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La Mujer Amueblada

06/12/2010 19:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Paris Hilton, condenada a 200 horas de servicio comunitario por posesión de drogas, no renuncia al «glamour» y cumple su condena en tacones de aguja

Todos hemos estados alojados en una mujer durante una fase de nuestra vida (la primera). Normalmente por un período de nueve meses, si exceptuamos los bebés prematuros que son, al parecer, aquellos que tienen mucha prisa por salir a la calle y vivir su propia vida independiente a la intemperie - cosa que siempre me ha dejado sumamente perplejo - a no ser que sea la propia madre la que tenga prisa por desalojarlos, (cuestiones, todas ellas, demasiado profundas para dilucidarlas a la ligera y que requieren como mínimo la consulta de un psicoanalista). Lo que importa en cualquier caso es que todos, incluidos los niños probeta, hemos sido los huéspedes o los «ocupas» de una mujer u otra (alquilada en algunos casos) de forma que el que una señora tenga nombre de hotel no nos extraña (y más si cabe si el hotel es suyo o de su familia).

Quizás sea la mujer el continente por antonomasia. Yo siempre he sido consciente o inconsciente (da lo mismo) de ello, y he buscado hogares o alojamiento de tipo matricial, uterino, y me gustan las ciudades antiguas de callejuelas retorcidas, laberínticas, orgánicas. ¿Tendrá algo que ver con la emancipación de la mujer el nacimiento de la nueva ciudad moderna y «masculina», cuadriculada, de largas e interminables avenidas, hechas a la medida del automóvil (siempre me ha parecido que los automóviles «violan» en cierta forma a las ciudades), símbolo fálico donde los haya? O quizás haya que interpretarlo todo al contrario y sea la masculinización de las ciudades -que se han tornado inhabitables- lo que ha producido la emancipación de las mujeres, cada vez más decididas a tomar las calles. Algo que no ha sucedido, cosa curiosa, en Oriente Medio, donde las mujeres siguen esclavizadas y enclaustradas, y sin embargo las ciudades se han vuelto horrorosamente modernas y masculinas (¿Será esta la causa profunda de los conflictos que incendian y sangran al mundo árabe?) En el caso de Paris Hilton, no sabría decir si se trata de una mujer emancipada o de una mujer alienada; es ésta una cuestión peliaguda, enrevesada, porque al parecer lo que es signo de independencia hoy, quizás no lo sea mañana. Yo que vivo en las nubes pensaba hace tiempo, cuando oía mencionar su nombre de pasada en los corrillos que se forman como turbulencias atmosféricas en tu camino, que hablaban de algún hotel de París que en inglés se pronuncia Paris, y en realidad, así era: hablaban de un mujer heredera de una cadena hotelera que sería un hotel de lujo mañana para su hijo si se quedara embarazada. Que el hotel era también mujer no lo descubrí hasta más tarde, porque por mucho que vivas en las nubes (o precisamente por eso) es imposible no darse de bruces con ella que mora en las alturas del carnaval informativo y mediático. Los surrealistas fueron grandes aficionados a estas asociaciones poéticas, y creo que fue Dalí el que retrató a la mujer como cómoda con cajones y compartimentos varios. Pero acaso fue Aldridge el más osado al identificar «gráficamente» a la mujer con una enorme residencia en el póster publicitario que diseñó para la película «Chelsea Girls» de Andy Warhol. Se trata de algo anclado fatalmente en nuestro inconsciente y de vez en cuando aflora de una manera u otra.

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¿Pero está emancipada o no, Paris Hilton? Antaño las mujeres de clase alta, quizás como contrapartida de los enormes privilegios que conllevaba su rango, vivían por así decirlo secuestradas por la imagen encorsetada que se tenía de ellas y a la que debían acomodarse. Paris se ha quitado el corsé y se ha independizado de los deberes de su clase para convertirse en una especie de mujer objeto no sé muy bien de qué clase, y como tal se ha lanzado a crear su propia marca de mujer amueblada estilo imperio o estilo emporio. Se ha quitado el corsé, pero se ha puesto los tacones. Tacones de aguja siempre. Hasta para cumplir con el servicio comunitario impuesto como condena por sus pequeños deslices con las drogas, servicio que consiste, en este caso, en limpiar los grafitos de las paredes de Los Ángeles, siguiendo las instrucciones dictadas por un programa denominado -cómo no- embellecimiento de Holliwood. En el corte publicitario que protagonizó no hace mucho anunciando una cerveza brasileña se entrega desde lo alto de un rascacielos de paredes acristaladas a la mirada voyeurística de un fulano armado con una cámara que la espía desde el edificio de enfrente, a la de todos los transeúntes que pasean por la calle y, por supuesto, a la de los televidentes que quieran contemplarla desde el sofá de su casa, bebiendo, probablemente, una lata de cerveza. O sea que se entrega y no se entrega, practicando el típico juego mortificante de la estrella encumbrada. Es la imagen de mujer que más vende. Y después de todo, ¿acaso quiere alguna mujer emanciparse de su belleza? Duro dilema ahora que muchos varones han decidido convertirse en hombres objeto a toda costa.


Sobre esta noticia

Autor:
Francisco Bullón (10 noticias)
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Opinión
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