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Impuestos a la carta

03/09/2009 21:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Más impuestos para financiar más gasto del socialismo del siglo XXI

Está por aprobarse la tercera reforma tributaria del socialismo del siglo XXI, con la misma orientación de las dos reformas anteriores: más impuestos para financiar el descomunal gasto público. Con explicaciones para todos los gustos y algunos recursos emocionales, el Presidente trató de justificar las bondades del arbitrario paquete tributario del 2009. Lo logró entre los beneficiarios de los incentivos tributarios.

En medio de la recesión económica nacional la dialéctica presidencial no sirvió para persuadir a la gran mayoría de ecuatorianos inconforme con el hecho que los anuncios realizados desde Carondelet y las consecuentes medidas legislativas adoptadas en el Palacio Legislativo siempre tengan el mismo sustento político: “todos los contribuyentes deben pagar más impuestos para sostener el proyecto ciudadano del cambio”.

En los dos últimos años y medio ha crecido el tamaño del Estado y ha aumentado el gasto público, mientras se ha reducido el espacio de la economía privada. En efecto, se ha triplicado el número de ministerios y subsecretarías. Han subido exponencialmente las remuneraciones de cierta burocracia privilegiada. Se ha adquirido casi todo el armamento militar que no pudo comprarse en la última década. Se han contratado, sin la debida priorización, obras en algunos rincones del País, bajo el amparo de discrecionales emergencias. Sería interminable la enumeración de los rubros del gasto público del que pudo haberse prescindido si hubiera existido austeridad fiscal. Con exclusión de ciertos gastos justificados en salud, educación, vivienda e infraestructura, los demás gastos no fueron, en general, otra cosa que gasto público improductivo.

¿A qué costo ha crecido el Estado socialista?. Ante la imposibilidad que se impriman billetes en una economía dolarizada como la ecuatoriana, el Gobierno recurrió a la deuda pública tanto interna como externa. Entre diciembre del 2008 y agosto del 2009, la deuda adquirida con el IESS, el FLAR y China bordeó los 3500 millones de dólares. Al no ser suficientes los ingresos por endeudamiento, el equipo gobernante tomó el camino de elevar los impuestos. El fisco espera recaudar del bolsillo de los ecuatorianos, en los próximos dos años, alrededor de 650 millones de dólares, con la tercera reforma tributaria.

Los ecuatorianos no debieran consternarse si, al final, los costos de la aventura socialista fueran esas deudas y esos impuestos incrementados. En otras palabras, si en ese punto se detuvieran los endeudamientos y los sacrificios tributarios. Desafortunadamente, no habiendo por parte del gobierno la voluntad de bajar el gasto, lo más probable es que se siga repitiendo la historia de la deuda pública y de los aumentos impositivos, hasta el extremo de ahogar a los contribuyentes y desestimular a los emprendedores. Al nuevo empresario, la presión tributaria, como dice Hayek, “le impide acumular capital y desarrollar convenientemente sus negocios, pues, jamás podrá convertirse en un gran comerciante o industrial y luchar denodadamente contra la rutina y los viejos hábitos”.

Las cargas tributarias desproporcionadas descapitalizan a los ciudadanos y les impiden acumular activos para ser empresarios que toman riesgos

En un entorno estatista, con altas cargas tributarias, la economía privada, donde funciona el mercado real, termina por debilitarse, dejándoles sin instrumentos para competir y sobrevivir a los empresarios de verdad, esto es, a aquellos que operan en el mercado, sin tutelas ni apoyos estatales, como ocurre con casi todos los pequeños y medianos empresarios y unos pocos grandes. En esas condiciones les va bien únicamente a los empresarios vinculados al Estado, con capacidad para conectarse con el poder político, pues, ellos y sólo ellos tienen la posibilidad de obtener negocios seguros y jugosas ganancias, a sabiendas que, después de todo, el socialismo mercantilista es primo hermano del capitalismo mercantilista.

El Estado ecuatoriano ha crecido, estos últimos 30 meses, gracias a los ingentes ingresos petroleros, al mayor endeudamiento público y a los aumentos de impuestos, a costa de la economía privada que ha dejado de ser, inclusive por mandato de la Constitución de Montecristi, el motor de la economía nacional y la gran generadora de empleo. El peso del Estado en la economía nacional bordea el 55%.

El desarrollo exponencial del Estado no se ha reflejado en mejores niveles de seguridad ni de bienestar humano. La delincuencia se mantiene como un problema insoluble y los pobres han perdido la oportunidad de abandonar la pobreza. Venezuela es el mejor ejemplo de la tragedia ocasionada por el estatismo.

El paquete tributario, enviado a la Asamblea Legislativa, sube los impuestos a la salida de capitales y a la renta, grava nuevos productos con el IVA y el ICE, convierte anticipos en impuestos, castiga las ganancias de capital y concede incentivos selectivos únicamente al turismo, a la artesanía y a determinadas reinversiones. En definitiva, desalienta la inversión y la producción y les recuerda a los ecuatorianos que, en la era del sumak kawsay, el Estado es el beneficiario del progreso y el dispensador de favores, sin que importe que el contribuyente tenga menos dinero en su bolsillo para gastarlo e invertirlo a su entera libertad.

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Autor:
Luis Fernando Torres (78 noticias)
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