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José Carlos Bermejo: 'La situación de la universidad pública es de bloqueo y de despilfarro'

22/12/2009 12:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

-La tesis de su libro es que la universidad actual es una fábrica de ignorancia. ¿Cúales son los síntomas?

Teóricamente, la universidad está destinada a producir el conocimiento y enseñarlo. Pero se da la paradoja de que la universidad habla con términos de empresa para referirse a ese conocimiento que, no sólo no está mejorando, sino que está empeorando. El nivel de la docencia está bajando y lo que se conoce como 'Plan Bolonia' no supone ninguna mejora de la enseñanza ni de la investigación. El libro es una especie de crónica para explicar cómo se ha llegado a esta situación de la universidad española, que yo resumiría así: se trata de una institución ingobernable, porque tiene un sistema de gobierno muy complejo; está bloqueada porque está dividida en 17 autonomías que no se ponen de acuerdo en coordinar sus universidades… En definitiva, que las universidades defienden los intereses de sus profesores y de sus empleados, pero no los de los alumnos. Y así no se puede tomar ninguna decisión: la universidad está en una situación de jaque mate. Y no hay voluntad política para hacer una reforma profunda con una nueva ley de universidades. La situación es de bloqueo y de despilfarro económico (un rector no hace más que pedir dinero, y lo tiene, pero lo utiliza mal…).

-La consecuencia de todo esto, asegura, es que el espíritu crítico ha desaparecido. ¿Hay forma de hacerlo regresar?

En España no hay ni espíritu crítico ni a nivel político ni a nivel académico. ¿Por qué desapareció el espíritu crítico? Primero, porque los profesores se defienden así mismos: la universidad española tiene unas plantillas demenciales. Un dato: aquí tenemos una ratio de profesor-alumno de 1-12. Eso está muy bien; eso no lo tienen en Estados Unidos. Pero el problema es que hay universidades que tienen unas plantillas que se comen prácticamente su presupuesto en profesores que trabajan muy poco, porque no tienen carga de trabajo. El espíritu crítico desapareció porque en la universidad se introdujo un sistema de control de los profesores que consiste en dar incentivos económicos con aumentos de sueldo o en dar incentivos por proyecto de investigación y financiaciones. Esos incentivos dependen de unas comisiones en las que hay un grupo de profesores a nivel autonómico y estatal, y entonces se crea una especie de pacto de silencio: 'no vaya a ser que me quiten algo, que me quiten lo mío…'. Se ha entrado en una competencia de todos contra todos que es ficticia, porque en una universidad pública esa competencia es una guerra civil entre funcionarios.

-Pero hubo un tiempo mejor…

La universidad española tuvo una fase de ascenso histórico -que tampoco es mérito de ningún partido político-, una fase en que creció mucho, mejoró en financiación, en investigación, en nivel docente. Pero todo eso a partir del año 2000 entró en decadencia. Y eso se debe a que no hay voluntad de reformar la universidad con una ley nueva que cambie los sistemas de gobierno, que haga que los profesores se muevan a otros centros… Yo estoy en una universidad autónoma en la que no puedo moverme a otra universidad de mi autonomía.

-¿No puede dar clases en otras universidades de Galicia?

No. Si yo me quisiera traslada a la Universidad de La Coruña, no me dejarían. Antes había movimiento de profesores, pero ahora no. Y luego estamos en un país en que los políticos y los rectores hablan de que Bolonia es la movilidad… ¿Pero la movilidad de qué? Aquí no se mueve nadie. ¿Por qué las universidades quieren mover a los estudiantes por toda Europa menos por España? ¿No sería más lógico que un estudiante nuestro si quiere estudiar Literatura Española se fuera a Salamanca o a Madrid y no a Estrasburgo o a Londres?

-Pero hay becas que fomentan la movilidad de los estudiantes en universidades españolas.

Sí, pero no hay coordinación entre las autonomías. En Andalucía, hay nueve facultades de Historia; en Galicia, tenemos cinco facultades de Química, cinco de Derecho y cinco de Empresariales. Eso no tiene sentido. Y esa repetición la hay en toda España.

-¿Cómo empezó a torcerse todo?

Los responsables son todos: el Gobierno central, los gobiernos autonómicos, los rectores… Ese proceso de decadencia consistió, básicamente, en hacer un discurso sobre el mercado, la competencia y la supervivencia en una institución que no está afectada por esos parámetros. Se catalogó a los profesores por niveles de sueldo, para financiar unos proyectos y otros no; se entró en una guerra de todos contra todos en la que los servicios comunes de las universidades entran en decadencia y los profesores acumulan bienes públicos particularmente. Y no es que se los queden ellos, es el uso descoordinado que se hace de los recursos. El Tribunal de Cuentas de España audita las universidades y, en muchos casos, detecta que no hay una contabilidad clara. Hay mucho descontrol del dinero público, mucha alegría en el gasto. Como se decía antiguamente: 'Yo disparo con pólvora del Rey, y como a mí la pólvora no me cuesta, pues a disparar…'.

-Entoces, ¿cómo reparte la responsabilidad entre la Administración, los profesores y los alumnos?

Los alumnos tienen la responsabilidad de caer a veces en la pasividad -sobre todo aquellos que estudian carreras que no tienen una perspectiva de empleo clara- y de perder capacidad reivindicativa dentro de los marcos legales, que la hay y mucha. Los profesores han decidido tener siempre la mano alargada, no para enriquecerse exactamente, sino por eso de 'haber si me dan a mí un proyecto más que a ti…'; y luego han perdido la capacidad crítica con respecto a las autoridades que les gobiernan. Casi nadie se atreve a criticar a un rector. Quiero decir, no puede haber una democracia donde la oposición no critique al Gobierno, porque entonces es una dictadura.

-¿Y a la Administración le achacaría la falta de control del gasto del dinero público?

Le achacaría esa responsabilidad y la de dejar que cada autonomía haga de su capa un sayo con sus universidades, y no coordinar los centros ni en el marco autonómico ni en el estatal. Yo estoy convencido de que habría que sacar las universidades de las autonomías y hacer un sistema estatal de universidades. España no puede tener este alto número de profesores mal repartidos ni tantas titulaciones quintuplicadas. El problema es la mala administración de los medios existentes.

-Bueno, el Plan Bolonia contempla muchos cambios.

El Plan Bolonia yo lo defino en el libro como 'el mayor proceso de desregulación regulado'. Es la instauración del más absoluto caos. En España hay cantidad de másters pero casi ninguno tiene calidad. Los másters que se hacen en España en las universidades públicas no valen en el mercado.

-La popularización de la educación superior abrió la esperanza de una sociedad mejor, más formada y con más futuro. ¿Es una utopía pensar en una universidad pública de calidad?

En España no podemos renunciar a esa utopía porque hay pocas universidades privadas, y las que hay se concentran en campos muy específicos, como la Economía y el Derecho. Si se hunde la universidad pública se hunde la universidad entera. Y aparte que la universidad pública española tiene muchos recursos… El problema es que sobre este tema opina todo el mundo: alcaldes, diputación, autonomías… No hay un modelo de gobierno claro, de gestión, de la universidad.

-Pero deben ser pocos los profesores que piensan como usted, o la Administración habría cedido a hacer más reformas…

Lo que digo yo en el libro me lo han dicho muchos profesores. Me comentan: 'Tú dices lo que muchos sabemos, pero eso lo dices tú'. Yo sólo estoy descubriendo las verdades que todo el mundo sabe. ¿Usted cree que los consejeros de las comunidades autónomas no saben que les sobran titulaciones cuadriplicadas y quintuplicadas? ¿Es tan difícil pedirle a los profesores que se muevan de localidad si es necesario? En España todo el mundo se ha movido: se han movido los obreros, los funcionarios, los militares… Todos se han sometido a la lógica de la sociedad y de la economía… ¿Y los profesores de la universidad?

-¿La condición de funcionarios de los profesores es parte del problema?

En parte sí. Son funcionarios que se gobiernan a sí mismos defendiendo sólo su propio interés. El nivel de horas de docencia en la universidad es más bajo que antes. Si sobran profesores en Santiago, habría que mandarlos a Lugo. Pero es que no se mueve ni uno.

- Dice que la distancia entre la universidad y el mundo real crece. ¿La aplicación práctica de las carreras en el mundo laboral debe ser mayor?

Esto tiene su cara y su cruz. Las universidades deben atender a demandas reales, pero hay una cosa peligrosa: hacer las carreras a medida de determinadas empresas. No puede ser que una facultad de ingenieros 'fabrique' sólo ingenieros para hacer un modelo determinado de coche, y que cuando haya un modelo nuevo, esos ingenieros se tiren a la basura porque no tienen capacidad de transformarse. Las carreras tienen que tener una formación decente, actualizada y que permitan tener un abanico de opciones en el trabajo. En España no hay un control, como en otros países, de las universidades por empresas productivas. Aquí lo que ocurre es que va habiendo un mayor control financiero de la universidad por parte de la banca, sobre todo del Santander. Y no puede ser es que los bancos sólo quieran prestarle dinero a las universidades para tenerlas endeudadas. Todas las universidades españolas están endeudadas.

-¿Y esos préstamos permiten a las empresas o bancos intervenir en los planes de estudio?

Sí y no. En España no existe ese interés de alguien que tiene mucho dinero y se plantea hacer una universidad competitiva. Se trata, más bien, de vampirizar la universidad pública.

-¿En qué país debería inspirarse el modelo de la universidad española?

-Habría que pensar en un modelo adaptado a la realidad española. Lo que pasa en el mundo es que la verdadera investigación científico-técnica se realiza en la empresa privada. Más del 80% de la investigación tecnológica de Estados Unidos, Alemania y Japón es empresarial, no universitaria. En España tenemos el problema de haber sufrido el ladrillo y el turismo. Hemos perdido cuatro millones de empleos que no van a convertirse en informáticos sólo porque lo diga Zapatero. Habría que pensar en modelos europeos, como el francés, el italiano o el alemán, y adaptarlos a nuestra realidad. Nosotros no vamos a formarle aquí los ingenieros a Volkswagen. Tenemos que formar los nuestros.

-¿Qué señas de identidad tendría entonces esa nueva universidad?

Estaría orientada a una docencia de mucha calidad, a una investigación de tipo básico -porque no va a sustituir a una investigación industrial, si no la hay-y tendría que reducir mucho sus cargos directivos y procedimientos de gobierno. Además, las facultades tendrían que recuperar la autonomía y las regiones coordinar sus universidades. En fin, utilizar los recursos que se tienen, que son muchos, pero de forma más racional. Y, por supuesto, que hubiera mayor correlación entre lo que la gente estudia y en lo que va a trabajar; de lo contrario se crean grupos de personas frustradas.


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Diana Campos (573 noticias)
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