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Hungría, infierno y paraíso

05/08/2010 23:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No, señores apasionados del deporte del motor. La expansión al Este de la F1 no empezó con un Tilkódromo en Malasia. Quizá algunos no lo podamos recordar, pero hubo cosas peores que el ataque de los clones venidos de la Galaxia Tilke. Tan peores que se ignora la identidad de su diseñador, al igual que la de su padre. El verdadero primer paso hacia lugares exóticos, cual Alejandro Magno, fue éste, el Hungaroring -descontando Japón, un país automovilísticamente potente desde la Segunda Guerra Mundial del que no sorprende que pronto acabara teniendo Gran Premio-.

Pero si éste fue el primer paso, una de dos, o se dio con el pie izquierdo al ir a levantarse, o fue como el que das cuando sales de la ducha de la playa y aún tienes un trecho hasta reencontrarte con tus chanclas -por eso es mejor no quitártelas-. Porque por lo que al trazado respecta, el Hungaroring es un grano pero no de arena, sino que ya te diré yo de dónde. Hay quien dice que lo diseñó el mismísimo Diablo, pero yo les voy a explicar que nada más lejos de la realidad.

Porque puede que, de puro insufrible que es el circuito, el Gran Premio de Hungría bloquee el Google Earth cada vez que el programa intenta reproducirlo, hasta tal punto que los responsables del gigante informático se están planteando cubrirlo igual que hacen con las instalaciones militares. También puede que sea cierto eso de que algunos pilotos, entre eso y el calor, pierden la noción del espacio y llegan a sentir que sólo están dando vueltas sobre sí mismos, cual pescadilla que se muerde la cola. Y sin embargo... Hungría tiene un índice de momentazos sin parangón en el campeonato.

2006 al margen, sobran dedos de una mano para contar los adelantamientos memorables que hemos visto en este circuito. Pero ¿quién necesita adelantamientos? ¡Esto es la F1! En esta competición las cosas más memorables están en una pantalla con números verdes, violetas, amarillos... Justo como en 1998, para muchos la mejor carrera de la histoira de un tal Michael Schumacher. Ojalá ese tío volviera a coger el casco y se enfrentara a los Vettel y los Hamilton, ¿eh? Qué máquina era... Sencillamente, ese año hizo lo imposible: Recortar una eternidad a los dos coches plateados y dejarlos con un palmo de narices. Imaginémoslo los que no lo vimos: Una carrera procesional como tantas, con el tercero a un mogollón de segundos, con toda esperanza de ver un espectáculo perdida... Y de repente, ¡zas! A base de manos y pies.

Por eso creo que el Diablo no fue el diseñador, sino la otra parte de un pacto con el que consiguieron compensar un saco de curvas paupérrimo con giros -argumentales- dignos del mejor guionista. Así fue sobre todo en los últimos tiempos: Follón McLaren en 2007 -a veces las cosas memorables están en tabloides con letras violetas, verdes, amarillas...-; rotura de Massa, pinchazo de Hamilton, victoria de Kovalainen en 2008; intento de lapidar a Massa en 2009...

La historia dice que, por muy cómodo que vayas liderando la carrera, la bofetada te puede venir en cualquier momento en el Hungaroring. Es un enclave mágico a su manera, no como Spa ni como Monza, sino mágico en el sentido más desafiante a la realidad de la palabra, el sentido de sucesos extraordinarios. Por eso recomiendo mirar las 70 vueltas el domingo y preguntarse cada minuto con 20 segundos si será ese el que empieza el giro del giro-argumental-. Que sí, que sí, que os quedéis hasta la última. ¿O no, Mr. Hill?

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Sobre esta noticia

Autor:
Zeptem (399 noticias)
Fuente:
zeptem.com
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Tipo:
Reportaje
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