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La enseñanza de los bytes

04/07/2009 20:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una comparación entre cerebro y computadora. La lectura como programación de nuestra mente

Al maestro Rubén Martínez González, por su entusiasmo

¿Para qué leer si ya todo está hecho para la imagen inmediata? Las mejores novelas serán convertidas en películas de cine que podré apreciar en menos de dos horas. Entonces ¿para qué leer?

Los defensores de la lectura ahora tenemos una nueva arma para invitar a los demás a que lean en lo cotidiano de sus vidas: las computadoras. Y no nos referimos a leer en la computadora, ahora me explico.

Todos ya tenemos un acercamiento a diario con las computadoras y ahora las vemos con una normalidad junto a la báscula en nuestra tienda de abarrotes o bien cuando a nuestro auto le hacen el balanceo de rutina. ¡Una computadora en la tienda o en el taller del auto (y en el auto mismo)! ¿Lo creeríamos hace diez años si alguien nos lo hubiera contado? Por su puesto que lo tacharíamos de loco a quien se atreviera a tales afirmaciones. Las computadoras son para los científicos o sólo las conocíamos en las películas. Vemos ahora que todo esto no es cierto. Dependemos de las computadoras las manejemos directamente o no (¿dónde cree que están sus datos de nacimiento almacenados ahora?). Si tal es la familiaridad con la que ahora nos manejamos en el mundo de la informática podemos fácilmente notar que sólo aquella computadora que tiene los programas correctos sirve para aquello que la utilizamos. Esto parecería más bien una verdad de Perogrullo que una sentencia iluminante. Claro, responderemos, la computadora que sirve para balancear mis llantas no sirve para editar mis fotos, sirve para lo que fue creada: balancear llantas. Verdad más grande no puede haber. Y ahora sigamos por el lado contrario: es inútil aquella computadora que se trata de aplicar sin los programas que necesitamos. ¿Cómo hacer muestras estadísticas sin el excel a la mano? Bien, tal vez no sea imposible sí sería muy engorroso hacer tales cuentas tan sólo con el word.

La computadora es constantemente comparada con el cerebro humano, centro regulador de todos nuestros actos. Sigamos con la comparación sólo por ser más o menos aceptada en la idiosincrasia de la gente. Si una computadora con los programas justos para funcionar en aquello que necesitamos nos resulta bastante útil y nos aligera la carga, ¿estamos seguros que nuestro cerebro también tiene los programas justos para su funcionamiento? ¿O es que estamos errónea y difícilmente desarrollando nuestras tareas diarias con el programa equivocado?

La pregunta, al final de cuentas, es la siguiente, ¿qué programas utilizar para que mi cerebro esté lo mejor programado posible y responda a las necesidades que mi entorno exige? ¿Con qué lenguaje se realizan esos programas que mi computadora-cerebro necesita para desarrollarse? Son dos los lenguajes básicos y necesarios para realizar esta operación: el lenguaje de tu lengua madre y el de las matemáticas. De hecho el programa existe desde antes de tu nacimiento. Esta herramienta del lenguaje ya rondaba por el mundo siglos antes de que naciera tu familia. Pero no basta con entender desde niño dónde es arriba y dónde es abajo. Ahora debes saber y exigirte más, ya que estás entrando a una sociedad compleja y, la verdad, la escuela no da para tanto. ¿A quién recurrir, pues, para que nos enseñe? Es precisamente la lectura quien te afinará por completo para esas necesidades que tienes. Sólo mediante la lectura podrás programar a tu cerebro para saber las respuestas que tu trabajo, tu familia y tus amigos requieren. Pero la cosa va más allá y hay exigencias personales que también debes atender. El conocimiento histórico de las situaciones sociales que te llevaron a ese lugar donde vives ahora (y cómo vives), el goce intemporal de las grandes obras también resulta necesario para que vivas como hombre y eso sólo te lo puede dar la lectura.

Si bien nos damos cuenta, la lectura es una forma de heredar los conocimientos necesarios para comprender y gozar. Aquel que no lee entiende menos y goza menos. Entonces la lectura se torna una responsabilidad para dar continuidad a la cultura y la civilización de la que somos fruto y parte. Sólo leyendo podré ser mejor de lo que soy hoy, y no importa que no me dedique a las artes o la cultura, debo leer puesto que soy (y debo continuar siendo) un ser humano.


Sobre esta noticia

Autor:
Ergo Rodrerich (6 noticias)
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Opinión
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