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Iván Vallejo y su escuela de vida en las alturas

15/10/2009 22:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El alpinista ecuatoriano Iván Vallejo, quien ha sido el primero en conquistar el Everest, esta considerado uno de los mejores mundo

Iván Vallejo representa al Ecuador desde las Alturas. El montañista Iván Vallejo cumplió el Desafío 14, llegar a las catorce cumbres de más de ocho mil metros que existen en el mundo. Apenas siete deportistas en la historia han cumplido ese reto. En esta entrevista, el primer ecuatoriano en conquistar el Everest conversa sobre sus inicios, su motivación y la profesión de escalar montañas.

Por qué practicar montañismo? ¿Por qué exponerse a un deporte de alto riesgo?

Cuando, desde niño, decidí escalar montañas, me gustó y nunca me cuestioné si era de riesgo. Una mañana, en Ambato, vi el Tungurahua y me impresionó: estaba tan lindo, el cono nevado, al cráter se lo veía en un cielo azul precioso. Entonces me pregunté “¿qué se sentirá llegar a la punta del Tungurahua?” Ese fue mi primer inicio de la inquietud por el montañismo. Escalo desde los 12 años. Cuando el ser humano tiene la suerte de descubrir lo que más le gusta y para lo que es bueno, tiene que dedicarse a eso porque uno disfruta haciéndolo. Yo descubrí que me sentía muy a gusto subiendo montañas, en todos los sentidos emocionales, deportivos y físicos. Como esto me gusta, tengo aptitudes y lo hago bien, entonces me embarco en eso porque me llena.

¿Cuál es el perfil de un montañista? ¿Tienen los montañistas muchos puntos en común?

Montañista de alto nivel es un atleta como cualquiera; tiene que entrenar mucho, tiene que saber adaptarse mucho a las incomodidades y tiene que desarrollar mucho la capacidad de sufrir, porque es un deporte muy duro. Sufres mucho por las incomodidades, como vivir en una carpa por dos meses, dormir en el hielo, comer más o menos, pero tienes que aguantar y saber que es así.

¿En qué momento y bajo que condiciones decide entregarse completamente al montañismo?

A partir del 2000, asumí el proyecto de los 14 ocho miles y eso implicaba dos expediciones por año, cinco meses fuera del país, etc. Entonces decidí dejar la universidad y dedicarme de lleno a mis conferencias, porque tenía que vivir de eso.

¿Es un deporte competitivo?

No. No tienes contrincantes a los que hay que ganar. Aquí la competencia es llegar a la cumbre y regresar con vida. Los compañeros de expedición son un apoyo, se ayudan mutuamente en determinados momentos. No se le coge la camiseta al contrincante como en el fútbol, para que no llegue. Una expedición es un éxito cuando, de los diez miembros, llegan a la cumbre los diez, no cuando de los 10 llega solo uno o dos

¿Es el montañismo una actividad individual o colectiva? ¿Cómo se relaciona con los compañeros de expedición?

Claro, porque todo el grupo participa y lo que importa es que todo el grupo llegue a la cima

¿Es una actividad lucrativa?

No, es un deporte muy costoso, empezando por el equipo.En los Himalayas hay que pagar permisos para cada montaña. Yo actualmente vivo de dar conferencias. Fui profesor de la Universidad Politécnica por 12 años. El ser guía de montaña puede ser un modo de vida o un oficio del que puedes vivir. Yo guié desde 1988 hasta el 2000.

¿Ha pagado caro por sus sacrificios como la separación de su familia, dejar su carrera, la inversión de tiempo y dinero?

Todo sueño, todo proyecto tiene su precio, nada viene gratis. Asumido eso, ya se hace más llevadero. El tema más complicado de esto ha sido la ausencia con mis dos hijos, pero lo he sabido llevar bien. Ellos lo han sabido llevar bien.

¿Cómo ha compartido el montañismo con sus hijos?

Hemos hecho un chévere equipo. Hemos subido al Cotopaxi dos veces con mi hijo Andy, ahora de 24 años. Con Kamila, algunas excursiones pequeñas como el Ruco y el Illaló. La estoy convenciendo para subir al Cotopaxi cuando termine el colegio.

¿Cómo se ha relacionado con la gente y con la vida de todos los lugares a los que ha viajado?

Cuando viajas por el mundo tienes que ejercitar mucho la tolerancia. Cuando sales, descubres que no estás en el centro del mundo; hay otras culturas y otros conceptos que igual son preciosos. Tienes que adaptarte mucho, tienes que saber que hay actitudes que muchas veces no son de tu acomodo, pero hay que adaptarse y así se tiene que convivir. Estos 13 años en los Himalayas han sido una lección de convivencia con otros amigos de otras partes del planeta, y ésto ha sido aceptando cómo ellos son y aceptando la cultura de uno mismo. Sobre los países que he visitado, ha sido enriquecedor conocer otros conceptos como el islam, el budismo. Hay que respetar cada cosa y si es posible, sacar lo mejor de cada una.

¿Cuáles han sido sus referentes en el montañismo?

He tenido dos referentes. De niño, Marco Cruz Arrellano y, en la universidad, Ramiro Navarrete. Es muy importante porque supe que existían ecuatorianos espectaculares, de carne y hueso, que habían logrado lo que yo soñaba. El mensaje fue “yo también puedo ser como ellos”.

¿Cómo afronta el riesgo de morir?

Sé que hay, pero no me quedo. Si no, no saldría ni de la casa. Lo que hago es entrenar mucho y escucharme. He regresado de algunas montañas porque he visto que hay mucho riesgo. Sobretodo le he puesto mucha atención a ese sexto sentido

¿Cuál ha sido el mayor peligro que ha corrido?

Un accidente en el 28 de Diciembre del 1988, cuando me caí en una grieta del Chimborazo. Me quedé sepultado durante 4 horas, pero afortunadamente mis amigos me rescataron. Lo fundamental es que no me llegó la hora. Sentí mucha angustia y me dije “creo que me voy a morir”. Nunca perdí la conciencia, por lo que la cuenta regresiva era constante. Pero chévere que me sacaron y sigo contando la historia

¿Ha perdido amigos en la montaña? ¿Cómo enfrentar la pérdida?

En 1988 murió Ramiro Navarrete en el Anapurna. Un amigo, compañero de expedición canadiense, Chris Daulic, murió en el 2002. El año pasado fallecieron dos amigos sepultados en una avalancha en el Dhaulagiri, la montaña que acabo de subir.

Ha habido mucha admiración por ser ecuatoriano

He enfrentado sus muertes con dolor, pero dando la vuelta a la página. Me duele, pero no me puedo quedar ahí porque caería en el temor de que me podría pasar y no salgo. Es importante porque, a fuerza de repetir que es un deporte peligroso, se puede convertir en un lugar común la palabra “peligro”. Cuando pasa esto, sabes que el riesgo es serio, que puede pasar. Entonces te pones más pilas y empiezas a entrenar más y a escuchar la voz interior

¿Cómo ha construido su imagen como montañista ecuatoriano internacionalmente?

Ha habido mucha admiración por ser ecuatoriano. Obviamente, no me apuestan mucho por ser ecuatoriano. Nos ven desordenados, incumplidos, atrasados; “¿de Ecuador serás?”. Entonces ha sido muy gratificante representar al Ecuador en ese plano.

Ahora que acabé los 14 ocho miles, soy el séptimo en el mundo después de un americano, cuatro europeos, un mexicano y yo. Siento mucha satisfacción de que el Ecuador esté allí. En las expediciones, me mantengo siempre adelante. No soy del montón y por eso me he ganado el puesto. Es una muestra de que todo se puede hacer con planificación y disciplina.

¿Cómo le ha aportado el Ecuador a realizarse como montañista?

¡Es una bendición! Hay montañas en todo lado. Me ha ayudado muchísimo y he sacado provecho. Yo no escogí donde nacer. Vivo a 2800 metros y aprovecho la ventaja.

¿El ocho mil menos difícil?

Cho – Oyu de 8201 m

¿El ocho mil más difícil?

K2 (8611 m), Kachenjunga (8586 m), Anapurna (8091 m) y el Dhaulagiri (8167 m).

¿Por qué no ha ascendido al Aconcagua?

Nunca me llamó la atención desde que lo ví. Era puro piedras. Yo también voy a la montaña porque son bonitas, por la estética. Siempre me ha atraído la nieve y al ver un montón de piedras digo mejor no. La via normal no es complicada pero con la primera imagen uno ya le tacha

¿Podría definir en pocas palabras a las siguientes montañas?

Tungurahua: inquieto

Chimborazo, impresionante

Cotopaxi: de las más bonitas

Everest: magnífico

Broad Peak: bello regalo

Dhaulagiri, difícil por ser el tercer intento y generosa porque la última vez estuvo bestial, me dio todo

¿Con que medios cuenta para comunicarse desde las alturas?

Teléfono satelital, computadora personal, internet.

¿Cómo sabe cuando ya no se puede seguir ascendiendo? ¿Cómo manejar el punto en el que sabe que no se va a poder alcanzar un sueño?

Más importante que el sueño es seguir viviendo. Por último, la montaña está ahí y la montaña no crece, pero yo puedo volver más crecido. La vida es lo más importante porque me encanta vivir. Hay tanto qué hacer y tanto qué ver.

Actualmente los deportes se están convirtiendo en actividades comerciales ¿Qué opina sobre esto? ¿Aporta en algo a la práctica del montañismo?

Es fundamental, si no no me hubiera ido nunca a los Himalayas. No contaba con el presupuesto para los pasajes, el equipo o la comida. Hay mucha gente que decía que lo mio es cuestión de marketing: esa es la mayor mediocridad que he oído en mi país. Si fuera cuestión de marketing, no hubiera siete personas en el mundo que lo han logrado, sino 7.000. Yo soy tan deportista como un futbolísta, ¿por qué ellos sí y yo no?

¿Cuáles son los pasos a seguir para alguien que quiera dedicarse a este deporte como usted?

Entrar a un club de montañismo porque ahí tienen gente que saben más que tí y te pueden enseñar. A partid de ahí, dos cosas fundamentales: técnica y entrenar bastante, como cualquier deporte.

¿Cuál es su próximo desafío?

En el 2009 iré a los Himalayas acompañando a Edurne Pasabán, quien ha sido mi compañera en 6 expediciones. También buscaré un ocho mil, una vía y con quién voy a subir para en el 2010. Quiero subir un ocho mil por una vía nueva, por donde nadie antes. Un retaso, lindo reto

¿Qué le impulsa a seguir ascendiendo?

Lo mio es escalar montañas. Me gusta, me sale muy bien y aprendo mucho, entonces, ¿por qué no?

¿Hasta qué edad piensa seguir escalando?

Hasta los 80, mientras suba al Pichincha eso ya es ascender. Hasta que tenga fuerzas y disfrute de hacerlo.

¿Qué le ha enseñado el montañismo?

Es una escuela de vida. Una de las principales lecciones que he aprendido es a valorar las cosas pequeñas de la vida como salud, poder comer y pegarme una ducha todos los días. A 7000 m pierdes el apetito, vomitas lo poco que comes; el hecho de comer todos los días es una bendición. Otros valores aprendidos son el orden, la disciplina, descubrir el propio límite y a resignarse con humildad cuando ya no haya como seguir.

Por: Erika Astudillo / Universidad San Francisco de Quito


Sobre esta noticia

Autor:
Susy De Gordon (25 noticias)
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Tipo:
Entrevista
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