le toca en suerte. Animoso y animado, tiene proyectos, tiene amores, tiene la polenta necesaria para hacerle frente al mundo, el cual a partir de ese momento le resulta maravilloso.

Lo emocionan las hojas doradas del otoño, los grises días del invierno, las flores, el verdor de la primavera y el calor veraniego junto al mar inmenso, donde se deja llevar por la sincronía de las olas y mira el horizonte con un éxtasis sublime.

Salió del infierno, o más bien se lo sacó de encima.

Pero si la convivencia con la Sra. es de larga data, y ya recorriste un largo camino muchacha para desalojarla, ya te sabes todos los elementos que tenemos a mano para hacer la torta, entonces, qué pasa? Que la magia no aparece, aunque la busques con dedicación, digna de un monje budista.

El punto más complicado es la otredad, si los otros, si tenés el egoísmo suficiente, todos te importan poco, entonces podes zambullirte de lleno en la Sra. sin culpa alguna.

Pero si te falta este detalle, el asunto se complica aún más porque entras en un circulo vicioso, te deprimís, ves que los otros se ponen mal porque te ven hecha un trapo y te sentís….peor, porque a la depresión se le suma la culpa y ahí, te quiero ver mascarita!

No hay vuelta que darle, lo mires por donde lo mires, todo resta nada suma,

llega un momento en el que pasas horas, días, meses, en blanco. Claro, algo tiene que hacer efecto y ahí entran a tallar las pastillitas, no te alegran pero no te permiten llorar, no te animan, pero funcionas en automático, ves lo mismo que antes te desgarraba y sufrías a morir y te sigue desgarrando pero en sordina y lo que es peor, sentis que sos una basura que no se apiada de lo horroroso que estas viendo.

Entonces volvés a aplicar los tips que antes no te fallaban, cuando mirás a los ojos a los otros, los que no te conocen la mirada, les decís que estas mejor, que estás más animada. Y a los que te conocen la mirada, les comunicas con un dejo de ironía a la pregunta de Cómo estás?, ‘bárbaro, cansada del éxito, de estar en el podio, y más me haría mal o provocaría la envidia del mundo.’

Ahí aplicas mecánicamente el histrionismo, cuando peor estas, más teatralera te pones, en mi caso son pasos de comedia, diría casi de comedia judía, porque mis chistes son ácidos como el acíbar, pero los demás se acoplan al juego y creen, como quieren creer, que estoy mejor, que volvió la de antes, si la de antes, yo no se que antes si siempre fui igual, pero parece que antes se me notaba menos.

Justo antes cuando vivía al borde del suicidio, el que intentaba infructuosamente y el Barba no me daba cabida. Otra desilusión más, ni eso me salía bien. A esta altura le deje en sus manos el momento de la partida, parece que no me porte bien en algún momento porque me mantiene en este infierno, in secula seculorum.

Y esto es lo que hay, ni más ni menos, ya escudriñe en la última mamadera fría y sin azúcar que me dio madre en la infancia, que como dijo Benedetti, a veces es un paraíso y otras un infierno de mierda, me anoto en la segunda. Pubertad, adolescencia, maridaje, maternidad, hijos, trabajo, yo. Todo paso bajo la lupa impiadosa de mi propio análisis y del que hace mi sufrido analista, brillante el hombre y tesonero, esta convencido que va a desalojar a la Sra. cueste lo que cueste y yo se lo agradezco, aunque no esté tan convencida. Por ahí con tal de no defraudarlo, la hecho a patadas un día y no vuelve por una semana.

Yo no elijo como me siento, es una sensación instalada, pero no es que no quiera salir, creo que nada me haría sentir cierta felicidad como salir de este agujero.

Pero al parecer, mi voluntad no alcanza, sólo llega a obligarme a levantarme, bañarme, tratar de sonreír frente a mi hijo y hacerle algún que otro chiste, porque me preocupa que se preocupe, es tan niño y tan maduro, que de solo pensarlo, me saltan las lágrimas.

Y así vamos andando de la mano y por la vida, que cada día es más gris y se va opacando en el camino. Alguien dijo una vez que la vida es una fiesta, parece que a mi me toco limpiar los ceniceros….

Pero en fin y al fin, quizás si no fuera por su compañía no estarías leyendo estas letras, porque seguramente estaría en otro lado, en otro tiempo, en otra

realidad.


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