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ICG pide una solución al conflicto en la región yemení de Saada, que amenaza con desestabilizar el país

31/05/2009 17:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde hace cuatro años se está desarrollando una guerra intermitente en el gobernorado de Saada, en el norte de Yemen. Se trata de un conflicto escasamente recogido por los medios de comunicación, pero que desde su estallido se ha cobrado la vida de más de 4.000 personas hasta la declaración de tregua formulada el pasado 17 de julio.

Aprovechando la calma aparente, el grupo de analistas International Crisis Group (ICG) pide a las partes implicadas que cimenten el alto el fuego y hagan gala de la proverbial capacidad negociadora de los yemeníes para mantener la estabilidad en el país.

Para ICG, la tregua alcanzada entre el Gobierno y los rebeldes huthis es "frágil" y cualquier ruptura del acuerdo podría terminar de descarrilar el país, de por sí bastante afectado por la crisis económica internacional. Además, el grupo advierte que un nuevo conflicto podría amenazar con extenderse a más allá de las fronteras del país árabe, vecino de Arabia Saudí.

"El país debería hacer uso de sus instrumentos tradicionales, entre ellos la tolerancia religiosa y la capacidad de negociación entre los adversarios, para forjar un nuevo acuerdo de paz que elimine la estigmatización sectaria", declaró el subdirector del Programa de ICG para Oriente Próximo y Norte de África, Joost Hiltermann. "Los actores internacionales", añadió, "deberían emplear su influencia para facilitar el compromiso entre los rebeldes y el Gobierno".

ORÍGENES

La guerra comenzó como una operación cuasipolicial para arrestar a un antiguo miembro del Parlamento, Husein al Huthi. Esta operación fue el detonante de muchas tensiones subterráneas en la sociedad yemení y el inicio de un conflicto que con el paso del tiempo se ha vuelto cada vez más complejo y con nuevos matices. A cada muerte y a cada cruce de acusaciones, el conflicto se enquistaba más y más, llegando a implicar a otros actores regionales que permanecían expectantes ante lo que parecía una situación de guerra fría en la región.

El conflicto terminó por violar los dos pilares fundamentales de la estabilidad en Yemen: una fórmula política basada en un Gobierno de poder compartido y la convergencia gradual de las dos principales confesiones religiosas del país, el Zaydismo chií y el Sunismo Shafei.

Ahora, ICG lamenta el fracaso registrado a la hora de gestionar el pluralismo religioso en el país, la falta de inversión en bastiones zaydistas como Saada, la permeabilidad del país a influencias externas y la aparición de actores internacionales, como Arabia Saudí e Irán que han terminado por modelar el conflicto tal y como se entiende hoy día.

En realidad, la distancia entre ambas confesiones no es tanta, pero los grupos extremistas zaydi, entre los que se incluyen los huthis, han intentado "proteger" su tradición de la influencia del Sunismo Shafei y de los Salafistas saudíes.

La dimensión internacional del conflicto es "difícil" de evaluar. El Gobierno acusa a los rebeldes de guardar lealtad a Irán y al grupo chií libanés Hezbolá, mientras que los líderes huthi denuncian que Estados Unidos y Arabia Saudí se están inmiscuyendo en el conflicto al financiar a las autoridades yemeníes.

El ICG denuncia el comportamiento entre ambas partes. "Por parte del Gobierno, la destrucción de pueblos enteros y de su infraestructura por los bombardeos aéreos y la acción militar y policial indiscriminada", declaró el informe del grupo. "Por otro lado, los rebeldes alimentan la agresividad del Gobierno cometiendo actos brutales de violencia, robos y asesinatos", añade.

También hay que tener en cuenta a las milicias tribales que pueden operar con cualquiera de los dos bandos. "Inflaman el conflicto y contribuyen a su existencia", explica el ICG.

El conflicto se ha perpetuado a sí mismo, y ha dado lugar a una guerra económica entre tribus, militares y funcionarios, cada uno de los cuales lucha por el control de la frontera con Arabia Saudí y con la costa del mar rojo. "Los líderes tribales y los funcionarios del estado han amasado beneficios enormes procedentes de la venta ilegal de los arsenales del Ejército, con o sin la aprobación del Gobierno y sin posibilidad de que se realicen investigaciones independientes para esclarecer estos sucesos.

La ayuda internacional es mínima. "Aunque hay unas pocas excepciones, la comunidad internacional no ha reconocido el potencial desestabilizador del conflicto de Saada, ni se ha presionado al Gobierno yemení para que cambie su línea de acción", asegura el ICG. Este comportamiento se debe al estrecho enfoque de occidente sobre la existencia de Yemen, al que ve simplemente como un elemento más en la lucha contra Al Qaeda, sin tener en cuenta sus conflictos internos. La misma estrechez mental de las autoridades yemeníes, que se han limitado a considerar a todos los huthis como un producto de la llamada Guerra contra el Terror.

El alto el fuego declarado unilateralmente por el Gobierno yemení es más "una pausa que un final", advirtió el grupo, citando la opinión de observadores internacionales que anticipan un "rebrote de la violencia". Prueba de ello son los enfrentamientos aislados que han tenido lugar en Yemen a principios de año con motivo de las elecciones locales. Tampoco hay un acuerdo claro entre los partidos, y los numerosos conflictos y tensiones entre ambos bandos siguen sin recibir la atención necesaria. "La mediación interna ha fracasado, como también ha fallado la bienintencionada propuesta de paz qatarí", lamentó el grupo.

ICG, no obstante, mantiene la esperanza. "La reanudación de las hostilidades no es un resultado cantado", explica el informe del grupo de expertos. "Los actores locales, nacionales e internacionales pueden hacer grandes cosas para garantizar una paz duradera", apuntó el grupo.

"Es necesaria la participación de todos para evitar el conflicto", indicó el director del Programa de ICG para Oriente Próximo y Norte de África, Robert Malley, que advirtió no obstante de que "el conflicto en Saada se diferencia del resto de hostilidades registradas en Yemen en duración, intensidad, número de víctimas, estigmatización sectaria y dimensión regional".

"Será necesario mucho más que un vago esfuerzo doméstico e internacional para poner fin a este conflicto", concluyó Malley.


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