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Kenzaburo Oé un premio Nobel contra lo nuclear basado en Yukushima y el bombardeo de Hiroshima

21/03/2011 20:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El premio nobel de literatura 1994 opina sobre el desastre de Yukushima basándose en que no debió nunca ocurrir la mera existencia de la central y proyecta escribir su útlima obra sobre el tema

El escritor, una de las conciencias de Japón por su fidelidad a los valores sobre los que el país se reconstruyó tras la Segunda Guerra Mundial, recuerda el deber de respetar la memoria de los fallecidos y la dignidad del hombre.

El novelista Kenzaburo Oé, premio Nobel de Literatura en 1994, es una de las conciencias de su país. Siempre se ha mantenido fiel a los valores sobre los que se construyó el Japón después de la II Guerra Mundial. Se esfuerza con obstinación en recordar que la memoria es la base a partir de la cual se reflexiona sobre el presente. Nacido en 1935 en un pequeño pueblo de la isla de Shikoku, este hombre discreto, es una voz humanista y juiciosa de un Japón reducido a menudo a su cultura de masas o a sus productos. El autor de Notas sobre Hiroshima siempre se ha esforzado por vivir con dignidad.

* Los técnicos consiguen restablecer la corriente en la central de Fukushima

* Kenzaburo Oé afirma que las dificultades han alimentado su creatividad literaria

"La importante lección del drama de Hiroshima es la dignidad"

“Desde hace unos días, los periódicos japoneses solo hablan de la catástrofe que estamos viviendo y la casualidad ha querido que uno de mis artículos, escrito la víspera del seísmo, se publicara en el diario Asahi el 15 de marzo. En él evocaba la vida de un pescador que había sido expuesto a radiación en el transcurso de una prueba de la bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini. Yo lo conocí con 18 años. A partir de ese momento aquel hombre dedicó su vida a denunciar el engaño del mito de la fuerza de disuasión nuclear y la arrogancia de los que defienden su uso. ¿Sería un oscuro presagio el que me impulsó a evocar a aquel pescador justamente el día antes de la catástrofe de Fukushima? Lo cierto es que él había luchado también contra las centrales nucleares y había denunciado los riesgos que presentan”.

Desde hace mucho tiempo Kenzaburo Oé tiene el proyecto de revisar la historia contemporánea de Japón tomando como referencia tres grupos de personas: los fallecidos en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, las víctimas de la radiación de Bikini (uno de cuyos supervivientes fue ese pescador) y las víctimas de las explosiones en las centrales nucleares.

Si analizamos la historia de Japón desde el punto de vista de estos fallecidos, víctimas de la energía nuclear, su tragedia queda de manifiesto.

Hoy comprobamos que el riesgo de las centrales nucleares se ha hecho realidad. Su significado no da lugar a ninguna ambigüedad: la historia de Japón ha entrado en una nueva fase y, como antes, estamos sometidos a la mirada de las víctimas de la energía nuclear, de esos hombres y mujeres que han dado prueba de un gran valor en su sufrimiento. La lección que podremos extraer del desastre actual dependerá de la firme resolución de no repetir los mismos errores por parte de aquellos a los que se les ha concedido el derecho de vivir.

Esta catástrofe aúna dramáticamente dos fenómenos: la vulnerabilidad de Japón a los seísmos y el riesgo que presenta la energía nuclear. El primero es una realidad a la que este país lleva enfrentándose desde la noche de los tiempos. El segundo, que amenaza con ser todavía más catastrófico que el seísmo y el tsunami, es obra del hombre. ¿Qué sacó en claro Japón de la trágica experiencia de Hiroshima?

Aunque el autor no lo expresa, porque obviamente un Nobel no puede, nosotros retrocedemos un poco en la historia y nos formulamos la pregunta: ¿quién llevó al hombre al absurdo mundo de la era nuclear?. Y la respuesta es: la combinación de una tecnología única y de una brutalidad no menos única. Es decir la que alcanzó Estados Unidos, al término de la II Guerra Mundial. La primera bomba atómica se logró gracias a los mejores técnicos del mundo y al desembolso de enormes sumas de dólares. Y estaba pensada para terminar con la carrera genocida de Adolfo Hitler. La distinción entre un “objetivo militar” y “borrar del mapa”, una ciudad llena de civiles, también como objetivo de guerra, ya había quedado borrada en Gernika o Madrid.

Ya el general italiano Giulio Douhet, había enseñado que se puede ganar una guerra sólo desde el aire y la había refrendado Charles E, Lindbergh, un gran piloto pero también un gran racista, ”... una vez que estás allá arriba, si tu objetivo es una ciudad lo único válido es que seas un piloto competente y aprietes el botón profesionalmente. Toda otra consideración está fuera de contexto. Es decir: se trata de destruir al enemigo y hacerlo bien.”

Antes de Hiroshima quedaban un par de consideraciones: el tipo de “material” a usar: se estaban usando las incendiarias (se habían probado también en Gernika) para hacer arder la industria enemiga como “un trozo de papel (Billy Mitchel), pero no sobre ciudades residenciales, y eso se superó al hacer arder Tokio, matando más civiles que en Hiroshima (135.000). El General Le May superó cualquier defensa antiaérea con el bombardeo a gran altura con los B-29. Visto el éxito: 135000 muertos, se experimentó con Dresden y Hamburgo.

Se le llamó “Strategic Bombing” que se oponía al “Tactical Bombing”, para tomar o defender una ciudad, ayudando a la infantería, artillería, etc… Hitler estaba vencido con sus bombas V-1 y V-2 de von Braun, luego gran consejero de Kennedy en la carrera del espacio contra la URSS, durante la guerra fría. Pero EE.UU, se había gastado billones o trillones en la bomba atómica. Hitler se suicidó y ¿ahora qué?. Nadie había hablado de “no” usarla. Casi todos los científicos que habían intervenido en Los Alamos en la confección de la bomba, se oponían. Oppenheimer y Enrico Fermi hablaban de los efectos del estroncio o del uranio y los que habían asistido a la prueba efectuada en el desierto de Nuevo México, 16 julio 1945, estaban horrorizados. Con excepción, claro está, del General Leslie Groves. “A un bestia hay que tratarlo como a un bestia” (frase en principio de Truman y de groves”. El secretario de la marina Ralph Bard, se refería a no hacer algo que luego se utilice contra “la nación más humanitaria del mundo: no hay que usar la bomba contra Japón”.

Sin tener en consideración que cuando Einstein escribió su célebre carta al presidente Franklin D. Roosevelt sobre la posible utilización del átomo en la guerra por parte de Hitler (aunque no intervino ni en su construcción y menos en arrojarla, lo hizo por “el número de vidas que se podrían” ahorrar si los aliados pudieran controlar el poder de la confección de esa hipotética bomba. Pero a partir de ahí todo fue a otras manos, pero “el número de vidas humanas a ahorrar”, nunca más se mencionó. A no ser que mucho después refiriéndose “al número de vidas norteamericanas” por salvar, si, de una vez, el poder americano se adelantaba así “al poder amarillo” y se echaba la bomba sobre Japón, si no había rendición inmediata (después de la batalla de Iwo Jima).

Por fin antes de volver al poeta, hay que decir que fue el presidente Truman apoyado en la opinión del general Stimson, secretario de defensa y la agresividad del General Groves, se decidió por el “Sí´”

Ya la bomba se lanzó con los resultados de obras conocidas, el propio poeta se ha extendido sobre eso, pero, hoy, para el poeta Kenzaburo Oé la importante lección que debemos extraer del drama de Hiroshima es “la dignidad del hombre, tanto de aquellos y aquellas que murieron al instante como de los supervivientes, afectados en carne propia, (unos 200.000) y los que durante años tuvieron que soportar un sufrimiento extremo que espero haber podido plasmar en alguno de mis escritos”.

Lo que el autor japonés no explica tratamos de explicarlo los de Diáspora. ¿Quién llevo al hombre al absurdo mundo de lo nuclear? La respuesta es una tecnología y una brutalidad unicas

Luego llegó la proliferación nuclear, con cientos de bombas hasta el punto que hubo durante la guerra fría el Proyecto Troya” de lanzar 133 bombas atómicas sobre 70 ciudades soviéticas.

En el curso de los primeros años de ocupación militar norteamericana en Japón tras la derrota de este país Japón estuvo bajo la espada del general MacArthur y sus decisiones arbitrarias y subjetivas comenzaron cuando el Alto Tribunal Militar internacional tendió su manto de hierro sobre las islas condenado a muchos a muerte y encarcelamiento y salvando a otros empezando por Hiro Hito, exonerarlo de toda responsabilidad en la guerra y manipulándolo durante la guerra fría lo mismo que a todos los miembros de la familia imperial como al Príncipe Chichibu, el príncipe Asaka, el príncipe Hiroyasu Fu simi y el príncipe Takeda y lo que fue más denigrante, todos los mentores de la Unidad 731 a los que se dio inmunidad y varios de ellos, con nombres supuestos, informaron a los especialistas norteamericanos de aniquilamiento, técnicas de guerras biológicas, venenos, eugenesia, robo de órganos, etc... Durante la Segunda Guerra Mundial bajo el imperio de Hiro-hito.

Y aunque restableció en teoría el fin de la censura, lo hizo para permitir la pornografía, por ejemplo, pero cenando en 1945 mismo la SCAP, que era “la censura de prensa y precódigos que prohíbe la publicación de todos los informes y estadísticas contrarios a los objetivos de las autoridades de ocupación”. Para eliminar a Japón como posible competidor de EE.UU en el Lejano Oriente la Comisión norteamericana de esa zona decidió las desindustrialización de Japón, se parecía al programa de desarmamento industrial de Alemania. Respecto a las islas Kuriles fueron devueltas a la URSS y 400.000 residentes nipones expulsados. Cosas parecidas ocurrieron con Corea y Taiwan.

En los pasillos del poder de hecho nipón, se veía a los mismos hombres cuyo talento había sido reconocido por los hombres de Mac Arthur en la posguerra. Al fin en 1949 por el Tratado de San Francisco, marcó el fin de la ocupación aliada. Japón era ahora estado independiente, pero Okinawa, permaneció bajo el control de Estados Unidos hasta 1972.

Hoy a pesar de eso, EE.UU mantiene en Japón 135 bases 54.000 soldados, y un área en el Tokio metropolitano. Así Japón se ha convertido en un inmenso portaviones, base para sus proyectos de ingerencia o agresión, los militares norteamericanos tienen derecho a privilegios extraterritoriales.

“Los japoneses, que conocieron el fuego atómico, no deben plantearse la energía nuclear en función de la productividad industrial, es decir, no deben tratar de extraer de la trágica experiencia de Hiroshima una receta para el crecimiento. Al igual que en el caso de los seísmos, los tsunamis y otras calamidades naturales, hay que grabar la experiencia de Hiroshima en la memoria de la humanidad: es una catástrofe aún más dramática que las naturales porque la provocó el hombre. Reincidir, dando muestras con las centrales nucleares de la misma incoherencia respecto a la vida humana, es la peor de las traiciones al recuerdo de las víctimas de Hiroshima.

El pescador de Bikini al que he mencionado anteriormente no dejó de exigir la abolición de las centrales nucleares. Una de las grandes figuras del pensamiento japonés contemporáneo, Shuichi Kato (1919-2008), hablando de las bombas atómicas y de las centrales nucleares sobre las que el hombre pierde el control, recordaba la célebre expresión de una obra clásica, Almohada de hierbas, escrita hace 1.000 años por una mujer, Sei Shonagon. La autora evoca algo que al mismo tiempo parece muy lejano, pero que en realidad nos queda muy cercano. Una catástrofe nuclear parece una hipótesis lejana, improbable, pero siempre nos acompaña.

Más de 60 años después de su derrota, parece que Japón ha olvidado los compromisos que adquirió entonces: el pacifismo constitucional, la renuncia a la fuerza y tres principios antinucleares. El desastre actual despertará una conciencia contestataria.

Cuando se produjo la derrota de Japón, yo tenía 10 años. Un año después se promulgó la nueva Constitución y al mismo tiempo se aprobó la ley marco sobre la educación nacional, una especie de reformulación en términos más sencillos de la Ley Fundamental destinada a que los niños la entendieran más fácilmente.

Durante los 10 años que siguieron a la derrota, siempre me pregunté si el pacifismo constitucional, un elemento del cual es la renuncia al recurso a la fuerza, y luego los tres principios antinucleares (no poseer, no fabricar y no utilizar armas atómicas), reflejaban bien los ideales fundamentales del Japón de posguerra. (...)

Japón reconstituyó progresivamente una fuerza armada mientras que los acuerdos secretos con Estados Unidos permitieron la introducción de armas atómicas en el archipiélago, vaciando de sentido los tres principios antinucleares oficialmente anunciados. Esto no quiere decir, sin embargo, que no se tuvieran en cuenta los ideales de los hombres de la posguerra. Los japoneses habían conservado el recuerdo de los sufrimientos del conflicto y de los bombardeos nucleares. Los muertos que nos miraban nos obligaban a respetar esos ideales. El recuerdo de las víctimas de Hiroshima y de Nagasaki nos ha impedido relativizar el carácter pernicioso de las armas nucleares en nombre del realismo político. Nos oponemos a ellas. Y al mismo tiempo, aceptamos el rearme de facto y la alianza militar con Estados Unidos. Ahí es donde reside toda la ambigüedad del Japón contemporáneo.

Con el correr de los años, esta ambigüedad, fruto de la coexistencia del pacifismo constitucional, del rearme y de la alianza militar con Estados Unidos, no ha hecho más que reforzarse ya que no dimos ningún contenido conciso a nuestros compromisos pacifistas. La confianza total de los japoneses en la eficacia de la fuerza de disuasión estadounidense permitió que la ambigüedad de la posición de Japón (país pacifista bajo el paraguas nuclear estadounidense) se convirtiera en el eje de su diplomacia. Una confianza en la fuerza disuasoria estadounidense que iba más allá de las divisiones políticas y que fue reafirmada por el primer ministro demócrata, Yukio Hatoyama, con ocasión del aniversario, en agosto de 2010, del bombardeo atómico sobre Hiroshima. Mientras el representante norteamericano subrayó más bien en su alocución los peligros de esta arma.

Podemos esperar que el accidente de Fukushima permitirá a los japoneses reencontrarse con los sentimientos de las víctimas de Hiroshima y de Nagasaki y reconocer el peligro de todo lo nuclear, del que tenemos nuevamente ante nuestros ojos un trágico ejemplo, y poner fin a la ilusión de la eficacia de la disuasión preconizada por las potencias que disponen del arma atómica.

Cómo sobrevivir a nuestra locura

Escribí este libro cuando había alcanzado la llamada edad de la madurez. Estoy en lo que llaman la tercera edad y estoy escribiendo "una última novela". Si logro sobrevivir a la locura actual, el libro que terminaré empezará con una cita del final de El infierno de Dante que dice más o menos: "Y después saldremos para volver a ver las estrellas".


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