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"Industrial Zen" de John McLaughlin y el templo hinduista

27/02/2010 01:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el año 2006 llegó al público un sorpresivo trabajo de McLaughlin. Industrial Zen pretendió ser un álbum conceptual distribuido en ocho unidades temáticas, ocho temas de jazz y fusión engalanados con un trasfondo hinduista

En el año 2006 llegó al público un sorpresivo trabajo de McLaughlin. Industrial Zen pretendió ser un álbum conceptual distribuido en ocho unidades temáticas, ocho temas de jazz y fusión engalanados con un trasfondo hinduista.

Si acaso fuera de parte de DiMeola de quienes recibiéramos esta novedad discográfica, responderíamos al evento con una dosis de cauta desconfianza. No, en cambio, si de quien hablamos es de John McLaughlin. "Industrial Zen" no defrauda y en muchos momentos, sorprende gratamente.

El sociólogo y el poeta en el templo seleccionan McLaughlin en el estéreo.

S- Escuchar un disco de John McLaughlin siempre me será interesante. Recibí gratamente la noticia de este nuevo trabajo del guitarrista. Y no tiene más que unas semanas desde su lanzamiento. Por supuesto, el disco me ha gustado; aunque, naturalmente, no creo que más allá de esto pueda llegar a sorprendernos con alguna nueva manera de concertar el jazz, salvo, quizá, por la pista número 6. Fíjese los nombres que aparecen en este trabajo: Eric Johnson, Bill Evans, Zakir Hussain... ¿qué ocho piezas podrían componer sino las que nos disponen a oír un buen álbum? Seleccionémoslo, quisiera volver a oírlo para comentarlo con usted.

P- El sabor del whisky se deja llevar con el centro del Zen Industrial que nos propone John. Sabe que fue uno de los guitarristas más potentes durante los sesentas. La primera vez que me dejé seducir por su sonido fue con el álbum "In a Silent Way" del año 1969. La guitarra de John ejerce un puente entre el jazz tradicional y la fusión que se deja avizorar segundo a segundo en todo el álbum, el cual es uno de los mejores que propuso otro notable músico: Miles Davis; quien seleccionó a los instrumentistas en esa oportunidad. Después vinieron otros discos geniales como el inagotable "Briches Brew". Este disco, que es otra obra cumbre de Miles Davis, contiene una canción que se llama "John McLaughlin". El disco que se editó en 1970 significó, para los ortodoxos del jazz, una gratuita falta de respeto, y para el sello Columbia, el disco mas vendido de jazz de los sesentas. El período de tiempo con Miles Davis, le administró el reconocimiento suficiente como para editar discos con una banda que él formó y denominó "The Mahavishnu Orchestra". Pero voy a hablarle de un disco en particular antes de hablar de la "Mahavishnu Orchestra". Y usted pensará: pero qué atrevimiento el de dar una reseña tan exhaustiva; pero la música de John debía dispararse como en "Love Devotion Surrender", disco que se editó en el año 1973 en donde se deja llevar por la influencia hindú y es acompañado por Carlos Santana y Billy Cobham.

Este álbum deja de manifiesto que la técnica de John es ante todo espectral y espiritual. No se manifiesta el eufemismo que niega lo pasado con la modernidad. El titulo de su último álbum regula dos tiempos: por un lado la era de lo industrial o sea lo eléctrico en términos tecnológicos, y por el otro, la filosofía zen. Sabe, es un tema tan exuberante como poco transitado en nuestra cultura uruguaya. Tal vez podría extenderse al respecto. (Los dos se miran y ríen).

S- Absolutamente. Son justas y atinadas las referencias que usted me recuerda del McLaughlin que conocimos en décadas atrás; no menos lo es su última observación: el budismo es una filosofía de la que nadie en Uruguay tiene referencias más que por la vaciedad con que la manejan los espiritualistas de la nueva era. Diga New Age si lo prefiere. Vivimos en los límites de un país que bebe con exceso de otras fuentes, del marxismo por ejemplo, o del constructivismo y Jean-Paul Sartre; no, naturalmente, del budismo. No le molestará que me extienda en este punto.

P- No. Lo que dice es muy interesante.

S- Siento que esto podría esclarecernos el sentido de este álbum. Sabrá que Zen es la forma japonesa de pronunciar el término sánscrito dhyana, que designa un estado mental más o menos equivalente a la contemplación o la meditación, aunque sin el sentido estático y pasivo que estas palabras conllevan a veces; por eso, usted ve, no estamos oyendo un disco que responda con texturas musicales a estos estados del alma. Muy por el contrario, hay algo mimético, y antes que estático, extático en las ocho piezas de Industrial Zen. Es un disco muy agitado y que corre velozmente. La primera pieza, "For Jaco", es un evidente homenaje al desaparecido bajista. La propia canción podría pertenecer al repertorio de un disco de Pastorius: tiene el sonido jazzístico abigarrado y acelerado de la big band. A veces pareciera que el conjunto de músicos quisiera emular una máquina enajenada que va devorando cosas por una avenida. Este tono, como le dije, mimético, del álbum, siento que es fiel a la filosofía zen, la que coloca en primer plano a la acción humana tal como es y no lo que simboliza en el lenguaje. Es decir, y para que me entienda, desde esta escuela budista se supone que la explicación del mundo no agota la realidad, que lo que tengamos para decir del mundo no esclarecerá nuestra comprensión del ser humano, y antes bien, la falsea o la mitifica. Al final de camino, sólo nos queda la acción desnuda de interpretaciones.

Este álbum deja de manifiesto que la técnica de John es ante todo espectral y espiritual. No se manifiesta el eufemismo que niega lo pasado con la modernidad

El existencialismo, el marxismo, el constructivismo, interpretaciones que ha construido Europa, son por igual mitificaciones de la realidad. El budismo zen dirá que la mente no es un espejo, sino un vidrio. ¿Cuál es la diferencia? La imagen aparecida sobre el cristal de un espejo es una interpretación de la realidad; el marxismo, es un reflejo en el espejo. ¿Pero qué hay de Freud o algún ideólogo si se posara, no frente a un espejo, sino ante un vidrio, pongamos por caso una ventana: a través de él el hombre se toparía con la realidad misma y no con su propia fisonomía; es decir, el marxista y el analista dejarían de ver lucha de clases y represión del ello en el universo que contemplan. Por eso en el Zen es importante lo que ellos llaman indicación directa : señalar con el dedo un objeto, bailar en el escenario o representar un personaje: cualquiera de ellos son ejemplos de indicación directa. Uno no explica la forma simbólica de una silla o la emoción del odio: la señala con el dedo. Usted ve aquí el acto mismo, y no la interpretación científica, religiosa o moral del acto. ¿Qué pasa pues? Ocurre que la verdad hay que extraerla del universo de la acción, por eso Industrial Zen no tiene baladas ni tempos aletargados más allá de algunas excepciones, porque entonces McLaughlin nos estaría invitando a la meditación: todo el álbum es una interminable ejecución del acto. Ahora, creo que en este punto sería beneficiosa a nuestra experiencia volver a seleccionar el disco y renovar nuestra audiencia de Industrial Zen desde la primera pieza.

P- "For Jaco". En este tema la percusión es muy potente y el sintetizador sigue a la guitarra de manera abrupta.

S- Sí, es muy bueno el trabajo que realiza allí Gary Husband con el teclado. Es incisivo y se cuela por entre la cambiante melodía golpeando con un sonido puntilloso y expansivo. Me gusta cómo la velocidad con que se mueve el tema se disipa hacia los últimos treinta segundos, librándonos a la experiencia de oír como el bajo y la percusión se encargan de despedir reposadamente la pieza a Jaco, como despidiéndolo también a él.

P - Es un álbum poco recurrente en simplismos (pongamos como ejemplo los últimos once discos simplistas de Ruben Rada), y el simple hecho de homenajear a muertos y vivos como al Dalai Lama y a Michael Brecker lo transforma en un coloso. Estas dos figuras emblema, uno del legado de los grandes saxofonistas y el otro un hombre iluminado por el espíritu religioso filosófico son, si se quiere, dos paradigmas para John: el espíritu de su música es tan justo como una de las sinfonías sonoras de Frank Zappa.

S- Justamente, siento que la números seis, la que evoca a Dalai Lama, se convierte hacia el final del disco en la más conceptual del álbum. Son doce minutos de jazz en los cuales las tablas barrocas de Zakir Hussain otorgan el preciado color hindú a la extensa pieza. Podríamos estar ante la más penetrante de las ocho incluidas en "Industrial Zen". Este track lo había disfrutado mucho esta mañana. Hay tanto jazz tradicional, como fusión, jazz progresivo y música hindú en el collage que ha resultado ser "Dear Dalai Lama". Siento que cuando el guitarrista imaginaba la música que le despertaba en su mente la idea de un Zen Industrial, veníanle a ella los doce minutos de "Dear Dalai Lama".

P- Lo antes dicho no figura en ninguna crítica del momento. Tal vez convenga ser plural con los momentos que corren, pero recuerdo una frase de Arthur Schopenhauer: "La falta de capacidad de juzgar de la que me quejo se muestra también en el hecho de que en cada siglo se venera lo excelente de épocas anteriores, pero lo de la propia se malinterpreta y desconoce...". Sé que luego de esta nota no podré obviar las cartas mal escritas de los retrógrados de siempre, pero alimentan mi ego. Gracias por todo y anímense a escuchar este álbum, como sí se animan a alimentarse de la mediocridaaaaaaaaaaaaaaaaad.

S- ¿A quién le habla? Sólo usted y yo estamos en esta pieza.

P- Hmm. No esté tan seguro. Siento que muchos pueden estar oyéndonos.

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P: Marcelo López Diez

S: Leonardo Pittamiglio.


Sobre esta noticia

Autor:
Leonardo Pittamiglio (54 noticias)
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9522
Tipo:
Opinión
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Creative Commons License
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