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¡Huy!

04/11/2010 19:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para el hombre el mundo no se mueve tan lento como para una mosca, ni tan rápido como para un elefante. Además, la percepción del tiempo cambia en función del ánimo, según mecanismos no muy conocidos

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Durante un terremoto dicen que el tiempo se alarga.

Parece que la percepción del tiempo es algo así como las ondas en un estanque. Es decir, que cuando tratamos de estimar el tiempo que hace de algo, lo que hacemos es calcular intuitivamente la cantidad de cosas que han ocurrido desde ese algo hasta el momento presente. Cuando hace poco tiempo, recordaremos los días recientes, más o menos monótonos, de la semana. Si hace más tiempo, habrán ocurrido cosas más importantes, y diremos, joder si hace tiempo, que ni siquiera había yo conocido a Mari Pili.

Estoy generalizando un poco. Hay una percepción del tiempo en el corto plazo y otra en el largo plazo. Pero el principio intuitivo por el que conscientemente podemos estimar el tiempo transcurrido es a grandes rasgos el arriba descrito. Luego hay una serie de ritmos inconscientes, biológicos, tremendamente exactos, que proceden evolutivamente de aquel día en que fuimos poco más que una celulita flotando en la sopa primigenia del océano original. Estos ritmos se sincronizan con la luna y el sol.

Entonces, la percepción del tiempo depende, digamos de la frecuencia con que mandamos impulsos al exterior para asimilar estímulos. ¿No te ha pasado que, buscando en un libro el lugar por el que ibas leyendo, si miras lo que está apenas una página atrás, te da la impresión de que hace un siglo que ya habías pasado por eso? Desde que pasaste por allí, tu cabeza te ha contado miles de otras pequeñas cosas.

Supongo que por el mismo principio de que la percepción del tiempo depende de la frecuencia de impulsos, cada especie animal tendrá una frecuencia distinta, como si fueran ordenadores con distinta potencia de procesador. Aquí los más rápidos son los más pequeños. Bien es verdad que el volumen de información que manejan es mucho menor que en nuestro caso. Una mosca percibe nuestro movimiento como el de un gigante legendario semi-vegetal. Lo que no impide que, si jugamos bien nuestras cartas, esto sólo le sirva a la mosca para prever con mucha más antelación su final. El elefante nos ve a nosotros casi como a moscas, pero recuerda a la perfección cada detalle de su vida, porque procesa miles de sensaciones, y es, a fin de cuentas, un ser más espiritual y humano que el propio hombre.

El caso extremo sería el de aquellos testimonios de personas que afirmaron ver como sus vidas pasaban por delante de sus ojos

Por esto mismo de que el tiempo pasa con velocidad inversa a la frecuencia con que nosotros ‘preguntamos’ al mundo qué hay ahí, es lógico que las situaciones más alarmantes, donde la adrenalina nos proporciona un efecto turbo, y nuestros sentidos se tensan hasta la pura animalidad, nos resulten más prolongadas de lo habitual. El caso extremo sería el de aquellos testimonios de personas que afirmaron ver como sus vidas pasaban por delante de sus ojos, en un momento determinado, presumiblemente cuando fueron conscientes de que, como la mosca, no tenían salida. Me pregunto si hay en ello algo más que la pura ralentización de la percepción del tiempo. Es posible que, según qué casos, entre en juego la culpa, y también un intenso esfuerzo para tomar conciencia.

Los que estudian el desarrollo del cerebro y del aprendizaje, han definido lo que llaman ‘situación huy’ como aquella en que nos damos cuenta de que hemos cometido un error y, mediante el arrepentimiento, grabamos a fuego en nuestra mente lo que nunca más vamos a hacer. Digamos que es el momento en que uno escarmienta en cabeza propia, ya que hacerlo en ajena es causa perdida.

Cuando la situación huy consiste en huy, no tenía que haber adelantado en una curva, voy a chocar a cien por hora contra ese camión, quién sabe qué misteriosos mecanismos del cerebro se disparan sólo en ese momento. Probablemente nunca lo sabremos. Aunque también a veces, inexplicablemente, la mosca se nos escapa.

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