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Jesús de Nazaret ¿Mito o personaje histórico?

15/05/2011 17:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A la muerte de la reina madre, Salomé Alejandra, las disputas políticas y sociales creadas por los Asmóneos, descendientes del linaje de los Macabeos, los hermanos Hircano II y Aristóbulo II que se habían enzarzado en una cruenta guerra civil obligaron a intervenir a Roma

Que el cristianismo no es un cuerpo homogéneo es de sobras sabido. Existen numerosas variaciones como son la Iglesia Católica Apostólica y Romana, la Ortodoxa Griega, la Anglicana, los reformistas protestantes luteranos y calvinistas, así como otras sectas más o menos implantadas a nivel Universal como son los Testigos de Jehová, los Evangélicos, los Mormones, los Adventistas, etc.

Sin embargo todas ellas tienen un denominador común que las une según sus distintas interpretaciones. La vida, la prédica, la crucifixión y la resurrección de Jesús presente en los Evangelios y otros documentos que conforman lo que se ha venido a conocer como Nuevo Testamento. Sin embargo, a pesar de la importancia que se le quiera dar a ese compendio de documentos, muchas son las contradicciones y discrepancias en las que caen.

Sus autores, los cuatro evangelistas, que para muchos cristianos son irrebatibles, cometen una serie de deslices. Bastantes investigaciones históricas rigurosas han venido a demostrar que la fecha, el lugar de su nacimiento, su forma de vida, e incluso, su supuesto estado civil son cuestionables. Hasta el dogma de su Muerte y Resurrección, lo es pues es Pablo de Tarso quien instaura y predica esa idea sin que sus discípulos más cercanos la hubieran plasmado en los años inmediatamente posteriores a su desaparición. Es durante los primeros años del cristianismo primitivo cuando se llevó a cabo la alteración histórica no solo de la figura de Jesús sino, también, de su mensaje.

Antecedentes históricos

A la muerte de la reina madre, Salomé Alejandra, las disputas políticas y sociales creadas por los Asmóneos, descendientes del linaje de los Macabeos, los hermanos Hircano II y Aristóbulo II que se habían enzarzado en una cruenta guerra civil obligaron a intervenir a Roma con la expresa petición de ambos pretendientes al trono. Corría el año 63 a.e.c. cuando las legiones romanas al mando del invicto general Pompeyo Magno entran y arrasan Jerusalén instaurando un gobierno títere y vasallo del Imperio. Hasta año 37 a.e.c. gobernó el territorio Antipatro, el Idumeo que había sido canciller del legítimo rey Hircano II. A su muerte, no se sabe a ciencia cierta si su sucesor tuvo algo que ver con ella, Herodes I el Grande gobernaría con mano dura a un pueblo rebelde que no le quería por no ser judío. Con el nace la dinastía herodiana que gobernó hasta la llegada de los procuradores romanos a Judea dependientes de la provincia oriental romana de Siria. Herodes que, en vida de su padre, había gobernado despóticamente a los galileos no dudó, en el momento de la unificación de su reino bajo los auspicios romanos, en vengarse de todos aquellos cabecillas y alborotadores que tanto en Séforis como en Arbela, habían osado rebelarse contra su mando.

A la muerte de Herodes I, en el año 4 a.e.c., el reino vasallo se divide entre los hijos del mismo. Arquelao es nombrado gobernador de Judea y Samaria, Herodes Antipas de la Galilea y Filipo de la tetrarquía de Perea, Gaulanitide y Traconitide.

En el año 6 a.e.c. Arquelao es destituido por los romanos al ver su incapacidad manifiesta, así como su crueldad, para mantener el orden entre el pueblo judío sometiéndolo dócilmente al poder de Roma. Su ineptitud hizo que personajes como Simón en Perea, Athronges en Judea y Judas de Gamala en Galilea se alzaran en armas contra el invasor romano aprovechando una corta estancia del etnarca en Roma. Los romanos repelieron la agresión y fueron crucificados más de 2.000 judíos en represalia por el alzamiento y revuelta. Es a partir de ese momento cuando Judea y su capital secular Jerusalén pasan a ser gobernadas directamente por el Imperio a través de sus procuradores. Los judíos mantuvieron la potestad de tener su propio Consejo, el Sanedrín, en el Templo y un puerto importante en Cesárea lugar elegido por los nuevos procuradores romanos para acantonar sus legiones. Arquelao ya no volvió de Roma.

Durante ese año, el Imperio, a través de su legado en Siria Quirino ordenó a Coponio, a la sazón gobernador de Judea, que se hiciera un nuevo censo a los judíos. A Judas de Gamala, conocido también como el Galileo, se le unieron numerosos descontentos con el devenir de los acontecimientos y formó un grupo político religioso de tiente ultra nacionalista al que se le llamó zelota. Los zelotas, en su origen, nutrieron sus filas básicamente con fariseos descontentos de la pasividad de sus hermanos de religión y algunos esenios que veían el final escatológico de los tiempos y acercarse la batalla final de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas. Hay que observar que, en esa época, Jesús vivía con su familia en Galilea, y ya tenía aproximadamente entre doce y trece años y había recibido su bar mitzvá.

La revuelta de Judas el Galileo fue sofocada severamente por las legiones romanas y sus líderes crucificados a lo largo del camino hacia la capital como era costumbre en la época. La crucifixión era una ejecución ejemplar destinada a los rebeldes y sediciosos e incluso a los bandidos, lestai, como eran llamados por los romanos. Los romanos actuaron bárbaramente, saquearon el templo, crucificaron a más de tres mil rebeldes y aplicaron fuertes impuestos. Los zelotes, como tales, desaparecieron temporalmente hasta su reaparición con el nieto de Judas, Menahem, en la I Guerra judeo-romana del año 66 de la e.c. A partir de su desaparición pasaron a la clandestinidad y se hicieron llamar sicarios debido a una espada corta, sica, que ocultaban bajo sus túnicas pues el ir armados era motivo de pena capital por parte de los romanos. Los sicarios fueron mucho más agresivos que los propios zelotes ya que su vida estaba permanentemente en juego.

La llegada de Poncio Pilato como procurador de Judea

A Coponio le sucede Varo y a éste Valerio Grato. Ambos actuaron con suma rudeza contra cualquier simpatizante de los movimientos ultra nacionalistas y religiosos. La llegada de Pilato al gobierno de Judea se produce en el 26 a.e.c. Íntimo amigo y colaborador de Sejano, jefe de la Guardia Pretoriana del emperador Tiberio, le valió el cargo por recomendación de éste. Es asombroso que en los Evangelios se haga tan escasa referencia a la crueldad y antisemitismo del nuevo procurador. Pilato hombre cruel y corrupto entro con mano dura aumentando gravemente los abusos de sus predecesores. Sin embargo, las crónicas de la época, relatan de forma muy superficial el mandato de este brutal personaje dando a entender que bajo su mandato la provincia de Judea era un remanso de paz cuando realmente fue todo lo contrario.

Jesús y las sectas judías de la época

Curiosamente, los Evangelios, solamente nos hablan de dos de las cuatro sectas judías que operaban en esa época en todo Israel. Es Flavio Josefo, historiador judío, quién hace referencia a la totalidad de ellas dando un poco de luz ante ese tema. Así los evangelistas nos hablan de los saduceos y los fariseos

Aunque ninguna de las dos sectas queda bien parada en los escritos evangélicos, son los saduceos quienes fueron colaboradores necesarios del romano invasor. Los fariseos se oponían a Roma aunque su beligerancia nunca estuvo de acuerdo con el uso de las armas y es por ello que una escisión de ese grupo se pasó a las filas de los zelotes, sicarios en la clandestinidad. No se sabe si Jesús era fariseo o no, si bien, entre sus familiares y amigos, contó con la presencia de algunos de ellos, tal es el caso de José de Arimatea o Nicodemo, ambos miembros del Sanedrín, por lo tanto, cabe deducir, que estaba cercano a la tradición farisaica y no se explica por qué no se cita a los zelotes o sicarios cuando realmente se sabe por numerosos estudios, según el Dr. Brandon, que tuvo una estrecha relación con miembros del grupo armado, de hecho murió crucificado junto a dos lestai. De todas formas no se puede aseverar si militó en las filas zelotes o si fue un líder de los misos pero a veces actuaba como si lo fuera. Un ejemplo de ello es cuando dice “No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada” (Mt 10:34). O en (Lc 12:51) “¿Pensáis que vine a dar paz en la tierra? No, os digo, sino más bien división”. En el mismo Evangelio dice a sus seguidores: «"Nada", respondieron. Él agregó: "Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una» (Lc 22:36). En los versículos (Lc 22:37-38) «Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí. “Señor”, le dijeron, “aquí hay dos espadas". Él les respondió: "Basta"».

¿Fue Jesús un agitador político-religioso?

¿Llegó Jesús a simpatizar con el movimiento guerrillero de los zelotas o de los sicarios? Dado que los zelotas habían pasado a la clandestinidad y se conocían como sicarios ¿fue Jesús un jefe sicario? El hecho de que no fuese armado no bastaría para desmentirlo así que siempre quedará esa duda de que, al menos, no simpatizara con ellos. Antes de entrar en los argumentos a favor o en contra conviene recordar brevemente la historia de la investigación.

«Ya Reimarus calificó a Jesús de «agitador político» en el siglo XVIII (Los objetivos de Jesús y de sus discípulos). Lo mismo piensa K. Kautsky en su obra Los orígenes del cristianismo (1908). Más tarde, en 1930, publica Robert Eisler su obra Jesús, rey sin reino, donde afirma que Jesús originó en Jerusalén una revuelta, siendo apresado y ejecutado por los romanos. En 1967 aparece la obra de S.G.F. Brandon, Jesús y los zelotas, donde lo presenta como un revolucionario político-social, crucificado como sedicioso. En los evangelios hay textos que acercan a Jesús y a los sicarios y textos que los distancian» apunta José Luis Sicre, SJ, en su libro Jesús y la política de la época.

Varios de los discípulos de Jesús se sabe que militaron en el movimiento zelote y, también, en los sicarios. «Está, ante todo, Simón el Zelote (Lc 6, 14ss.; Hch, 1, 13), que por algo lleva ese nombre; Marcos y Mateo le llaman cananeo, pero con toda seguridad "Kenana" es la palabra aramea equivalente a la palabra griega "zelote". El mismo Judas Iscariote, cuyo problema de afiliación y deserción es psico-sociológicamente interpretado de tipo mesiánico-político tiene un nombre que puede ser la traslación semítica de "sicarii", que ciertamente es el término usado para calificar a los zelotes por la "sica" que llevaban bajo el manto. Así mismo Pedro, cuyo talento psicológico es también de índole zelótica y cuya concepción mesiánica examinaremos más tarde, y de cuyo nombre nos dice el mismo Cullmann: "en mi libro sobre Pedro he insinuado que el calificativo ‘Barjona’... no puede ser traducido con seguridad por ‘hijo de Juan’. Juan 1, 42; 21, 15 lo interpreta, en efecto, así. Pero pudiese ser que se tratase de una aclaración posterior, pues no es posible probar en ninguna parte que ‘Jonás’ sea una abreviatura de Juan. En mi libro he mencionado, siguiendo una indicación por G. Dalman, ‘Barjona’ es una voz advenediza del accadio que significa ‘terrorista’. Si así fuese, tendríamos ahí un nuevo calificativo para ‘zelote’. Los hijos del Zebedeo, los Bonaerges, “hijos del trueno” parecen ser del mismo temple», de esta forma se expresaba el desaparecido Ignacio Ellacuría, SJ, en su ensayo Dimensión política del mesianismo de Jesús.

El estado civil de Jesús de Nazaret

No existe declaración alguna en los Evangelios que hagan suponer que Jesús fuese un hombre casado. No obstante, sabiendo que los Evangelios originales han sido tergiversados y manipulados en muchos de sus puntos y durante siglos por los prebostes de la iglesia se hace necesaria una lectura minuciosa e interpretativa de los mismos con el objeto de descubrir si se han podido cometer omisiones voluntarias.

Sabemos por los mismos Evangelios que muchos de los seguidores de Jesús eran hombres casados y que él jamás abogó por el celibato lo que hace que no exista, aparentemente, ningún motivo para que él lo practicase. Hay que tener en cuenta que en esa época, según la costumbre hebraica, no solamente era normal el matrimonio sino que se podía considerar casi obligatorio. Excepto en la comunidad esenia el celibato era condenado enérgicamente salvo en esa misma comunidad donde también habían hermanos de fe que estaban casados y eran padres de numerosa prole. Por ello resulta tan extraño que Jesús devoto seguidor del judaísmo no estuviera casado pues habría llamado poderosamente la atención además de haber sido mal visto a nivel social. De todas formas, casado o no, en ninguno de los Evangelios se hace alusión a su estado civil. Otra cuestión a tener en cuenta es que era reconocido como rabí, maestro, por sus discípulos y la ley mosaica dice: «Un hombre soltero no puede ser Maestro

El IV Evangelio, el de Juan, y solamente en él, se hace alusión a unas bodas: las de Caná. Si se analiza el contenido de esos versículos se puede decir que se trata de unas bodas donde los contrayentes son anónimos pues no se citan sus nombres en absoluto con lo dados que eran en esa época a aplicar la genealogía de las personas que intervenían en sus escritos. Es curioso que Jesús asista a esa boda como ¿invitado? cuando aún no había iniciado su prodigiosa vida pública y su madre, que también estaba ¿invitada?, es quien le ordena que llene de nuevo los odres de vino en lugar de sugerírselo. Jesús alega a su madre que aún no ha llegado el momento de los prodigios y sin embargo ella insiste y dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Y los sirvientes lo hacen como si fuese lo más natural recibir órdenes de esa índole por parte de ellos. La pregunta que surge inmediatamente a colación es: si ese fue el primer milagro de Jesús ¿por qué en algo tan insignificante? Además se ha de tener en cuenta que la responsabilidad de atender debidamente a los invitados, en todo caso, debería recaer sobre los anfitriones, sobre los contrayentes y no sobre simples invitados a no ser, claro está, que el novio fuese el mismísimo Jesús. Otro detalle que llama la atención es que cuando el Maestro de Ceremonias prueba el vino recién extraído del agua de los odres dice al esposo: «Todo hombre saca primero el buen vino, y si falta, saca luego el inferior. Pero tú has reservado el mejor para lo último». Estas palabras van dirigidas claramente a Jesús, al esposo, (Las Bodas de Caná, Jn 2:1-11). Lo que lleva a la obvia conclusión de que ambos eran la misma persona.

¿Quién pudo ser la esposa de Jesús?

Suponiendo, solamente suponiéndolo, que Jesús hubiese sido un hombre casado ¿quién habría podido ser su esposa? Existen dos claras candidatas. Dos mujeres que, aparte de María la madre de Jesús, son nombradas en infinidad de ocasiones en los cuatro Evangelios. Se trata de María Magdalena y María de Betania, la hermana del resucitado Lázaro.

La primera de ellas, María Magdalena aparece de forma muy ambigua en todos los Evangelios quizás de manera premeditada. Esta mujer acompaña a Jesús tanto en Galilea como en Judea, mientras él predicaba a quienes le seguían, cuando en aquella época era inimaginable que una mujer soltera viajase acompañando a un hombre y, menos aún, si éste era un Maestro religioso. Tampoco podía darse como explicación que estuviera casada con alguno de los discípulos del rabí pues eso sería aun peor dada la especial relación que tenía con el Maestro. A pesar de la mala fama que la tradición popular otorga a la Magdalena, en ninguno de los evangelios se menciona que ella ejerciera la prostitución. Si dice Lucas que era una mujer “de la que habían salido siete demonios”. Esto podría indicar que antes de conocer a Jesús practicara alguna religión pagana como e3l culto a la diosa asiria Astarté cuya iniciación ritual se hacía en siete etapas.

La otra mujer que podría haber sido, supuestamente, esposa de Jesús de Nazaret era María de Betania, hermana de Lázaro y de Marta. Según el Evangelio de Juan la familia toda tenía una relación muy estrecha con Jesús. Se trataba de una rica familia judía que vivía en la zona rica de Jerusalén en una casa tan grande que permitía alojar a Jesús y a todos sus discípulos. Cuando Lázaro enferma. Jesús se hallaba lejos, a orillas del Jordán. Curiosamente, al enterarse de su gravedad, espera aún dos días y luego va a Betania, donde Lázaro yace ya en su tumba. Al llegar sale a recibirle Marta. María no aparece hasta que Jesús se lo ordena explícitamente. Según la ley judaica de la época, una mujer de luto tenía prohibido salir de casa salvo por orden expresa de su esposo. Se han encontrado razones para pensar que tanto la mujer que ungió a Jesús, María Magdalena y María de Betania, podían ser la misma persona. Muchos eruditos modernos así lo creen.

Los evangelios de Marcos, Mateo y Juan dicen que la Magdalena estuvo presente en la crucifixión, pero ninguno menciona a María de Betania, resultando extrañísimo que teniendo, tanto ella como su hermano Lázaro, relación tan estrecha con Jesús, no estuvieran presentes allí, en un momento tan importante de la vida del Maestro. A no ser, claro, que ambas fueran la misma persona.

En el Evangelio de Juan, se indica explícitamente que la mujer que ungió a Jesús fue María de Betania. Dice que seis días antes de la Pascua, Jesús cenó en casa de Lázaro, en el barrio de Betania y después María, con un perfume caro, presumiblemente espincardo, ungió los pies de Jesús, enjugándolos con sus cabellos. Así que parece claro que, si Jesús estaba casado, lo era con una mujer que aparece repetidamente en los Evangelios, con nombres y funciones distintas, pero que era una misma y sola persona.

¿Quién es el «discípulo amado» del IV Evangelio?

El autor del IV Evangelio en ningún momento se identifica como Juan, sino que se refiere a sí mismo como el “discípulo amado”, dando a entender una categoría distinta y preferente a los otros. En la última cena, está familiarmente al lado de Jesús y solo a él le explica la traición. Le dijo: “Aquel a quien yo entregue el pan mojado, ése es”. Y, mojado el pan, lo dio a Judas Iscariote.

¿Quién es este “discípulo amado” en cuyo testimonio se basa el IV Evangelio? Todos los datos inducen a pensar que era Lázaro, “aquél a quien Jesús amaba”. Es decir que Lázaro y Juan serían la misma persona. A esta conclusión llega el erudito bíblico, y experto en los “Manuscritos del Mar Muerto”, el profesor William Brownlee.

Ello explicaría, entre otras cosas, que no se mencionase la presencia de Lázaro en la crucifixión de Jesús. Si él era Juan, ya estaba allí. Y a él confió Jesús el cuidado de su madre, antes de morir. Y luego aquél la acogió en su casa. Todo esto se relata en el Evangelio de Juan.

Otro erudito bíblico, el doctor Hugh Schonfield, arguye que la preparación de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, corrió a cargo de Lázaro, y que los demás discípulos no sabían nada del asunto. Y concuerda con el profesor Smith en destacar el trato deferente que recibe Lázaro, debido a su iniciación o muerte simbólica en Betania.

Cuando al final del IV Evangelio se dice que Jesús expresa al “discípulo amado” que espere su regreso, no sería una frase simbólica, como ha sido interpretada, sino que ambos tenían planes posteriores. Entre los planes estaban el cuidado de la familia de Jesús, su madre y, quizás, su esposa e hijos.

Cuenta la tradición que la madre de Jesús murió en su exilio de Éfeso, lugar de donde surgió más tarde el IV Evangelio. Según el doctor Schonfield, probablemente tal Evangelio no fue redactado en Éfeso, sino solo revisado y modificado allí por un anciano griego, adaptado a sus propias ideas.

Si el “discípulo amado” no fue a Éfeso ¿qué pasó con él? Según la tradición y el testimonio de ciertos autores de la Iglesia primitiva, Lázaro, la Magdalena, Marta, José de Arimatea y otras personas, fueron llevadas en barco hasta Marsella. José, luego marchó a Inglaterra y Lázaro y la Magdalena se quedaron en la Galia. Ésta última según la tradición, murió en Aix-en-Provence y Lázaro en Marsella. Y Marta llevó consigo el Santo Grial, la “sangre real”.

¿Pudo tener Jesús descendencia? ¿Sería ésta de “sangre real”?

En el hipotético caso de que Jesús hubiese estado casado con María Magdalena, la estirpe resultante del matrimonio, ¿justificaría el título de “sangre real”? El Evangelio de Mateo afirma que Jesús era de sangre real, descendiente directo de David y Salomón. Tendría entonces derecho legítimo al trono de Israel. Y la inscripción que se puso en la cruz: “Rey de los Judíos”, no era una burla sino una realidad. Y la oposición que engendró, se debería a que representaba una seria amenaza para Herodes y para Roma. Los eruditos bíblicos modernos creen que la famosa matanza de inocentes, ordenada por Herodes, nunca tuvo lugar. Y si ocurrió, no fue tan dramática como han dicho los Evangelios. Pero de todas formas todo ello indica la preocupación que tenía Herodes de ser depuesto por un rey más legítimo que él.

Todo ello contradice la clásica imagen de Jesús, como “pobre carpintero de Nazaret”, sin ser seguro que fuera de aquí. Jesús de Nazaret es una mala traducción de Jesús el nazarita o nazareno. La ciudad de Nazaret puede que ni siquiera existiese en aquella época, ya que no aparece en ningún mapa ni documento romano, ni en el Talmud. Ni siquiera la menciona San Pablo, cuyos escritos son anteriores a los Evangelios. Tampoco lo menciona Flavio Josefo, el principal cronista de la época, al publicar la lista de las ciudades de la provincia. No aparece Nazaret como ciudad hasta después de la revuelta del 66-74, D.C.

Ninguno de los Evangelios presenta a Jesús como un “pobre carpintero”. Era un hombre instruido, preparado para ejercer el ministerio de rabí y que se relacionaba con gente rica, como José de Arimatea y Nicodemo, por ejemplo. Y las bodas de Caná testimonian la categoría y posición social de Jesús. Boda que parecía de “alta sociedad”, a la que asistieron cientos de personas invitadas. Abundan los sirvientes, que siguen las órdenes de María y Jesús. Hay un maestro de ceremonias y hubo abundancia de vino, con varios cientos de litros. Y si no fue la boda de Jesús, al menos indica que él y su madre asistieron como personas distinguidas.

¿Fue Jesús un jefe sicario? El hecho de que no fuese armado no bastaría para desmentirlo

La Magdalena, si era su esposa, gozaba también de una alta posición social. Según el Nuevo Testamento, Jesús era del linaje de David, o sea de la tribu de Judá. Como antiguamente el rey David había depuesto a Saúl, de la tribu de Benjamín, los descendientes de éste consideraban a Jesús como un posible usurpador. Pero tal objeción quedaría superada si se casaba con una mujer benjamita, circunstancia que recaía en María Magdalena. Así que Jesús consolidaría su posición de rey-sacerdote del linaje de David, con derecho legítimo al trono, con un matrimonio dinástico. De esta manera movilizaría a todo el pueblo judío tras él, restaurando la monarquía y siendo verdaderamente el “rey de los judíos”.

Jesús condenado a muerte por los romanos

Según los Evangelios, Jesús, primeramente es condenado por el Sanedrín (consejo judío de ancianos), que después lo envía a presencia de Poncio Pilato, para que confirme la sentencia el Sanedrín emitió la noche de la Pascua y la ley judía le prohibía reunirse en el día de la misma. Dicen los Evangelios que el Sanedrín no podía dictar sentencias de muerte, lo cual es una verdad a medias pues podían condenar delitos como, por ejemplo, el de adulterio castigado con la lapidación pero jamás el de sedición que era el caso de Jesús. Por ello el sumo sacerdote Caifás tenía necesidad de enviar a Jesús ante Poncio Pilato. Éste aparece como un hombre tolerante, cuando en realidad era despiadado y cruel, Y, cosa increíble para aquella época en un procurador romano, parece resistirse a condenar a Jesús dando muestras, una vez más, de una clara tergiversación de la verdad histórica.

Es evidente que en los Evangelios se trata de cargar toda la culpa a los judíos, exonerando, de esta forma, a los romanos. Ya sabemos que el cristianismo fue predicado a un público grecorromano, y no habría podido hacerlo culpando a los romanos de la muerte de Jesús. Pero el hecho es que éste fue víctima de la administración romana, de un tribunal romano y de una sentencia y una ejecución romana, de una manera que estaba reservada solamente para los enemigos de Roma. Quede claro pues, que Jesús, el judío, no fue condenado por delitos contra el judaísmo, sino por delitos contra el Imperio romano.

La cuestión de Barrabás

De la misma manera que el de la Magdalena, el nombre de Barrabás parece haber sido sometido a una denigración sostenida y sistemática. Si a la primera se la trata de ramera, a éste de ladrón. Pero en realidad los Evangelios no presentan a Barrabás como ladrón. Según Marcos y Lucas, era un preso político, acusado de asesinato y rebelión. Mateo lo califica de “preso notable”. Y en el cuarto Evangelio, el de Juan, se dice que es un “lestai”, palabra griega que significa bandido. Pero en su contexto histórico, “lestes” era el nombre que los romanos aplicaban a los zelotes, los fanáticos revolucionarios nacionalistas, que fomentaban la agitación desde hacía tiempo. O sea, que parece que Barrabás era un zelote y que es posible que hubiera participado hacía pocos días en los disturbios públicos producidos en Jerusalén, cuando Jesús y sus seguidores volcaron las mesas de los mercaderes y prestamistas en el templo. Y parece que Barrabás formaba parte del séquito de Jesús.

Según los eruditos no es cierto que existiera la costumbre de poner un preso en libertad con motivo de la Pascua. Elegir a Barrabás, en vez de a Jesús, para liberarle, no tiene explicación plausible. Si aquel era un delincuente criminal ¿por qué preferirlo a Jesús? Y si era un zelote revolucionario, Pilatos no habría permitido que fuese liberado. Hubiera preferido soltar a un visionario inofensivo, como Jesús.

El tema de Barrabás es uno de los más incongruentes de los que han explicado los Evangelios. Un autor moderno ha propuesto una explicación intrigante, pero plausible. Sugiere que Barrabás era hijo de Jesús y que éste era un legítimo aspirante a rey. En tal caso la elección de Barrabás tendría sentido ya que la preservación de la estirpe era lo principal para el pueblo judío. Naturalmente, Jesús, entonces, no tendría 36 años, sino algunos más sino alrededor de los 42.

Analicemos el nombre de Barrabás. Sabemos que éste era el nombre propio de Jesús, según un primitivo manuscrito del Evangelio de Mateo. Parece que el nombre podría derivarse de “Jesús-bar-Abba” (Jesús, hijo del padre). Siendo el padre, Jesús.

¿Murió Jesús crucificado o se trató de una farsa?

Si sus enemigos, según los Evangelios, eran los intereses creados de los judíos de Jerusalén ¿por qué no le mataron a pedradas como era costumbre entre ellos, en vez de meter a los romanos por medio? La crucifixión la reservaban los romanos para los delitos contra el imperio y si Jesús fue castigado por romanos, según sus leyes y procedimientos, sería por que tenían motivos políticos para hacerlo.

De todas formas, fuesen cual fuesen los motivos, la aparente muerte en la cruz está llena de incongruencias. Según la costumbre romana, antes de la crucifixión la víctima habría de ser flagelada y después, cargado con un madero, era conducido al lugar de la ejecución. Ya allí, el madero era unido a un poste vertical, apoyándole los pies en él para que pudiera resistir uno o dos días hasta morir, aunque a veces el reo tardaba en hacerlo una semana.

Para acelerar la agonía se les solía romper las piernas. Lo que iban a hacer a Jesús, antes de impedírselo. Si, según el cuarto Evangelio, los pies de Jesús fueron sujetados, tenía que haber resistido dos o tres días antes de morir y sin embargo sólo duró unas horas. En el Evangelio de Marcos, hasta Pilato se asombra de la rapidez de la muerte. Cuando le dieron el lanzazo en el costado ya estaba muerto y no le habían roto las piernas, con lo que se cumplió una profecía.

Los eruditos modernos están de acuerdo en que Jesús, premeditadamente, tomó modelo de su vida en las profecías sobre el mesías. Por tal razón se proporcionó un asno en Betania para, montado en él, hacer su entrada triunfal en Jerusalén. Su aparente fallecimiento parece un plan preconcebido. Según el IV Evangelio, Jesús declara tener sed, le ofrecen una esponja empapada en vinagre, pronuncia las palabras finales y “entrega el espíritu”. Pero, curiosamente, el vinagre es un estimulante. Entonces cabe pensar que lo que le pusieron en la esponja no fue vinagre sino una droga soporífera, opio o belladona, substancias conocidas entonces. ¿Fue una estratagema? El caso sería que, en vez de morir, quedaría dormido.

Otra inexactitud se refiere al lugar en que ocurrió la crucifixión. Se habla del Gólgota, que era una colina seca y estéril al NO de Jerusalén. Y, sin embargo, el IV Evangelio es muy explícito y dice que en el lugar de la crucifixión había un huerto y en él un sepulcro nuevo, aún sin usar. Según Mateo este sepulcro y el huerto eran propiedad de José de Arimatea, que era hombre rico y discípulo secreto de Jesús. Según lo que sabemos, la crucifixión fue un acto público, presenciado por miles de personas. Pero parece claro que fue un acto privado, en un lugar privado. Varios eruditos piensan que la ejecución tuvo lugar en el huerto de Getsemaní, lugar que Jesús había utilizado anteriormente.

Al ocurrir en un lugar privado, ello da margen para pensar que pudo tratarse de un ritual preparado. El gentío podía verlo desde lejos, pero sin precisar lo que veía, ni siquiera la persona que hacía de víctima. Y sin saber si moría de verdad. Si se trató de una comedia, Pilato estaba implicado, seguramente mediante soborno. Por eso se mostró tan blando y después tan sorprendido por la rápida muerte. Asimismo, entrego el cuerpo a José de Arimatea, violando flagrantemente las normas establecidas, que prohibían enterrar a los crucificados.

José de Arimatea, además de rico e influyente, era miembro del Sanedrín y existen tradiciones que dicen que era pariente de Jesús, por lo que entonces podría tener derecho a reclamar el cuerpo, con el incentivo, además, de un soborno. Posteriormente, tradiciones medievales le presentan como custodio del Santo Grial.

Si no murió en la cruz, no pudo resucitar de entre los muertos

Si Jesús murió ¿qué ocurrió con su cuerpo después? Y si revivió, gracias a los cuidados de José y familiares ¿qué fue de él durante los restantes años de su vida? El concepto de resurrección corporal nunca fue tratado por sus seguidores, hasta que Pablo de Tarso y los apóstoles vieron el inmenso potencial de la idea.

Según el Nuevo Testamento, se halló la tumba vacía y el sudario con que había sido envuelto el cuerpo, que había sido proporcionado por José de Arimatea.

Si carecemos de datos fidedignos acerca de si Jesús murió o vivió después de la crucifixión, ¿por qué una tumba vacía fue asunto de tanta importancia para las escrituras de los Evangelios? La respuesta se halla en la decisión radical tomada por la Iglesia de los primeros tiempos, confirmando que la resurrección corporal de Jesús simbolizaba el sacrificio que Dios había hecho de su único Hijo.

Esto constituía una desviación fundamental del mesías destinado a la restauración del trono de David, asegurando el futuro de la nueva era mesiánica judía, centrada por entero en el Templo de Jerusalén.

La Iglesia proporcionó así a las masas una visión simplista. Jesús, el Mesías, se había sacrificado por los pecados de todo el mundo y su cuerpo había resucitado físicamente. Confirmando la resurrección corporal y la ascensión, la Iglesia proclamó tal hecho como un sacrificio universal, aplicable a judíos y gentiles. Y eso si que es desvirtuar los hechos fundamentales.

Discrepancias del Nuevo Testamento

Comprende las crónicas de la vida de Jesús , referidas por los cuatro Evangelios, y relatadas por los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los evangelios de los tres primeros se suelen denominar sinópticos, bastante armónicos en su conjunto, en cuanto a estilo, materia y palabras. El de Mateo fue escrito en lengua aramea, los otros en griego.

Después traducidos todos al latín. Los cuatro evangelistas , sus supuestos autores, son considerados como testigos indiscutibles de la vida y enseñanzas de Jesús. Pero en realidad a veces se contradicen y discrepan radicalmente . ¡Veámoslo!

Respecto a la genealogía, según Mateo, Jesús era un aristócrata, descendiente de David. Según Lucas, era de linaje menos alto, si bien dice que descendía de David. Lo de pobre carpintero nació de la crónica de Marcos.

Según Lucas, la familia de Jesús vivía en Nazaret, viajó a Belén (por un censo que históricamente parece ser que no existió por lo menos en esas fechas), nació en un humilde pesebre y fue visitado por pastores. Según Mateo, la familia tenía una posición desahogada y siempre había vivido en Belén; nació en una casa y fue visitado por reyes.

Respecto al día de la crucifixión, tampoco coinciden. Según Juan, tuvo lugar el día anterior a la Pascua judía. Y según los otros tres, tuvo lugar el día posterior a dicha festividad.

Ello demuestra que la veracidad de los Evangelios es discutible, y en ellos las palabras de Jesús han sido modificadas, censuradas, revisadas, glosadas y reescritas por manos humanas.

En el año 367, Atanasio, obispo de Alejandría, determinó los libros que debían incluirse en el Nuevo Testamento . Esta lista fue ratificada en el 397, por el Concilio de Cartago. Otras obras fueron rechazadas. ¿Cómo podían unos clérigos decidir infaliblemente qué libros eran propios de la Biblia y cuáles no?

Tal como hoy día la conocemos, la Biblia ha sido sometida históricamente a modificaciones, revisiones y drásticas censuras. Existe constancia de que en el evangelio de Marcos, se relataba el episodio de la resurrección de Lázaro de manera muy diferente a la única que poseemos, que es la relatada por Juan. Consta que fue suprimido del evangelio de Marcos por el obispo Clemente de Alejandría, al enterarse de que una secta gnóstica interpretaba el pasaje de Lázaro de manera distinta a la postura oficial de la Iglesia. En la versión original de Marcos, se relata la crucifixión, el entierro y el sepulcro vacío, pero nada sobre la resurrección y la reunión con los discípulos. Esto fue tergiversado y se añadió a la resurrección. Esto está probado, y si el evangelio de Marcos fue modificado, es razonable suponer que lo mismo ocurrió con los demás.

Evidentemente los Evangelios nacieron de una realidad histórica de opresión y descontento cívicos y de rebeliones y persecuciones intermitentes.

Los eruditos están de acuerdo en que los Evangelios no datan de la época en que vivía Jesús. En su mayor parte datan del período comprendido entre las dos grandes rebeliones, la del año 66 al 74 y la del 132 al 135, aunque basados en crónicas anteriores. Existían tradiciones orales de segunda, tercera y cuarta mano, a veces exageradas y otras tergiversadas .

Se cree que el evangelio más antiguo es el de Marcos, redactado durante o poco después de la revuelta del 66-74, excepto lo que se añadió después sobre la resurrección. Marcos no fue discípulo de Jesús, pero sí compañero de Pablo, cuyo pensamiento refleja claramente. Aunque nació en Jerusalén, su evangelio fue escrito en Roma y dirigido a un público grecorromano. Esto es importante, porque si se quería que su evangelio sobreviviese no podía presentar a Jesús como anti romano, ni como un ser politizado. Por ello exoneraba a los romanos de la muerte de Jesús y cargaba las culpas sobre los judíos. Sin este ardid, ni los Evangelios ni la Iglesia hubieran podido sobrevivir .

Los estudiosos datan el evangelio de Lucas en el año 80, aproximadamente. Era un médico griego que escribió su obra para un alto funcionario romano de Cesárea, la capital de la provincia romana. Por ello tuvo que hacer lo mismo que Marcos, aplacar a los romanos y echar las culpas sobre los judíos .

El evangelio de Mateo se escribió hacia el año 85 y deriva en gran parte del de Marcos, aunque redactado en griego. Este Mateo no era el mismo que fue discípulo de Jesús. Los tres evangelios citados son parecidos, y por ello, como ya hemos dicho, han sido llamados sinópticos, porque vieron las cosas con “los mismos ojos”, y muy diferentes al posterior de Juan, el IV Evangelio.

Del autor del cuarto evangelio no se sabe nada, ni siquiera que realmente se llamase Juan. Fue redactado hacia el año 100, cerca de la ciudad griega de Éfeso. En él no hay ninguna escena del nacimiento de Jesús, siendo su texto más místico que el de los otros evangelios. En contraste con éstos, dice poco sobre Galilea, en cambio mucho sobre lo ocurrido en Judea y Jerusalén, al final de la vida de Jesús. Y es posible que su crónica de la resurrección se apoye en el testimonio de algún testigo presencial.

Cuenta episodios que no mencionan los otros tres: las bodas de Caná, el papel de Nicodemo y José de Arimatea y la resurrección de Lázaro (que como vimos fue borrado del evangelio de Marcos).

Los eruditos modernos piensan que el evangelio de Juan, aunque redactado más tarde, es el más fiable e histórico de los cuatro. Ello no obsta para que sufriera revisiones y manipulaciones posteriores, como los demás .

Apoyado en los textos de D. Ubaldo Gómez.


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Autor:
Jaime Bel Ventura (52 noticias)
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