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Insegura, en ayunas y sin ropa interior

29/12/2009 05:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Estaba escuchando el Canon de Pachelbel cuando me vi dibujada en el lienzo que me hizo Escudero hace años y recordé aquel día en que decidí que vivir una ansiedad positiva era la única manera de calmar una ansiedad negativa

Por eso, mientras esperaba los resultados del ginecólogo, fui al estudio de Pablo Escudero para que perpetuara mi torso desnudo en un lienzo.

Llegué insegura, en ayunas, sin ropa interior y con un chongo bien alto, así como él me lo solicitó. Sigo pensando que el té con frutillas con que me recibió tenía algo parecido a la tila, porque a pesar de todo lo que dijo yo me fui serenando.

—Éste es un proceso íntimo. Significa mucho para mí que la cita se haya concretado antes de que termine el año. Tu petición fue una señal. La última modelo que pinté murió dos meses después apuñalada justo donde le hice la herida. Después de ese episodio, he pintado sólo torsos muertos de maniquíes que no me inspiran. Ni un cuadro ha salido bueno desde entonces.

—¿Por qué aceptaste pintarme? —le pregunté yo.

—Por la forma como me lo solicitaste. Percibí un deseo más allá que simplemente un lienzo colmado de vanidad. También porque muero de ganas por estudiarte el torso, ver en vivo la caída de tus senos y por el apetito que me despierta tu piel. Yo trabajo así —dijo también que le daban miedo sus trazos, su locura cuando pinta—. Voy a engullirme tu cuerpo para después expelerlo en líneas y colores. El proceso terminará cuando hiera el lienzo, sólo así puedo sacarlo de mí. ¿Estás segura de que me quieres acompañar a todo eso?

Volví a ver sus ojos, sus labios y esas manos sucias de pintura y me oí decir: “Estoy segura”.

Subimos a su estudio. Era blanco y estaba lleno de torsos de esculturas de yeso, dibujos en carbón y maniquíes mutilados que inevitablemente me recordaron la película Ensayo de un crimen de Luis Buñuel.—Tómate tu tiempo —dijo procurándome una bata color hueso y señalando un biombo. Recuerdo que acaricié cada centímetro de mi cuerpo con aceite de almendras y que sentí la bola que vivía en mi seno y la acepté como una parte mía. En cualquier momento, llamarían a darme los resultados de la biopsa. “¿Qué mejor que me agarre acá?”, pensé convencida de que lo importante es la intensidad con la que se vive y no el tiempo.

Salí. Él traía puesta una máscara de plumas. Dejé mi celular cerca, por si llamaban.

Arriba del pedestal, Escudero señaló dos ligas gigantes y me pidió que me sujetara a ellas con fuerza.

—No voy a amarrarte, pero debes permanecer estática. Los intervalos serán de 20 minutos.

Me dio a respirar algo que me hizo alergia en los ojos y sin poderlo evitar me comenzaron a llorar. Respiré hondo para detener el llanto hasta que se me salió un fuerte sollozo. Sin moverme, me rompí en serio. Escudero no decía nada. Lloré por todos los miedos que me consumían, no quería irme todavía. Imaginé a mis hijas huérfanas, pero no por eso indefensas.

—Descansa —dijo anunciando el final del primer intervalo.

—¿Estás bien? ¿Quieres seguir?

—Claro que quiero —contesté escondiendo mi desnudez en la bata.

Volví al pedestal diez minutos después. Esta vez, mi mirada se conectó con la suya hasta que me di cuenta de que mi celular estaba parpadeando. De seguro era el resultado de la biopsia. Me distraje.

—No te muevas —gritó Pablo.

A pesar de que la premura me quemaba, me quedé quieta. Muchos minutos después, encontré tres llamadas perdidas y un mensaje: “La biopsia resultó negativa. Puedes estar tranquila.”

Recuerdo que Escudero se acercó para taparme con la bata y yo le salté a la yugular como pantera, le arranqué la camiseta y cual felino me lo comencé a devorar. Él me cargó de la cintura, me quiso dominar, pero estaba tan llena de mí, que tuvo que resignarse a que lo cabalgara y le di la cogida de su vida.


Sobre esta noticia

Autor:
Ariel (3892 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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