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Julieta

27/07/2017 11:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Foto: Eleazar "Caps" BriceñoEste relato corto sobre los vaivenes del amor fue escrito por una venezolana en Santiago de ChileDesde que supo que Gabriel ya no sería su Romeo, Julieta no podía creer que su vida se había convertido en una sala de tortura. Cada aviso, cada canción, cada frase, cada perro callejero era como un taladro de odontólogo destruyendo sus nervios. El cartelito de "No+AFP" le recordaba a Gabriel con sus discursos de político barato. El perro callejero le recordaba el plan de adoptar uno juntos. El conductor en el carro vecino, en el taco, le recordaba aquel viaje que hicieron a Valdivia a dedo. Cada mujer de cabello largo y oscuro le recordaba a ella, a la otra con la que él sintió la adrenalina y la pasión que ellos nunca tuvieron.Julieta no quería ver a nadie, no quería trabajar; quería vivir su naufragio. Pero ahí seguía, por inercia, regresando del trabajo en la micro. Su amiga Macarena intentó animarla el día anterior llevándola al museo de Violeta Parra y -como todos- encontraba graciosísimo que el segundo apellido de Julieta fuera Parra. Recorrieron los pasillos con las letras de sus canciones y los pajaritos. Vieron el video de la entrevista con aquella francesa arrogante. Estudiaron sus tejidos y sus pinturas. Escucharon las palabras insípidas de la guía sobre cómo los chilenos no valoraron a la Violeta y cómo apenas ahora es que la están recordando, 50 años después de su muerte. Julieta solo pensaba en la muerte de Violeta, en cómo se pudo haber sentido cuando encontró a Gilbert Favre casado con otra en Bolivia. En cómo sostuvo aquel revólver. Y ahí, en esta micro anormal, porque en las micros normales de mierda nunca funciona nada, en esta sí estaba funcionando un televisor que además sonaba. Pasan las noticias, hablan de una cantante mexicana y su nuevo disco en el que rinde homenaje a Violeta, y transmiten el video. Qué he sacado con quererte ay ay ay... Y sigue cantando y Julieta se siente asfixiada. Atrapada en Santiago, en el taco, en una micro, en una jaula de emociones. Y entonces lo ve, a un tipo calvo en la acera haciendo fotos, y se imagina que ella forma parte de un freak show, que el fotógrafo a través del lente lo ve todo: ve al Gabriel traicionero, al conductor del carro de Valdivia, y a ella con su tristeza, con la música de fondo. Pero pasa algo extraño. Se da cuenta de que ya no puede llorar. Ya no le quedan lágrimas. Ya no siente culpa.Pero tú, palomo ingrato, ay, ay, ay.Ya no arrullas en mi nido, ay, ay, ay.


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Autor:
Literatura En La Ciudad (92 noticias)
Fuente:
literaturaenlaciudad.com
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Tipo:
Reportaje
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