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La princesa de Stevenson

06/06/2017 17:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Érase una vez una niña princesa a la que le gustaban las historias de Robert Louis Stevenson. Se llamaba Kaiulani, vivió en Hawaii a finales del XIX y pudo escuchar las historias de la propia voz del autor. Dejemos volar la imaginación, como RLS nos enseñó

Victoria KaiulaniLeonor de Borbón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

QUERIDA LEONOR,

Lo más probable es que esta carta nunca llegue a tus manos. En todo caso, he querido escribirla igualmente, salvando el escollo del Tiempo, para compartir contigo una historia que sé que te gustará.

Que Stevenson sea uno de tus favoritos, con el corazón (literario) en la mano, me ha acercado mucho a ti y me ha predispuesto a tu favor. Todo aquel que ame a R.L.S. y siga la estela de Jim Hawkins, necesariamente tendrá pulsión por intentar ser bueno, alegre y libre. Te animo a seguir a Jim: te llevará siempre a buen puerto.

Disculpa mi falta de cortesía, no me he presentado. Me llamo Victoria Kaiulani Cleghorn y nací el 16 de octubre de 1875 en Hawaii. Mi madre era la hermana del rey de Hawaii y mi padre un escocés, gobernador de Oahu. Se llamaban Miriam y Archibald. Sucedió que el rey Kalakaua no tuvo descendencia, y pronto yo fui declarada Princesa Coronada de Hawaii y, por tanto, única heredera al trono. A los doce años me convertí en Señora de Ainahau. Ya ves, princesas las dos.

El rey estaba empeñado en demostrar al mundo que su pueblo podía ser tan civilizado y avanzado como cualquiera de los europeos. Y pusieron todo el interés en importar usos, costumbres y avances científicos. Fue guay. ¿Sabías que el palacio real de Iaolani tuvo iluminación eléctrica antes que la Casa Blanca en Washington? Precisamente ¡fue mi mano la encargada de encender por primera vez las luces de Honolulu!

Victoria es mi nombre inglés (en homenaje a la Reina de Inglaterra) y Kaiulani (“el punto más alto del cielo”) el hawaiano. Crecí educada como una princesa de una corte europea en un paraíso tropical. Un día llegó a la isla la visita de un gran hombre de letras. Escuché que navegaba buscando un lugar donde poder convivir con su frágil salud. Pasó cinco meses en mi casa. Le unía el vínculo escocés con mi padre. Se llamaba Robert Louis Stevenson, y pronto nos hicimos muy amigos. Paseábamos lentamente por los campos y, como sabía que me iban a enviar a estudiar a Escocia, llenó mis tardes de historias de las Tierras Altas, con sus duendes, reyes, batallas, sus castillos, mitos y leyendas. Me dijo que no tuviera nunca miedo de ser quien soy, y que no dejara a nadie menospreciar mi herencia polinesia.

Nunca olvidaré las noches pasadas mirando las estrellas. Él me dijo que yo tenía lo mejor de la tradición polinesia y lo mejor de Escocia y que era “una rosa de dos mundos”. Años más tarde sé que me escribió un poema que tituló así.

En aquellas noches me contaba historias maravillosas. Me hablaba de una isla, un tesoro y un muchacho llamado Jim, me hablaba de una flecha negra, de un tal doctor Jeckyll y un Mr Hyde que me daba miedo, de las aventuras del Señor de Ballantree y muchas otras cosas. Fueron las mejores noches de mi vida, cuando todo habitaba todavía el reino de lo posible. ¿Te imaginas el privilegio de escuchar las historias contadas por su autor? Durante toda mi vida, siempre que leí sus libros, escuchaba su voz.

Un día llegó a la isla la visita de un gran hombre de letras. Escuché que navegaba buscando un lugar donde poder convivir con su frágil salud. (...)Se llamaba Robert Louis Stevenson

Un 10 de mayo, yo zarpé para San Francisco con destino Europa, para educarme en un colegio de Inglaterra. Él zarpó ese mismo día para Samoa y ya nunca volvimos a vernos. Después supe que los nativos de Samoa, cuando él murió, le llamaron «Tusitala»: el hombre que cuenta historias. No imagino un mejor homenaje para él.

Mi vida se complicó mucho al llegar a Inglaterra y hubo muchos sucesos tristes, pero no quiero contarte eso. Está en los libros de historia de Polinesia. Quiero que te quedes con que yo también fui princesa y muy feliz con las historias de Robert Louis. Me acompañaron durante toda mi vida. Él me dio fuerza, alegría y ánimo en muchas ocasiones, como cuando tuve que hablar ante el Presidente de los Estados Unidos en la Casa Blanca, el señor Cleveland (¡qué nerviosa estaba!). Te deseo lo mismo: que encuentres en él inspiración.

Nada más, Leonor. Si quieres saber más cosas sobre mí, puedes escribir a Jaime Mariño y él te las contará. No es Stevenson, claro, pero es un buen amigo y charlamos a menudo de si existen en verdad la Isla del Tesoro y otras fantasías. Y si alguna vez vienes a Hawaii, será un honor que pases a visitarme y regalarme una rosa (o un libro). Si ese día llega, trae a Xayme en tu comitiva. El pobre hace años que quiere venir pero vive atribuladamente y no dispone de posibles. A tu buen juicio lo dejo, princesa.

 Besos, y que la vida sea buena contigo, amiga Leonor.

Ah, te copio aquí el poema que RLS me escribió. Como decís en el siglo XXI: «mola»…

 

THE ISLAND ROSE

(poema de Robert Louis Stevenson a la princesa Kaiulani)

Forth from her land to mine she goes,

The island maid, the island rose,

Light of heart and bright of face:

The daughter of a double race.

Her islands here, in Southern sun,

Shall mourn their Kaiulani gone,

And I, in her dear banyan shade,

Look vainly for my little maid.

But our Scots islands far away

Shall glitter with unwonted day,

And cast for once their tempests by

To smile in Kaiulani's eye.


Sobre esta noticia

Autor:
Xayme (4 noticias)
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Reportaje
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