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¡Javi! ¡Javi! ¡Un congrio!

29/03/2013 23:33
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06.30 GMT O sea: seis treinta Greenwich Mean Time. O sea: seis treinta tiempo universal. O sea: las siete y media de la mañana hora oficial española. O sea ¡Joder que temprano es! Conversación por guasapo –cuando aprenda cómo se escribe lo pondré bien-.

-Hay más mar de la prevista.

A los pocos segundos:

-¿Cuánta hay?

-Uno coma uno

-¡Treinta centímetros más! ¡Qué barbaridad! –La sorna estaba clara-

-No sé si animarme a ir contigo. –Había hecho otros planes pero soy un poco veleta-

-Venga, anímate.

Mientras escribía la contestación me empieza a sonar el "celular".Era , claro.

-Javier.

-Mande.

-¿Te vienes a pescar?

-Es que no sé. Tengo que pensármelo.

-Siempre con excusas.

-Te llamo en cinco minutos y te lo digo.

Kike pensó que tenía que pedir permiso a alguien, pero la realidad es que tenía que mirar qué hacer a la linterna para que alumbrase más. Me doy cuenta, mirándola con la lámpara lupa, que hay que limpiar la pequeña lente del led –la linterna se me inundó hace pocos días y desde entonces ya no es lo que era- Consigo un mínimo de luminosidad y ya estoy llamando a mi ex-ex-compañero.

-Hemos quedado a las ocho ¿No?

-Sí.

-Cógeme agua caliente que no tengo botellas en casa –Tengo, pero de vino, y no les cabe mucha agua, además es un sacrilegio echar agua en una botella de vino aunque esté vacía-.

-Agur.

-Arivederci.

Corriendo preparo todo. Me dirijo a casa de mi socio, me hace esperar dos minutos –eso no es nada, me suele hacer esperar más sobre todo cuando vamos en la piragua y se queda atrás. Creo que ya he comentado que es mejor pescador que piragüista-

Llegamos al agua a las nueve y media. Bajamos paseando y comentando las vicisitudes en nuestros deportes preferidos –pesca submarina, piragüismo y engatusamiento de mujeres- Nos metemos al agua y está perfecta para la pesca: poca mar y un pequeño toque turbio.

Siempre igual: primero a la izquierda. Paso la rompiente sin pararme para dejarle la zona a Kike –tiene grietas supermegasecretas que no me quiere enseñar. Yo me dirijo hacia los islotes que sobresalen a poca distancia. Al poco rato ya tengo tres sarguetes de entre trescientos y seiscientos gramos –no me queda pescado en la nevera después de las últimas fiestas, lo siento, tiro a casi todo- un pulpo justito y un pinto majete. Me encuentro con mi medio amigo.

-¡Jeyyyyyyyyyyy! –KIke saca la cabeza del agua mirando a todos los lados con nerviosismo hasta que me ve. Me encanta asustarlo. Jejejejejeje-

-¿Qué?

-¿Cómo te va? –le digo-.

-Nada, ni un tiro. –La verdad es que no se veía pescado pero yo ya llevaba el pasa peces colgando tirante. Jijijijijiji.

-Yo no llevo nada. No sé si dos o tres muxarras y un durdo. ¡Ah! También un pulpo –me entraba la risa, jejejejeje. ¡Qué ganas tenía de bajarle los humos! Jojojojojo.

-Pues yo no veo ni un pez. ¿Nos vamos a visitar mi cueva secretísima de congrios?

-Sí, lo que quieras. Vamos para allá.

Nos ponemos a nadar hacia el este y, como siempre, mi contrincante –sí, eso, contrincante- al final se queda por el camino. Yo ya tengo lo mínimo que quería –tres sarguetes y un pulpo- y lo que hago es disfrutar del agua sin esforzarme lo más mínimo. No tengo espíritu depredador y lo que me gusta es mirar el paisaje –sí, el de debajo del agua- Al rato Kike se acerca a la zona en la que estoy y veo que tiene problemas. Me arrimo hacia él y al pasar al lado de su boya veo un xargo como de dos kilos. Imaginaros el tamaño de ese pez colgando de la boya.

-¡Javier!

-Mande

-Tengo la varilla enrocada con un sargo grande.

Descargo el fusil y lo cuelgo de la boya, bajo y veo la varilla a una distancia inalcanzable incluso para el . También observo que hay claridad donde está la varilla. Subo, recupero, respiro y bajo de nuevo. Voy al otro lado de la piedra y... ¡la punta de la varilla sobresale de la piedra! Jijijijiji. Pero del pez ni rastro. Tiro de ella un poco, la saco de la piedra y... para arriba.

-¡Pisha! –se me está poniendo acento andaluz ¡qué majas las andaluzas!

-Qué pasa. –yo creo que este hombre ya no disfruta de la pesca, se toma todo demasiado en serio-

-Está la tahitiana fuera por el otro lado de la piedra.

-¿Y el pez?

-¿Qué pez?

-El que había.

-No había ningún pez.

-Qué sí, que era tamaño Basaja por lo menos.

-Pues va a ser que no había nada.

Tras las gafas yo creo que había una mirada de incredulidad o de comotevacilojavier.

-Vamos a pasar toda la cuerda del carrete por debajo de la piedra para no perder la varilla.

-Pero...

-Soltamos el nudo del carrete y así no hay problema.

-Peroooooo...

Yo me dejo de peros y bajo a aflojar el carrete. Tiro de la varilla y veo que el monofilamento está atado al dynema del carrete. Corto el dynema con mi cuchillo que apesta a –hace dos días pillé uno de cinco kilos paseando a poca profundidad y yo los limpio en la orilla, no en casa como otros- A continuación tiro del fusil y se lo paso al esperas. Busco el chicote del dynema y le hago un nudo a la gaza del nylon de la varilla, todo esto bajo la atenta mirada de mi compañero –yo creo que estaba agradeciendo a Dios nuestro Señor el tenerme a mí de compañero y no a algún otro que yo me sé y me callo.

-Venga, vamos a seguir un rato. ¿Qué, como va la pesca? –Yo al lado de su boya.

-Pues llevo dos. Uno de la "medida" –Cabrón, me hace las mismas gracias que le he hecho yo otras veces-

Decido ponerme las pilas y al poco rato ya tengo otros dos sargos, uno de ellos de kilo sobrado y otro de casi un kilo, además de otro pinto y un cabracho.

-¡Javiiiii! ¡Javiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Mecagonlamarsalá, este desgraciado ya ha encontrado un congrio.

-¡JAVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

Lo veo a lo lejos haciéndome señas, Me acerco tirando de la boya que ya empieza a pesar.

-¡Javiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Un congrio! –A mí me daba la impresión de que había guasa en el tonito-

-Un congrio... ¿Y? –Intento poner un tono de flemático inglés, pero no me sale tan natural como la otra vez-

-Está de cola.

-Según dónde esté se puede sacar igual.

-Está aquí abajo. Te metes en la cueva y es en una grieta a la derecha.

Yo estaba resoplando por tirar de la boya para llegar hasta el lugar. La boya de Kike y la mía estaban fondeadas sobre una tremenda roca. Mis ocho metros de cuerda estaban casi verticales. Aún así bajo hasta la cueva –Más de diez metros- meto medio cuerpo dentro y miro a la derecha, como me había dicho el congriero. No veo nada, sólo una mancha grisacea que nada tiene que ver con un congrio. Subo deprisa y...

-Yo no lo veo.

-¡Qué sí, que está ahí!

Baja otra vez el colega y sube reafirmándose en que hay un congrio.

-¡Está ahí!

Bajo otra vez y lo mismo: ni rastro de congrios.

-Está demasiado lejos para el setenta y cinco. ¿Le tiro con el cien?

-Ni se te ocurra. Estando de cola y lejos, aunque le des vas a perder la varilla seguro y no lo vas a sacar.

Él no está muy convencido y baja varias veces.

-Venga, déjalo. Marca la piedra con el GPS –el tío va superequipado- y otro día vienes y lo pillas de cara.

-Perooooo.

-Venga tío, déjalo y vienes otro día a por él.

Consigo convencerlo y seguimos pescando. Veo un sargo tremendo pero tan grande y en una posición tan mala que tiro y fallo –raro en mí- Subo y vuelvo a bajar pero no me da opción a darle. Ya en la siguiente bajada ha desaparecido. Supongo que estará en algún recoveco pero yo soy poco perseverante. Además ya tengo siete sargos, dos pintos, un pulpo y un kabratxo y paso de arriesgar. Veo a mi colega cerca y decidimos volver despacio hacia la cala.

Al poco rato:

-¡Javi!

-¡JAVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

Ya estamos otra vez. Miro y veo al pollo poco más o menos donde el congrio de antes.

¡Javiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Un congrio! –me estaba vacilando seguro ya.

-¿Qué pasa?

-¡Lo tengo enganchado pero no sale!

-¿Pero no habíamos quedado en que lo dejabas para otro día?

-¡Le he tirado con el cien y se ha enrocado la varilla!

-Normal, el cien no es para eso y lo sabes.

El tío liante le ha tirado a un congrio de cola con el cien en el límite de tiro y a una profundidad que ya rondará los once metros –hay otras cosas que no suben, pero la marea tiene su horario-. Ha enrocado la varilla del cien –treinta eurazos- a pesar de mis consejos y pretende que yo le ayude a desenrocarla –no hay cosa que más me fastidie que bajar a profundidades abisales a la fuerza-.Aún así bajo. Siguiendo la línea de la varilla veo donde estaba el "congrio". Era justo la mancha que había visto antes. Lo alumbro con la linterna y lo miro y remiro. Está bastante lejos y el agua no está clara del todo. Subo para arriba despacio, relajado, aleteando suavemente.

-Kike

-Qué pasa.

-Te voy a decir dos cosas.

-Qué.

-Una: no es un congrio.

-¿?¡! ´-Esto no lo dijo con palabras, lo dijo con la mirada que se dejaba entrever a través del cristal de sus gafas.

-Dos: no lo vas a sacar.

-¿?¡!&%$ -su mirada era todo un poema.

-¿Pero qué dices?

-Pues digo que es una pintarroja y que no la vas a sacar.

-¿?

-Es un tiburón y es como papel de lija. Se agarra a la grieta y es imposible sacarlo.

-Pero si antes casi lo saco.

-Estaría posado en el suelo de la cueva pero ahora se ha hecho fuerte en una grieta y hacia atrás no lo vas a sacar.

-¡Si está casi fuera!

Baja y tira del monofilamento de la varilla. Nada.

Bajo y tirando y tirando me cargo el monofilamento de la varilla –

Subo y le enseño el...sí, monofilamento de la varilla, nylon para los amigos-

-¿Qué hacemos?

-Déjala en paz.

-¿No le puedo tirar otra vez?

-Escúchame: n o l a v a s a s a c a r

Pilla el sacavarillas que hace amigos pero le faltan diez centímetros para llegar a la muesca de la varilla. Yo lo intento dos veces y a pesar que cada vez estoy más cómodo a esa profundidad, no consigo enganchar la varilla. Él, al segundo intento –no sé como lo consiguió- acerca la varilla y la deja casi agarrada al sacavarillasquehaceamigos. Me toca bajar y tiro y tiro hasta que parece que empieza a salir el tiburón. En ese momento se rompe la aletilla y yo subo a -¿Tomar una cerveza? No, aunque tenía ganas- a respirar.

-Creo que está la varilla ya suelta.

Baja el flautista de Jaizkibel y sube con la varilla en la mano.

-¿Qué podemos hacer?

-Dejarla en paz. No la vas a sacar.

-Le voy a tirar con el setenta y cinco ahora que está más cerca.

-No la vas a sacar.-insisto- además la marea está subiendo deprisa y se está enturbiando el agua. –Ya no se veía la cueva desde la superficie-.

Bajo a echar un vistazo. Después de tres horas en el agua me sentía cómodo a esa profundidad. Me meto todo lo que puedo en la cueva y alumbro con la linterna. Se ve la cola de tiburón un trozo grande de cuerpo y ¡la aleta anal! ¡nada más!¡Joder! ¡Si es tremendo! Parecía que estaba casi fuera pero realmente lo que se ve es sólo la cola. Le calculo metro y medio o dos metros por lo que se veía. Creo que no he visto nunca uno tan grande y mi record está en cuatro kilos. Además se ha hecho fuerte en una grieta ¡imposible sacarlo!.

-Kike.

-Qué pasa.

-Es mucho más grande de lo que pensaba.

-¡Pues mejor!.

-Ya, . Pero no lo vas a sacar.

Intento convencerlo pero él no está muy conforme. Al final consigo hacerle volver poco a poco.

La jornada acabó con una pesca mediocre: Kike tres sargos majos, uno basajero-basajero, un pulpo majo y un pinto. Yo siete sargos, dos pintos, un cabracho y un pulpo.

En el viaje de vuelta le reconocí que yo a su edad y con su dinero habría hecho lo mismo pero con la mía y con mi dinero ya no hacía esas cosas.

Si me manda la foto de la pescata mi colega la colgaré. Si lee la historia no creo que me la mande. Jijijijijijijiji.

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