Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Cristian Ortín escriba una noticia?

El increíble hombre menguante

10/05/2009 18:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Acaso existe lo infinito? ¿Lo ínfimo, tal vez?

 "El hombre menguante", una película de 1957 dirigida por Jack Arnold, tan sencillo y a la vez espléndido en todas sus películas, que puso en la pantalla una de las obras maestras de Richard Matheson (también escritor de "Soy leyenda"), con unos efectos especiales, en aquella época, sorprendentes y una entonación lírica adecuada. Os cuento por encima:

Scott Carey (un joven Grant Williams), mientras está de vacaciones con su mujer Louisa (Randy Stuart), queda sometido a una extraña niebla y poco después comprueba que se está haciendo más pequeño, que está menguando de alguna manera...

 No os contaré mucho más, merece la pena que la veáis entera. A partir de este momento comienzan a estar en juego muchas cosas y es difícil contener las preguntas que nos vienen a la cabeza. Es, en mi opinión, una película enteramente cartesiana. Intentaré explicarlo:

¿Qué era yo?[…] Tan cerca lo infinitesimal y lo infinito[...], lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran[...]

Scott queda atrapado en el sótano y se ve obligado a sobrevivir como puede y, debido a su tamaño cada vez más reducido, a enfrentarse a lo inmenso, todo un mundo. La época de Descartes se puede resumir con esa palabra: miedo a lo inmenso, a la nada: miedo a no saber. Hay un paralelismo entre las palabras grande e ignorancia, los dos términos van cogidos de la mano. La ignorancia es como el vacío, igual de enorme; y Scott lo sabe. Además me gustaría destacar cuáles son las tres primeras cosas que el protagonista hace cuando está solo en la oscuridad del sótano: proporcionarse una fuente de agua, buscar refugio y encontrar comida, además de fabricarse un arma con ayuda de los alfileres. Creo que los lectores de Thoreau estarán de acuerdo conmigo en el parecido con "Walden". Por último y lo más importante de todo, su enfrentamiento con la araña. Un enfrentamiento que no se produce por razonamiento, sino por instinto, como si se tratara de un animal más, era una lucha por la supervivencia…

 El final es estremecedor. La última reflexión de Scott es la mayor similitud con Descartes, es la pregunta cartesiana por excelencia: ¿Qué era yo?[…] Tan cerca lo infinitesimal y lo infinito[...], lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran[...], en ese mismo instante supe la respuesta del infinito. Yo había pensado en términos humanos, pues que la existencia comienza y finaliza es fruto de la concepción humana, no de la naturaleza.[...]Toda aquella majestuosidad de la creación debía significar algo, y entonces yo comprendí algo también[...]¡Existo!

Merecía la pena citar estas palabras. No importa ya la "res extensa" (materia), sólo importa la "res cogitan" (conciencia). Descartes llega a decir en su discurso del método: “podría existir sin ni siquiera tener cuerpo” porque puede pensar sin él. Scott era la nada, pero la nada no existe porque él tenía un significado: "pienso, luego existo".


Sobre esta noticia

Autor:
Cristian Ortín (5 noticias)
Visitas:
6526
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.