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La chispa democrática

14/02/2011 00:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Marruecos, Jordania, Yemen, ¿cuál será el próximo?

La chispa democrática

Los teóricos de la sociología política podrán en adelante, y sin exageración, hablar del “efecto chispa”. En el caso presente, el huracán de cambios que vive el mundo árabe, la chispa fue, como el mérito indudable, de los tunecinos.

Un pobre vendedor ambulante e informático en paro se suicidó el 17 de diciembre para acreditar heroicamente su frustración y la del pueblo y el 14 de enero el presidente Ben Alí huía del país tras poner a salvo a su querida y ladrona esposa Laila.

El efecto contagio

En Egipto del mismo modo y desde parámetros parecidos – pobreza de la mayoría, cleptocracia oficial, dictadura de facto tras un discurso pseudonacionalista – los jóvenes audaces y los parados sin porvenir unieron sus fuerzas y por los medios electrónicos masivos de comunicación, reunieron la bendita cólera de treinta años de represión y minoría de edad.

Y batieron el record: en Túnez costó 29 días echar al inspirado líder y los egipcios les bastaron 18.

El itinerario de la chispa

¿Hacia dónde se dirige la maravillosa chispa ahora? Los pronósticos más optimistas no hacen excepciones (salvo el caso del Líbano, un país democrático hasta más no poder, aunque la suya sea una democracia comunitaria un poco extravagante), pero los eruditos llaman la atención sobre las diferencias y el error de olvidar que, aunque hay una identidad árabe, hay muchos países árabes.

En cada uno de esos países hay una historia política diferenciada y hechos capitales también distintos: no es lo mismo haber sido parte durante siglos del Imperio Otomano o no, o que la autoridad religiosa sea wahabí (como en Arabia Saudí, rigorista) o malikí (como en Marruecos, tolerante) ni que se haya sido una colonia francesa o británica. Hoy en día subyace además la situación económica y el desarrollo social de las mayorías.

Los vecinos distantes

En Marruecos se registra una extraña calma y el viaje del rey a París en pleno revuelo tunecino (percibido como un intercambio no confirmado de información y previsión con Sarkozy) estimuló la expectación. Pero nada realmente inquietante ha sucedido y se ha desmentido que hayan sido trasladadas previsoramente tropas del Sáhara a Casablanca y Marrakech.

La reconciliación nacional tras los trabajos de la comisión de la verdad ha dejado relativamente documentados los “ años de plomo” , lo peor de Hassan II, y datos como el matrimonio sencillo del rey, el código de familia, el derribo de las cárceles “ secretas” y otros han configurado un cuadro mejorado y socialmente más positivo.

Queda el poder absoluto que, a través de los “ ministerios de soberanía” , conserva el rey, el peso absurdo de la policía política y la voluntad de aceptar eventualmente el triunfo de un partido opositor y ajeno a la sacrosanta voluntad real: esa sería allí la verdadera revolución pacífica.

Argelia: un poder correoso

En Argelia la previsión de más presión social, popular, es fácil de hacer y que el régimen se defenderá con uñas y dientes, también. Por su naturaleza: es un sistema -- la manifestación del sábado iba contra “ el sistema Buteflika” , que no existe.

El sistema es el de siempre, una mezcla de la épica de la guerra de liberación contra Francia y la matanza anti-islamista de la guerra no oficial que dejó unos 150.000 muertos. Un régimen de fuerza en el que los poderosos servicios secretos militares son el argumento que finalmente explica algunas cosas.

El “ oasis” libio

Ha llamado la atención estos días la completa ausencia de especulaciones sobre Libia, cuyo inmortal dirigente Muammar el-Gaddafi hizo una crítica acerba de la revuelta egipcia apenas empezada y una defensa del socio Mubarak para poco después rectificar con toda naturalidad y guardar completo silencio a continuación.

No hay, pues, una expectativa de cambio en Trípoli. La sedicente “ Yamahiría Arabe Libia Popular Socialista” es un curioso régimen personal a cargo de un líder carismático o ex – carismático que se las arregla con sus rentas inagotables del petróleo, la inteligente reconciliación con Washington de hace tres años y la ventaja indudable de que allí no hay partidos ni nada parecido.

Siria: sin pronóstico

Es el suyo un régimen de autoridad, sin libertad política real, aunque con cierto debate ahora un poco más sofocado que en los días de la “ primavera siria” de 2001-03, cuando Bashir al-Assad sucedía a su padre, el general Assad, fundador del régimen baasista-alauí vigente.

Un observador escribía que la aparente calma allí se debe a “ un presidente popular” (tal vez se quiso decir, joven, dinámico, conocido… ), un servicio de seguridad preventiva eficaz, la diversidad confesional y su papel de vanguardia contra Israel. Y algo de esto hay.

Además los islamistas radicales fueron aniquilados a mediados de los ochenta, cuando se sublevaron directamente contra el régimen que es de base alauí (una forma peculiar de chiísmo heterodoxo) que ha liberalizado algo la economía y ha mejorado el desarrollo social.

No hay pronóstico para Siria, salvo uno: si se produjeran alteraciones que amenazaran directamente la autoridad vigente, habría fuerte resistencia oficial…

El polvorín jordano

Donde la chispa podría hacer estragos es en reino hachemí de Jordania, un polvorín desde hace años. El rey Abdalá ha olfateado el peligro a toda velocidad y no ha vacilado en autodesautorizarse porque tras pasar por alto la mascarada electoral de las legislativas de noviembre, que la oposición liberal e islamista, boicoteó… tuvo que cesar el día uno de este glorioso febrero al primer ministro, Samir Rifai. Y nombrar a Maaruf Bajit, un hombre que, siendo del sistema tiene fama de ¡no ser un corrupto!... y por lo que se va viendo tiene también cintura política. Hizo lo preciso: llevó a Palacio, algo sin precedentes, a los “ Hermanos Musulmanes” y les ofreció entrar en un gobierno de unión nacional. Lo rechazaron.

Pero el reino tiene problemas, incluido uno anterior a la chispa: la creciente división entre palestinos y “ jordanos” de pura cepa, las tribus que sostienen al régimen monárquico… con un papel para la reina Rania (palestina) que no cabe aquí ahora.

Yemen

Gran candidato a agitaciones y cambios pero sin garantía de que vayan a ser una epopeya pro-democrática y a cambiar el país. Alí Abdullah Saleh, ciertamente, puede pasar por un dictador, pero ganó la atroz guerra civil del Norte contra el Sur y fue un héroe y un jefe antes de hacerse indispensable durante treinta años.

Eso no ha cambiado nada, ni la pobreza del país, que, por ejemplo, se está quedando sin pozos de agua, superexplotados, ni es responsable de los alzamientos armados de los Huthi, ni tiene culpa de la instalación masiva de al-Qaeda en sus montañas.

Yemen es un desastre inmanejable hace muchos años y la sed democrática existente tendrá que enfrentarse con la desesperanzadora realidad.

Elena Martí es periodista y analista política


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