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Kissinger y Putin, valores políticos de una sola estigmatización histórica

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24/11/2019 23:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El próximo articulo versara sobre la acción del excelentísimo presidente Vladimir Putin hacia el mundo global, hombre moderado y de gran equilibrio político

Hombres que hacen historia.

El diplomático Henry Kissinger viene manejando sus teclas en una visión clara hacia el Sur para que Estados Unidos de Norteamérica tenga un mayor control sobre los mares y fundamentalmente en la entrada a la cuenca del Mar Caribe, cuya primera isla al frente es Cuba. Otro tema de vital importancia es el punto de que Evo Morales Ayma disparo palabras fuertes al presidente Donald Trump y el dominio del Capitalismo en el mundo occidental. La gran clave sería Turquía por la relación de su presidente con el bolivariano Nicolás Maduro Moros y, a su vez, con la OTAN.

Como es sabido, el presidente Barak Hussein Obama poco cumplió con el Medio Oriente y trazo con el Reino Unido la muerte de Muhammad Gadafi y, desde allí se estremece una guerra sin fin y principio, donde las tribus han desatado una fuerte guerra entre sí, con una gran avalancha de muertes. El desierto sahariano en sus dos lados por sus minerales son fuentes de atracción para los países modernistas, como lo es, el universo hispánico.

Mientras, los refugiados abundan en su contexto geopolítico como territorial.

El problema no es que se trate de presuntas violaciones del espacio aéreo entre dos Estados, sino que Turquía al ser miembro de la OTAN implica a la propia Alianza Atlántica. Su secretario general, ha urgido a Rusia a que respete el espacio aéreo de la OTAN y tome medidas para no violarlo, al tiempo que ha expresado su apoyo a la integridad territorial de su aliado turco.

“Siempre he creído que para una negociación sustancial uno necesita algunos objetivos y valores compartidos que no veo en el caso del Estado Islámico”, afirmó tajante uno de los políticos estadounidense más inflexibles durante la Guerra Fría, pero que en todo momento mantuvo un canal abierto con el KGB soviético.

El que fuera secretario de Estado con los presidentes Nixon y Ford aboga en su último libro “Orden Mundial” por una neo Paz de Westfalia* o nuevo orden que evite un enfrentamiento global en un mundo multipolar, empezando por Oriente Medio en el que junto a Estados Unidos tengan cabida Rusia y China. Tras la reunión del Kremlin, ahora todos están pendientes del próximo movimiento de Putin.

Orden Mundial” (“World Order”) es el último libro publicado por Henry Kissinger. Sobre su importante rol en la política norteamericana y nos muestra un poco el estado de ánimo pesimista de una parte considerable del establishment mundial sobre la evolución del mundo.El libro de más de 400 páginas, que fue adelantado en un ensayo publicado en el Wall Street Journal sostiene que el “El concepto que ha apuntalado la era geopolítica moderna está en crisis”, en referencia al concepto de “orden mundial” que da título a su libro. Estamos lejos del cenit de la hegemonía norteamericana que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial, en donde la supremacía abrumadora de los Estados Unidos sobre la escena mundial, no sólo sobre sus enemigos sino también sobre sus aliados y antiguas potencias capitalistas competidoras, permitía que se impusiera su universalismo (“el americanismo” o más popularmente “the american way of life”).

Sobre este periodo, Kissinger afirma desde su concepción realista de la geopolítica que: “Los años, quizás desde 1948 hasta el cambio de siglo, marcaron un breve momento en la historia humana en el que se podría hablar de un orden mundial incipiente compuesto por una amalgama de idealismo americano y conceptos europeos tradicionales de estadidad [“statehood” en inglés: reunión de elementos que brindan el reconocimiento de la condición de estado] y el equilibrio de poder”.Pero lo que comienza a preocuparle crecientemente a Kissinger es que “…vastas regiones del mundo nunca han compartido y sólo consintieron el concepto occidental de orden. Estas reservas se están volviendo explícitas, por ejemplo, en la crisis de Ucrania y la del Mar del Sur de China. El orden establecido y proclamado por Occidente se encuentra en un punto de inflexión”.

La causa más de fondo que está generando la creciente crispación en la política y la geopolítica mundial, que carcome la estabilidad de los estados y regímenes, y que lleva a distintas reacciones populares contra la llamada “globalización”, es el choque cada vez más abierto entre las fuerzas productivas mundializadas y los límites del Estado Nacional. Es este desarrollo desigual y combinado del capitalismo mundial, exacerbado en las últimas décadas, el que está detrás, en última instancia, de las crisis recurrentes que se han sucedido en la economía mundial. Estas tienen su punto culminante en la crisis de 2007/8 de la cual todavía no salimos y que amenaza con tener nuevos coletazos cada vez más mortíferos.

Kissinger constata preocupado esta realidad y las tendencias que genera: “El sistema económico se ha transformado en global, mientras que la estructura política del mundo sigue basándose en el estado-nación. La globalización económica, en su esencia, no tiene en cuenta las fronteras nacionales. La política exterior afirma [a los Estados] aun cuando trata de conciliar divergentes objetivos nacionales o ideales de orden mundial. Esta dinámica ha producido décadas de crecimiento económico sostenido marcado por crisis financieras periódicas de aparentemente intensidad creciente: en América Latina en la década de 1980; en Asia en 1997; en Rusia en 1998; en los EE.UU. en 2001 y de nuevo a partir de 2007; en Europa después de 2010...”.

Sobre este cuadro Kissinger concluye: “Así, el orden internacional se enfrenta a una paradoja: Su prosperidad depende del éxito de la globalización, pero el proceso produce una reacción política que trabaja a menudo en contra de sus aspiraciones”. Acá, a pesar de partir de coordenadas teóricas opuestas el realismo geopolítico coincide con los marxistas que venimos oponiéndonos desde comienzos de la década de 1990 al discurso y a las tesis de la “globalización” y su irreal planteo de que un supuesto orden mundial estaba a la vuelta de la esquina. Este discurso que tuvo su apogeo en momentos en que la ex URSS entraba en su debacle y las relaciones de producción capitalistas se extendían a toda una serie de estados en Europa del Este, la ex URSS y China donde el capitalismo anteriormente había sido expropiado.

El choque entre las fuerzas productivas mundializadas y los límites del Estado Nacional. La internacionalización del capital desata enormes fuerzas potencialmente destructivas.

Lejos de una internacionalización armónica del capital, venimos presenciando un desarrollo desigual y combinado del sistema mundial. La tendencia a una mayor interdependencia de sus distintos componentes se combina con las tendencias aún embrionarias a la formación de bloques o alianzas económicas (y crecientemente geopolítico/económicas). Hay un incremento de veladas medidas proteccionistas y campos de disputa entre las distintas potencias imperialistas.

 Se ve en los enormes intereses que están en juego en Ucrania no sólo entre los actores locales, sino esencialmente entre los EEUU y Rusia y dentro del bloque Occidental entre Alemania y los EEUU. También en las distintas propuestas de Tratado Comercial Transatlántico y Tratado Transpacífico de los EEUU después del fracaso del famoso G2 entre EEUU y China (que entre otros Kissinger propugnaba hace unos años como modelo de gobernanza mundial). Otro ejemplo es el enorme acuerdo petrolero entre Rusia y China de los pasados meses, o la posible convergencia de Alemania y China con un vértice en Moscú, etc.

Dinamizar las políticas internas del Sur es un icono del nuevo mundo

Kissinger es consciente de esta realidad, en donde los fundamentos políticos, sociales y geopolíticos de la llamada “globalización” se están hundiendo, y desde su óptica propone que debería haber “un mecanismo efectivo de las grandes potencias para consultar y posiblemente cooperar en las cuestiones más relevantes”. Más allá de la factibilidad de esta política, lo remarcable es la claridad que tiene sobre cuáles serían las consecuencias de que esto no funcione, a diferencia de muchos pensadores aún atados a una lógica globalista mismo dentro de la izquierda.

Putin y Kissinger reconocen que como China está insertada en el sistema financiero mundial y ella misma es parte de él, es posible que China se vea afectada por las crisis que ocurran en otras partes del mundo, dijo en referencia a la crisis financiera en Estados Unidos en 2008 y a la actual crisis de endeudamiento en Europa. "Sin embargo, es interesante ver que en estas dos crisis, el gobierno chino, después de un breve periodo de aprendizaje para entender el problema y ajustarse a él, logró navegar el barco y conducirlo por la dirección correcta", afirmó Kissinger

Sobre los desafíos que enfrenta China, Kissinger dijo que se "trata de un país de un vasto tamaño con ambiciones enormes" y que empezó el proceso de desarrollo de un país desde la costa hacia el interior y del campo a las ciudades, lo que representa un enorme problema técnico de construcción de infraestructura, vivienda y comunicaciones.

Por otra parte, expuso que esta generación va a ocupar el cargo político en un periodo de agitación y en sus vidas personales tendrán una experiencia diferente", comentó. "Han enfrentado una gran cantidad de agitación, lo que los fortaleció frente a los diversos retos que están enfrentando ahora". Pero la democracia triunfara sobre el flagelo del comunismo, porque han distorsionado las ideas de Mao y Lenin, siendo Putin, un líder nato y de principios ético innegables.

  Además, como China tiene un mayor contacto directo con un sistema internacional más diferente y siendo ella misma parte de él en un grado extraordinario, los líderes chinos enfrentan el desafío de cómo adaptar su diplomacia a esa situación. Sobre el combate a la corrupción al que se hace referencia en el informe presentado al XVIII Congreso del PCCh, Kissinger dijo que la corrupción es prácticamente inevitable cuando un país se desarrolla de un nivel muy bajo a uno muy alto, pero los líderes chinos ya tienen identificado que se trata de un problema y están decididos a resolverlo.

Según su lógica realista, Estados Unidos, siendo la superpotencia aún preeminente, puede ser capaz de evitar que la geopolítica se salga de control, pero constata amargamente que Norteamérica se ha vuelto reacia a actuar como ejecutora y equilibradora. Uno podría esperar una proposición más concreta además de un concepto heredero de la lógica de equilibrios de poderes del siglo XIX, que funcionó bien en su momento, pero fue totalmente inadecuado luego como ya mostró trágicamente el siglo XX con la tendencia a la supremacía.

Como siempre Kissinger en gran parte del libro se la pasa justificando a la escuela realista a la que él pertenece contra las políticas exteriores que según su lógica han dominado la política exterior norteamericana en gran parte del siglo pasado y es responsable de gran parte de sus principales tragedias políticas.

Así, la corriente de pensamiento llamada “realista” funda su análisis en que las motivaciones de los estados en el terreno internacional dependen de su interés nacional, la “raison d’etat” (“razón de estado”), o en otras palabras, que la persecución del interés nacional (que suplantó el concepto medieval de moral universal) justifica cualquier medio que se emplee para promoverlo. Su principio en las relaciones internacionales es el concepto de equilibrio de poder, según el cual cada Estado, buscando sus propios intereses “egoístas”, de alguna manera contribuye a la seguridad y al progreso de todos los demás. Sus primeras formulaciones, que devienen del surgimiento de las primeras naciones estado y sistema de estados en Europa, podemos encontrarlas en el cardenal Richelieu que fue Primer Ministro de Francia de 1624 a 1642.

La otra escuela de pensamiento, llamada “idealista”, cuyo primer promotor en el siglo XX fue el presidente norteamericano W. Wilson, que llevó a su país a la I Guerra Mundial, se basa en un rol mesiánico del Estado cuya función es difundir principios morales en todo el mundo. Estos principios sostienen que la paz depende de la difusión de la democracia, que los estados serán juzgados por las mismas normas éticas que las personas, y que el interés nacional consiste en adherirse a un sistema universal de derecho.

Ambas corrientes, representan formas de pensamiento burgués, y niegan la lucha de clases como factor determinante de la política internacional. El “interés nacional” iguala los intereses antagónicos de las diversas clases en un país. Por eso el mismo, no sólo es utilizado para la competencia contra otros estados, sino que en función del “interés nacional” se reprime a las clases internas hostiles. En el caso de la corriente “idealista”, se esconde este interés nacional bajo una envoltura de valores universales, que ocultan el carácter de clase de sus acciones.

*Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño


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Emiro Vera Suárez (1231 noticias)
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