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La ideología del Fondo Monetario Internacional continúa siendo exactamente la misma

10/11/2010 23:22 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los encargados de instrumentar los preceptos del “Consenso de Washington” priorizaron al sector financiero y relegaron al sector productivo

Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar

En una entrevista concedida al diario Buenos Aires Económico (BAE), la presidenta del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Mercedes Marcó del Pont, declaró ayer que la ideología y la política del Fondo Monetario Internacional no se ha modificado, pese a los cambios económicos ocurridos en el mundo, en estos últimos 15 o 20 años.

La autoridad económica declaró textualmente que :

“Si bien ahora a algunos países emergentes más poderosos como Brasil y China se les dio algún aumento en la participación del directorio del FMI, evidentemente la parte del león, en términos de representación, la siguen teniendo los países desarrollados. Estos países están sobrerrepresentados en función de lo que representan hoy dentro del crecimiento mundial. Yo, después de participar en distintas reuniones del Fondo Monetario no me hago ninguna ilusión de que vayan a modificar su forma de pensar la realidad económica y de proponer y condicionar en función de los préstamos que otorgan. Eso está clarísimo: no cambiaron una coma de lo que son sus recomendaciones y de su visión tradicional. En ese sentido, la postura de los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina de decir ‘Nosotros no necesitamos tomar deuda’ es una política de Estado que despliega todas las posibilidades de la política soberana de la Argentina”.

A continuación, el periodista le preguntó ¿Y cuál es el planteo argentino al respecto?

Y esta fue su respuesta:

“Nosotros lo estamos planteando en todos los foros y de manera coordinada, con muchos países y buscamos consenso, aunque la voz cantante la siguen teniendo los países centrales y no creo que haya que hacerse demasiadas ilusiones. Sabemos que cuando nos dicen que no es bueno que los países sostengan su tipo de cambio, que no estaría mal visto que dejaran apreciar sus monedas, sabemos que nos están pidiendo la receta de siempre, para que en todo caso sean más competitivos sus productos en nuestro propio mercado. No nos hagamos ilusiones”.

Ha transcurrido un período de tiempo significativo desde la nefasta –en términos económicos- década de los 90. En ese entonces, predominaba la doctrina rectora del denominado “Consenso de Washington” que partiendo desde el centro mismo del sitio en el que se generan los grandes lineamientos ideológicos (esto es, Estados Unidos de América), logró imponer en numerosas naciones del mundo (entre ellas Argentina) un plan abarcativo que consistió en embretar los gobiernos nacionales dentro de parámetros macro-económicos rígidos e inflexibles, y a su vez, en unificar a las administraciones de los países dentro de ese círculo todopoderoso llamado “globalización”.

Los encargados de instrumentar los preceptos del “Consenso de Washington” priorizaron al sector financiero y relegaron al sector productivo. Y le concedieron, además, un papel protagónico en la gestiones de gobierno a los economistas –que no se caracterizan precisamente por sus magnánimas inquietudes sociales-, confinando a un discreto segundo plano a la política –y a los políticos-, como herramienta transformadora de la realidad.

Este modelo siempre consideró que lo más importante era mantener las cuentas fiscales en perfecto orden, exigía equilibrio o superávit fiscal, jamás déficit. No importaba que el sector productivo se resquebrajara, no importaba que los puestos de empleo se redujesen o que innumerables industrias colapsaran. Lo realmente relevante era mantener las cuentas prolijas, “del resto se encargará el mercado”…Así la imposición de los planes de ajuste viajaba a través de un camino directo desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos internacionales de crédito, hasta nuestros países.

Esto es lo que afirmaba, en esos días de la década del 90, el notable pensador y profesor Mario Bunge.

“En este momento la dictadura de las decisiones está monopolizada por los economistas. Y éstos no son expertos en cuestiones sociales. Ese es un gran engaño. Los economistas no estudian sociología ni antropología ni politología. Sin embargo, tienen el monopolio, acá en Argentina, y en todo el mundo, no sólo de la política macroeconómica, sino también del resto de las actividades humanas. Ellos son los que dicen qué hospitales o escuelas hay que cerrar, porque quieren ahorrar, y no se dan cuenta de que eso, a la larga, perjudica a la economía, porque la gente enferma o maleducada no puede contribuir a la economía: al contrario, son una carga para el Estado. Esta es la visión mezquina del ignorante, típica de los neoliberales” (reportaje publicado por el diario Clarín el 30-05-1999).

Como se dice habitualmente, “mucho agua ha corrido debajo del puente” desde entonces (por ejemplo, una enorme crisis financiera originada en el mismo Estados Unidos, en octubre de 2008), sin embargo, sus teóricos siguen considerando que lo más importante es cuidar la solidez y salud de las cuentas públicas. Argumentan que de generar producción y riqueza, de crear puestos de empleo, de fortalecer la infraestructura industrial, se ocupará el mercado…

No es así, la realidad mostró que no es así. Mostró que para pergeñar un sistema económico sano y equilibrado (esto es que no haya abuso de los poderosos), la participación del Estado y de los legítimos representantes del pueblo resulta esencial.

Entérense señores…


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