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Inflamación

23/05/2010 02:51

0 Conozca más sobre la respuesta defensiva del organismo ante un agente irritante o infectivo

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Cuando un tejido es dañado, por un golpe, por ejemplo, sus células liberan una sustancia llamada histamina, que produce la dilatación de los vasos sanguíneos y, por consiguiente, el aporte de grandes cantidades de sangre hacia el área afectada. Además, los tejidos inflamados liberan líquido intracelular, conocido como exudado inflamatorio, que puede acumularse infiltrando los tejidos y dificultando o imposibilitando el funcionamiento del órgano o de la región afectada.

SINTOMAS La presencia extra de sangre y de líquidos en el área afectada produce una tumefacción o hinchazón perceptibles con facilidad, al tiempo que el aumento del volumen sanguíneo provoca el enrojecimiento y la sensación de calor en la zona circundante.

El dolor de esa zona está causado por la presión sobre las terminaciones nerviosas ejercidas por la tumefacción, así como por la intensa estimulación o irritación de las terminaciones sensitivas, provocada por algunos de los componentes del exudado inflamatorio. Otras manifestaciones clínicas de las inflamaciones pueden ser la limitación funcional del órgano involucrado, por acción directa de los factores patógenos, la alteración de la circulación sanguínea en la zona o un cambio en el volumen del órgano afectado. Una inflamación puede afectar sólo una pequeña área del cuerpo, como cuando se produce un corte de un dedo, o bien todo el organismo, como en el caso de una afección reumática.

CAUSAS Las causas de las inflamaciones son muy numerosas y abarcan todos aquellos agentes que pueden ocasionar algún daño a los tejidos del organismo. Además, debe tenerse en cuenta las dolencias, por lo general crónicas, que pueden influir de una manera directa o indirecta en la propensión a sufrir inflamaciones, como la diabetes o la uricemia, entre otras. En algunas ocasiones se producen inflamaciones debido a que el cuerpo fabrica demasiados anticuerpos sin razón aparente; esto sucede en los casos de fiebre reumática entre los niños. También el organismo genera anticuerpos para luchar contra sustancias por lo común inofensivas, que causan ciertas reacciones originando una inflamación; esto sucede ante las alergias, como la fiebre del heno.

TRATAMIENTO El tipo de tratamiento que se debe aplicar ante una inflamación también está supeditado a las características de la zona afectada y a las causas que la hayan provocado. Las pequeñas heridas deben lavarse con agua y jabón, y mantenerse limpias mediante el uso de antisépticos y vendajes o apósitos estériles, para evitar una posible infección y la consiguiente inflamación que se puede producir. La aspirina y el paracetamol pueden reducir la mayoría de las inflamaciones y aliviar el dolor. Cuando la inflamación está causada por una infección bacteriana, como en el caso de una amigdalitis, es necesario un tratamiento con antibióticos. En el caso de producirse esguinces o estiramientos musculares, el dolor y la inflamación puede aliviarse mediante la aplicación de unas compresas frías acompañadas de reposo, y de la completa inmovilización del área afectada. Algunas inflamaciones pueden resultar peligrosas si afectan órganos vitales, como las vías respiratorias, por ejemplo, en los ataques de asma, debiendo ser tratadas con corticosteroides. Para los eccemas, así como para tratar otras inflamaciones crónicas de la piel, suelen administrarse corticosteroides en aplicación tópica.

Puede ser aguda o crónica

TIPOS DE INFLAMACION

Catarral: Abundante producción de moco y acumulación de leucocitos. Se presenta en las mucosas del intestino y de las vías respiratorias superiores.

Eritematosa: Predomina la hiperemia activa, o aumento de la cantidad de sangre circulante en un área o un órgano. Aparece con frecuencia en la piel o en las membranas mucosas, como resultado de la dilatación y la congestión de los vasos capilares superficiales. Un ejemplo de eritema es la quemadura solar leve.

Exudativa: Exudación de líquidos y otros materiales de las células y de los tejidos. Son los casos de inflamación de la pleura, o pleuresía, del peritoneo, o peritonitis, y del pericardio, o pericarditis.

Hemorrágica fibrinosa: Debida a la rotura de vasos sanguíneos, esta inflamación se caracteriza por la precipitación de fibrina, proteína que proporciona el carácter semisólido al coágulo sanguíneo. Afecta sobre todo los tejidos muy irrigados, como el pulmonar.

Necrotizante: Predomina el fenómeno de la necrosis o muerte de los tejidos afectados. Un ejemplo grave de este tipo de inflamación es la producida por la gangrena.

Productiva o hiperplástica: La hiperplasia es un aumento de número de células. Puede afectar, por ejemplo, las adenoides o vegetaciones, dificultando la respiración nasal. Es típica de las inflamaciones crónicas.

Purulenta: Abundante exudado inflamatorio rico en leucocitos, es decir pus, que si no se elimina de manera natural debe ser extraído.

FUENTE: Guía Médica Familiar

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