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La invasión del Siluro en los ríos de España plantean problemas sin solución. Está aquí para quedarse

23/11/2011 15:45

0 El Gobierno de Andalucía ha dado la voz de alarma: el Siluro está ya en el Guadalquivir con su voracidad y tamaño y pide erradicarlo. Pide un imposible

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El temor del gobierno de Andalucía es que el siluro -un voraz pez que llega a alcanzar los dos metros de largo y los 100 kilos de peso- se pueda extender por la cuenca del Guadalquivir y el resto de embalses de la comunidad. La Junta ha pedido a la fiscalía que investigue la introducción del siluro en la cuenca del Guadalquivir

Entre los pescadores y moradores del entorno del embalse cordobés de Iznájar se corrieron rumores desde hacía un par de años. Un extraño, bigotudo y enorme pez nadaba en las aguas del pantano. Los expertos sospechaban que se trataba del siluro, el pez de agua dulce de mayor tamaño que existe en Europa. Se confirmó hace varios meses, cuando fue pescada una pieza de 877, 5 gramos y 49 centímetros. Un equipo de la Consejería de Medio Ambiente solo tardó dos jornadas en dar con este ejemplar juvenil, lo que da una idea de lo extendido que puede estar este invasor en el embalse. "Que había siluros era un secreto a voces", reconoce Alejandro Ramos, uno de los pescadores que participó en la batida y miembro de la Asociación para la Conservación Piscícola y de los Ecosistemas Acuáticos del Sur (Acpes). "Ya es imposible erradicarlo", añade, pesimista.

Carlos Fernández-Delgado, catedrático de la Universidad de Córdoba, estima que la introducción del siluro en el embalse debió realizarse hace cuatro o cinco años. "Dado su tamaño y sus hábitos predadores, el siluro supone un riesgo elevado para la abundancia y supervivencia de peces nativos y otros vertebrados (anfibios, aves y pequeños mamíferos)" se indica en el informe elaborado para la Junta por Fernández-Delgado. "El curso medio y bajo del Guadalquivir se puede llenar de siluros", augura. Si llegara a extenderse por el bajo Guadalquivir podría dañar la reserva de pesca de la desembocadura del río, una de las zonas más importantes de cría y engorde de muchas especies comerciales.

Los peces exóticos amenazan los ríos.

En España, una de cada cuatro especies de agua dulce es introducida

Hay pocos ecosistemas tan frágiles como los ríos. Experimentos, sueltas ilegales y pescadores han provocado que la cuarta parte de los peces sean ya de origen extraño.

Poco a poco los animales exóticos están llegando a las aguas donde antes sólo había especies endémicas. Esto provoca que los cauces fluviales se incrementen cada año con nuevos peces introducidos que traen numerosos riesgos, entre los que destacan la alteración del hábitat de las especies autóctonas, la depredación sobre las mismas y, en algunos casos, la transmisión de enfermedades por medio de hongos y bacterias.

Este es un problema que sucede a nivel global, pero que tiene especial repercusión en ciertos lugares del planeta como América Latina o Europa. En el Cono Sur, y más concretamente en Chile, la acuicultura de salmónidos (trucha fario, trucha arcoiris, salmón atlántico, salmón chinnok o salvelino) ha traído consigo, desde finales del siglo XIX, una superpoblación de estos peces en toda la franja patagónica.

En el caso de España se han constatado al menos 26 nuevas especies de peces exóticos sobre las 70 que aproximadamente habitan ríos y estuarios de la Península Ibérica. Las posibilidades de erradicarlas en cualquier lugar del planeta son nulas.

Si lo extrapolamos a datos globales (incluyendo flora y fauna), La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) afirma que, desde hace siglos, la introducción de nuevas especies ha provocado la extinción del 39% de los seres vivos autóctonos de cada parte del globo. La conclusión más inmediata es que la riqueza natural está amenazada por inquilinos no deseados que vienen a sumarse a los males que de por sí aquejan a los ríos: contaminación, sobrepesca, embalses, minicentrales…

Concentrándonos en el problema del siluro

El siluro (Silurus glanis) es una especie de pez de agua dulce, de la familia Siluridae, orden de los Siluriformes originario de los grandes ríos de Europa Central.

El siluro es el mayor pez de aguas interiores de Europa, y uno de los más voluminosos de las aguas epicontinentales; puede alcanzar un gran tamaño en condiciones favorables, hasta 300 cm de longitud y 150 kg de peso, aunque no se haya registrado espécimen de semejante tamaño en más de 100 años, siendo mayor que el lucio (Esox lucius). El siluro más grande jamás pescado fue un enorme ejemplar adulto que llegó a medir 2, 78 metros de longitud y alcanzó un peso de 144 kg, ocurrió en el río Po (Italia).

Se trata de un pez bentónico, dotado de grandes barbas y de actividad nocturna. Aquí una pequeña explicación: lo que los americanos llaman el Channel Cat Fish, no es exactamente un siluro aunque ambos pertenecen al grupo de los Ictiluridos.

La traducción de Channel Catfish, es Siluro de Canal que pertenece a los Ictalúridos, y el Siluro como conocemos a los de Mequinenza y otros lugares pertenece a los Silúridos. Es ictiófago, aunque no rechaza otros vertebrados.

Aunque se han encontrado algunos culpables de la siembra de alevines son los propios pescadores los que en el fondo deseaban capturas espectaculares

El hábitat original de los siluros se extiende desde el Elba y el Doubs, en el este de Francia, del este y sudeste de Europa (con la excepción de la costa del Mediterráneo) y la cuenca del Aral en Turquía y Afganistán. En el sistema del río Rhin también es muy popular.

Ciertos fósiles, sin embargo, indican que la especie vivió antes también más al norte del Rhin y sus afluentes, llegando incluso al Mar del Norte. Además se encuentra en el Mar Caspio, así como en zonas de aguas salobres del Báltico y el Mar Negro.

Debido a la acuicultura y la pesca deportiva este animal se ha extendido fuera del área de distribución natural, llegando a países como España, Italia y Kazajistán. En los países del Benelux y en Francia fue reintroducida con éxito, incluso en áreas donde no se puede demostrar arqueológicamente. En el sur de la isla de Gran Bretaña, el siluro fue introducido en 1880 en los lagos y grandes ríos. Sin embargo, apenas pudo extenderse probablemente debido a las condiciones climáticas. En el sur de Finlandia, Dinamarca posiblemente fueron eliminados de nuevo. En algunas regiones donde el siluro no se mencionó al principio, es ahora considerado como una plaga, ya que pone en peligro las poblaciones de peces nativos.

Desde su introducción en el embalse de Mequinenza en 1974 - se ha extendido por otros puntos de la cuenca del Ebro, a lo largo del río Ebro y de sus afluentes, especialmente el río Segre. También ha sido objeto de introducciones ilegales llevadas a cabo por particulares en otros ríos, embalses y lagos de España. La última denuncia conocida sobre su presencia indeseada la hizo en octubre de 2009 la Consejería de Medio Ambiente de la Generalidad Valenciana y se refiere a la presencia de estos peces en el embalse de Forata (Hoya de Buñol).

"El Siluro es el invasor perfecto", según Luis Zamora, investigador del Instituto de Ecología Acuática de la Universidad de Girona.

Luis Zamora conoce bien el problema ya que formó parte del equipo de expertos que estudió durante cuatro años este animal y sabe de su capacidad para sobrevivir sin mucho oxígeno gracias a la elevada concentración de hemoglobina que tiene en la sangre. Pero, para que se produzca la invasión perfecta, se necesita que el hombre intervenga, como ha ocurrido en Iznájar y como ocurrió en su día en el río Segre, afluente del Ebro.

A diferencia de lo que ha pasado en el embalse cordobés, donde no se ha conseguido localizar al culpable, en el caso del Segre sí se sabe quien fue el responsable de que esta especie originaria del este de Europa y el oeste asiático acabara en la Península. El biólogo alemán Roland Lorkowsky fue quien introdujo en 1974 el siluro. Declaró haber soltado en el Segre 32 alevines procedentes del río Danubio. Posteriormente, fueron los aficionados a la pesca deportiva los que extendieron este pez al resto de la cuenca y al tramo bajo del Ebro, donde hoy abundan los siluros, que han supuesto una inyección económica para la ribera del Ebro, ya que ha incrementado el turismo, fundamentalmente, de Alemania e Inglaterra.

En lo que va de siglo se han localizado también ejemplares en la cuenca del Tajo. Andalucía es el último punto en el que se ha detectado esta especie.

Los pescadores como causa de las últimas introducciones

La posibilidad de capturar una especie distinta, más combativa o de mayores dimensiones, ha propiciado las últimas introducciones, no siempre legales en España. En 1949 llegó el lucio hasta Aranjuez (Madrid) con una partida de huevos desde Francia a cargo del entonces Servicio de Pesca Continental, Caza y Parques Naturales. Posteriormente, este pez ha provocado la desaparición de la trucha común autóctona en buena parte del norte del país.

En el pantano zaragozano de Mequinenza, fueron los soldados norteamericanos amantes de la pesca quienes lo introdujeron para poder practicar esta afición fuera de su país en los ratos de ocio que les dejaba su trabajo en la base de Zaragoza. A finales de los años 60 llegó el turno del hucho o salmón del Danubio, hoy presente en un tramo del río Tormes, y en los 70 comenzaron a capturarse ejemplares de otros peces no catalogados hasta entonces, como la perca y la lucioperca en Boadella (Gerona).

Otro invitado naturalmente es el siluro, el pez de agua dulce con mayores dimensiones en Europa. Un pescador alemán, cometiendo uno de los delitos ecológicos más graves que se conocen en los ríos, soltó varias decenas de alevines que han dado como resultado la expansión de este coloso por el Ebro, desde Ribarroja hasta más allá de la ciudad de Logroño. El siluro es el penúltimo de una lista que se incrementa cada año con sorpresas, como pirañas en puntos aislados y algunas especies de acuariofilia que se han conseguido aclimatar naturalmente.

Ecologistas en Acción ha reclamado a la Junta de Andalucía que prohíba la pesca en el Iznájar, algo que ha rechazado la Consejería de Medio Ambiente.

Por supuesto esperamos que no se intenten métodos salvajes para cortar la invasión del siluro una vez que esta es un hecho repetido en diversas partes de la geografía española. Ecologistas en acción y otras organizaciones ecológicas están atentos a no dejar el tema a gente sanguinaria.

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