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La nueva democracia

23/12/2010 10:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se puede pensar que todos los votos tienen el mismo valor, lo cual es tajantemente falso

Empezando por el principio, como debe ser, vale la pena recordar que nuestra tan sobrevalorada democracia (demos kratos=gobierno pueblo) procede originariamente del modelo de gobierno establecido en Atenas allá por el 510 a. C., hace unos 2.500 años, redondeando. Claro está que era bastante distinta de la democracia que nosotros conocemos, sólo tenían derecho a voto los considerados como ciudadanos, lo cual excluía tanto a mujeres como a extranjeros y esclavos. Antes de que nadie se escandalice vale la pena tener en cuenta que no hace tanto, en España por ejemplo, que las mujeres han accedido al derecho al voto, ni hace tanto que votamos todos, ni hace tanto que se abolió oficialmente la esclavitud.

Repasemos en que consiste la democracia en si: a través del voto los ciudadanos, como hace 2.500 años, depositan su soberanía personal en los candidatos que, ganen o pierdan la elecciones, habrán de representarles en los asuntos de la gestión del estado dentro de un parlamento o congreso, así como uno cede en las sociedades modernas la mayor parte de sus derechos en el ámbito de la seguridad a los "cuerpos y fuerzas de seguridad del estado" o a los magistrados en el ámbito de la justicia. Estos últimos no se votan por parte de la ciudadanía, las cosas son así ahora. Pero en cuanto al poder legislativo, técnicamente o teóricamente responde a la voluntad del conjunto de los ciudadanos expresada mediante sufragio universal (eso es independientemente de su raza, sexo, creencias o condición social). Y la verdad es que suena muy bien, pero siempre ha de salir algún pero, de hecho hay unos cuantos: si quieres votar estando preso con una setencia firme va a ser complicado puesto que el derecho a la libertad no es el único que se pierde con una condena.

Por otro lado se puede pensar que todos los votos tienen el mismo valor, lo cual es tajantemente falso: esto está relacionado con el despropósito de la famosa ley d'Hont y las demarcaciones territoriales, dando como resultado que cuanto menos poblada sea una circunscripción, más valor tiene el voto de un ciudadano, o dicho al revés, cuanto mayor sea la población de la demarcación en la que se vota, menos valor tiene ese voto. El problema viene directamente de la constitución de 1977, artículo 68.2, donde se puede leer "La circunscripción electoral es la provincia." Bien. Otro motivo más para cambiarla.

Un poco más abajo, en la misma constitución, artículo 68.5: "Son electores y elegibles todos los españoles que estén en pleno uso de sus derechos políticos."

A eso cabría añadir todos los matices que desgrana una extensa ley que regula la creación y gestión de partidos. En cualquier caso como reza una conocida máxima de la publicidad "nadie compra lo que no conoce" y es en el campo de la financiación y las campañas donde los grandes partidos literalmente barren a los pequeños dando como resultado todo lo contrario a la pretendida pluralidad, el bipartidismo, ese mal congénito de las sociedades.

También se ha hablado largamente sobre las listas cerradas de nuestro sistema que dan como resultado una política altamente impersonal sometiendo aún más a los candidatos a la disciplina del partido. Es la manera perfecta de evitar que cualquiera indeseablemente honesto se pueda hacer con un escaño.

Volviendo al hecho de delegar la soberanía personal en un representante, dígase político, es evidente que obedece a razones prácticas: no cabían en aquel parlamento ateniense las aproximadamente 100.000 personas con derecho a voto, por imprecisa que sea la cifra tampoco habrían cabido 10.000, ni siquiera 1.000. De ahí la razón del "gobierno del pueblo" mediante representantes. Tampoco cabrían hoy los tantos millones de votantes en el congreso de los diputados, por supuesto. Pero.

Pero resulta que ya hace unos años que inventaron algo llamado internet, que ha sido la mayor revolución en la comunicación desde la televisión. Y ha hecho cambiar mucho muchas cosas. Y puede hacerlas cambiar mucho más. No en vano uno puede comprar a través de la red en muchas partes del mundo. Incluso puede gestionar sus cuentas bancarias. Incluso puede llevar a cabo trámites con la administración que requieren una identificación genuina e inviolable. Y aunque soy el primero en afirmar que la "seguridad informática" es un gran oxímoron, que duda cabe de que a día de hoy se da curso a trámites en el medio telemático con los mecanismos oportunos para que la seguridad no suponga mayor contrariedad.

¿Cuántas promesas electorales hemos visto incumplidas? ¿Cuántas veces hemos visto ignorada la voluntad de la mayoría? ¿Cuántas veces nos hemos sentido todos traicionados por nuestros representantes?

Supongo que cualquiera que lea estas líneas puede ver muy claro adónde quiero ir a parar: ¿Para qué necesito a un representante legitimado a través de mi voto en el congreso de los diputados cuando a día de hoy, siglo XXI, es perfectamente factible y contamos con los medios a disposición para eliminar esa intermediación y dotar a los ciudadanos de la cuota de soberanía que les corresponde? ( Más que dotarles, devolvérsela )

Internet no se inventó ayer y francamente, no he leído gran cosa en ese sentido. Si que he descubierto cierto partido, tras escribir esto, la verdad sea dicha, que plantea algo similar desde su condición de partido. Hemos coincidido hasta en el título del concepto. Yo opino que es la misma estructura del gobierno la que se ha de regir por estos principios.

nueva democracia, el partido que funciona por encuestas

Por supuesto no van a ser los políticos gobernantes los que soliciten ser desposeídos del poder que se ha depositado en ellos y que tan frecuentemente pervierten en interés propio. ¿Cuántas promesas electorales (y no electorales) hemos visto incumplidas? ¿Cuántas veces hemos visto ignorada la voluntad de la mayoría? ¿Cuántas veces nos hemos sentido todos traicionados por nuestros representantes?

Ya es hora de ponerle fin a eso. Tenemos el derecho y tenemos los medios. Incluso tenemos la obligación, a tenor de lo que opinaba Solón, considerado en cierta forma el padre de la democracia ateniense, por lo tanto el padre de la democracia a secas. Solón decretó que, para los ciudadanos, era un delito desentenderse de los debates políticos, de los asuntos de estado. Y en mi humilde opinión no creo que ese ánimo sancionador fuera causado por un apetito recaudatorio, como tan común es en nuestros días. Puede que tenga más que ver con un refrán del que desconozco la procedencia: "Si me engañas una vez, la culpa es tuya. Si me engañas dos, la culpa es mía."

A nosotros, al pueblo, nos han engañado muchas más de dos veces. Con toda seguridad, demasiadas veces. Es hora ya de buscar mecanismos alternativos para que eso no vuelva a suceder y de crear la presión suficiente para que la instauración de dichos mecanismos sea una realidad, así como la reforma de la injusta ley electoral a la que se oponen los dos partidos mayoritarios por ser los mayores beneficiados y que de ser por su mera voluntad nunca veremos corregida. Nos corresponde a nosotros, el pueblo, la obligación de tomar las medidas oportunas y/o necesarias para detener la traición sistemática de la clase política a la mayoría de sus representados. Los políticos han de pasar a ser meros gestores sin ningún poder representativo depositado en ellos. Las consultas y referéndums han de ser en el futuro próximo la vía común para aprobar leyes o enmiendas. No hay necesidad de formar un gobierno para cuatro años cuando se puede consultar la voluntad popular tan a menudo como sea conveniente.

Habrá una nueva democracia. Y en cuanto a la transparencia de dicho sistema, en una sociedad libre y abierta, en la que a nadie se va a perseguir por sus ideas, entiendo que el voto debería ser público y abierto. Esta posibilidad, hoy mismo, es ya técnicamente viable. Harto difícil va a ser encontrar la voluntad política para llevarla a cabo, pero el primer paso de una reivindicación es siempre por necesidad tener un derecho que reivindicar. Tener un proyecto que acometer. Tener una idea sobre un papel.

Y aquí está la solución a la mayor parte de la corrupción política. Aquí está la solución a la perniciosa influencia de entidades privadas en el ámbito legislativo. Aquí está la solución a los ejecutivos que gobiernan de espaldas a su pueblo. Aquí está la solución a las injerencias de potencias extranjeras. Aquí está la solución al bipartidismo. De hecho es la solución a los partidos políticos tal como los conocemos. Y es tan evidente, es una idea tan llana y simple, que seguro que se nos ha ocurrido a muchos. Es pues el momento de difundirla y luchar por hacerla realidad. Es el momento de que la palabra democracia cobre su significado literal. Es el futuro. Es, la nueva democracia.

Habrá una nueva democracia


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