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Internet, más que nunca antes, un derecho

08/09/2010 06:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Agua y electricidad. La primera es asunto que no valoramos aquí en el primer mundo. Sale por el grifo y no pagamos mucho por ella. ¿Por qué habíamos de preocuparnos? ¿A quién se la pagamos? Por esta parte del sur de Islandia a un Consorcio de Aguas que es ‘ una entidad pública cuyo objeto es la prestación integral de los servicios de abastecimiento y saneamiento de agua’ . La electricidad es otro asunto. Mercado libre con voraces ansias de ganar dinero. La bolsa siempre ha presentado a las eléctricas como valor seguro. Seguro para ganar dinero, se entiende.

En este segundo caso, el de la electricidad, lo privado y lo público conviven como pueden. A veces se llevan mejor, a veces peor, pero mantienen la apariencia. Hay un montón de dinero sobre la mesa porque este mundo no puede rodar sin electricidad. Y ahora, además, hay un nuevo El Dorado: las energías renovables. La Administración exige calidad suficiente de servicio, pero hace mucho tiempo que ahuecó el ala para que sean las empresas privadas quienes hagan caja. La factura de electricidad, en mi caso, es de Iberdrola. Y ya tengo mis peleas, no creáis.

Así que en este primer mundo agua y electricidad son ingredientes del cóctel de la calidad de vida. Pero en la medida en que el mundo se digitaliza, aparece un nuevo ingrediente: Internet. A las grandes compañías de telecomunicaciones se les hacen los ojos dólares al ver las posibilidades de facturación. Inmensas. Mercado exponencial, que crece y crece. No sólo por número de usuarios sino por volumen de tráfico. En un mundo que nos entra por los ojos y donde prima el espectáculo, el video es el rey. Y eso, hablando en bytes, es tráfico. Y eso es dinero.

¿Tiene sentido reclamar que Internet sea un derecho y que se rija por criterios de neutralidad? Más que un derecho es una necesidad. Y ya tenemos enemigos. Juan Varela, lúcido como siempre, te lo explica alto y claro. Telefónica y detrás de ella llegará el resto de la caballería. Porque Internet, para ese tipo de compañías, es un negocio, un inmenso negocio. Como lo es para Google o Microsoft. Las leyes de esas compañías están supeditadas a sus cuentas de resultados, al dinero que producen para repartirlo entre sus inversores. Ah… , ¿no sabías que son daños colaterales del capitalismo? ¡Qué bien que ahora tenemos capitalismo emocional, filantrópico y agradable a la vista y el oido!

Es una pelea importante. Porque el terreno que ocupa la información de dominio público está perdiendo hectáreas a pasos agigantados. La voracidad de las grandes compañías, aderezada con planes para salvar el mundo a través de su marketing de responsabilidad social corporativa, es tremenda. Su gigantismo exige ingresos. La primera cifra de la cuenta de resultados tiene que crecer. Internet es el negocio, el de hoy. Pero sobre todo, es el de mañana. Y a ellas no les va a temblar la mano para satisfacer a sus accionistas.

Más que nunca, el acceso a Internet -en condiciones suficientemente dignas- debe ser un derecho. Y a diferencia del agua o la electricidad, es un derecho acompañado, sin lugar a dudas, del derecho a la educación. Para saber qué hacer con Internet. Porque no valen los peces; hace falta la caña de pescar. Educación más que nunca.

¿Y a quién cabe exigirlo? Pues a la Administración, ¿no? Y si esta no responde, iniciativa ciudadana. Pero, claro, la Administración ya juega en terreno enemigo. Porque se ahueca cada día más. Porque la eficiencia está en lo privado -sueldos más bajos y precariedad son parte fundamental- y hacia allá han llevado los recursos. La Administración en buena parte está frente a la ciudadanía, no con ella. Pierde en la batalla de poner sobre la mesa derechos. Porque es esclava del poder económico. La subcontratación de servicios estimula la economía. Sigue la carrera.

Claro que habrá algún que otro intento -a nivel municipal- que será un canto del cisne. La moneda hace tiempo que cayó del lado malo. Tal como vamos, Internet es el gran negocio de los próximos años. Y veremos daños colaterales a los usuarios. ¿De qué sector están llenas de reclamaciones las oficinas de atención al consumidor? ¿Qué sector se lleva la palma con multas y más multas por incumplimiento de la ley orgánica de protección de datos personales? La Administración juega con su ridículo poder sancionador mientras que la partida real se juega en el lado de la regulación.

Pero ya estamos regulados. Por el código, que diría Lawrence Lessig. Por un código escrito por empresas privadas. Lo público no tiene crédito. La Administración juega con las mismas armas de lo privado: economía ante todo.


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blog.consultorartesano.com
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