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El juicio contra los Jemeres Rojos, desafiado por las dudas sobre la veracidad de algunos testimonios

09/07/2009 13:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un magistrado y varios abogados del tribunal auspiciado por la ONU que juzga a antiguos dirigentes de los Jemeres Rojos por los crímenes cometidos por este régimen en los años setenta han puesto en duda la veracidad de los testimonios de algunos supervivientes, bien por las incongruencias en sus declaraciones iniciales y las que luego han puesto de manifiesto en el juicio, bien por la inconsistencia de sus relatos.

En los últimos días, el tribunal ha escuchado testimonios desgarradores sobre el horror que supuso el régimen implantado por Pol Pot en Camboya entre 1975 y 1979, años en los que murieron casi dos millones de personas a manos de un sistema de corte maoísta que rechazaba cualquier signo de modernidad.

El juicio que se está celebrando este año en Phnom Penh sienta en el banquillo a Kaing Guek Eav, más conocido como Duch, el que fuera director del centro de interrogatorios y torturas conocido como S-21, un lugar en el que estuvieron detenidas más de 15.000 personas y del que sólo siete salieron con vida.

Después de que intervinieran los abogados de la defensa y de la acusación, así como el propio Duch, le ha tocado el turno a los testigos, a los supervivientes del régimen. Sin embargo, y aunque todos han coincidido en sus relatos de torturas, malos tratos y acusaciones infundadas, un juez y algunos abogados creen que los testimonios no son del todo creíbles, informa el diario local 'The Phnom Penh Post'.

El caso más claro ha sido el de Phork Khan, un hombre de 57 años que el pasado martes explicó a los jueces que en 1971 se convirtió en combatiente de la guerrilla jemer y cuatro años más tarde tomó parte en la "liberación" de la capital, como se conoció entonces a la instauración del régimen de Pol Pot.

Sin embargo, aseguró que "después de ver la evacuación forzada de la gente" y las matanzas, el "cambio de situación" le decepcionó. En las purgas que hizo el régimen para detener a supuestos disidentes, Khan fue arrestado en 1978 y llevado a la prisión S-21, donde, según su declaración, fue torturado.

Un día, añadió, los guardias le trasladaron al 'campo de la muerte' de Choeung Ek, cerca de Phnom Penh. Según su relato, un día le dejaron inconsciente tras una paliza, por lo que le dieron por muerto, pero después despertó en una fosa rodeado de cadáveres.

FALTA DE CREDIBILIDAD

Tras oír este testimonio, uno de los jueces del tribunal, Nil Nonn, expresó sus dudas al respecto, ya que alegó que en las declaraciones de preparación del juicio, Khan no mencionó este supuesto entierro. Por ello, Nonn se resiste a dotar de credibilidad al testigo.

Duch, por su parte, también ha cuestionado los testimonios de varios supervivientes. Es el caso de Lay Chan, quien aseguró esta semana que estuvo detenido en la S-21 durante dos meses en 1976, periodo en el que dice que fue interrogado dos veces antes de que le "soltaran".

Curiosamente, Duch recurre a la misma crueldad del régimen para dudar de estos testimonios, ya que afirma tajantemente que "nadie fue liberado" de esta prisión durante los años que duró el régimen, salvo los que se salvaron porque llegaron con vida cuando los Jemeres Rojos cayeron en 1979 con la invasión vietnamita o porque, como sucedió en otros casos, tenían alguna habilidad por la que les era útil a sus captores.

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Es el caso del artista Vann Nath, quien contó la semana pasada que le perdonaron la vida porque a Duch le gustaban mucho los dibujos que hacía del dirigente Pol Pot. "Sobreviví porque Duch se sentía bien cuando venía a mi taller. Pensé que si hacía buenos dibujos y se quedaban satisfechos estarían contentos y yo sobreviviría", explicó.

Pero esto no significa que no le torturaran. Antes de que Duch conociera la habilidad del artista, que perdió a dos hijos durante el régimen, Nath fue sometido a palizas, descargas eléctricas e inanición. También le arrancaron las uñas de las manos y le practicaron lo que ahora se conoce como 'waterboarding' o ahogamiento simulado.

Otro testigo, Chum Mey, un antiguo mecánico de 63 años, contó al tribunal que fue torturado repetidamente con métodos similares durante 12 días y 12 noches bajo la acusación de pertenecer a la CIA o al KGB, siglas que él no había escuchado en su vida. Pero todo acabó cuando los guardias de la S-21 se enteraron de que sabía arreglar coches, por lo que le pusieron a trabajar reparando maquinaria.

Sobre estos dos testimonios, así como el de Bou Meng, otro superviviente que calificó de "infierno en la tierra" su paso por la prisión, Duch no objetó nada. Todos ellos explicaron con detalle las palizas, el hambre y las torturas extremas que sufrieron al ser acusados de espionaje, cargos que el régimen utilizó para justificar las detenciones sumarias y la reclusión de cientos de miles de personas en los conocidos como 'campos de la muerte'.

INCONSISTENCIAS EN LAS DECLARACIONES

Pero el caso de Phork Khan fue duramente atacado por la defensa de Duch, asegurando que estaba lleno de "inconsistencias" entre lo que dijo ante los jueces y lo que había declarado a la ONG local ADHOC en 2007, declaración según la cual se convirtió en testigo del juicio, informa 'The Phnom Penh Post'.

A este respecto, la organización no quiso comentar el caso específico de Khan, aunque sí subrayó que sus trabajadores están capacitados para recoger declaraciones veraces. Sin embargo, el testigo dijo el martes en el tribunal que nunca había utilizado otros nombres que no fueran el suyo, pero el miércoles rectificó y dio dos nombres más y se justificó afirmando que el día anterior no había entendido la pregunta del juez.

No obstante, Khan relató torturas muy parecidas a las de las otras víctimas. Por ejemplo, también fue acusado de espiar para la CIA o el KGB y que los guardias de la S-21 intentaron que confesara. También contó otro detalle con el que coincidió con los anteriores, y es que en su celda de la prisión había una caja con munición.

Duch cuestionó ayer otro testimonio, el de Chin Meth, una mujer de 51 años que fue condenada a trabajos forzados después de pasar 15 días en la S-21 en 1977. Aunque admitió la posibilidad de que fuera detenida, el ex carcelero remarcó "si fue transferida a la S-21, estaría muerta". "Si la gente era trasladada a la S-21, tenían que morir", afirmó.

El ex director de la prisión es el primero de los cinco antiguos dirigentes de los Jemeres Rojos en ser juzgado por un tribunal que ha costado años crear y que se ve permanentemente amenazado por la falta de fondos. Pero es el único que ha confesado su participación en los asesinatos, aunque mantiene que sólo cumplía órdenes porque, de no ser así, le hubieran matado a él también. Su caso se considera clave para juzgar a otros antiguos responsables, entre ellos el 'número dos' de Pol Pot.


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